Me siento realizado

1 noviembre 2009

Entrevista03

Texto: JUANJO M. / Reportaje gráfico: RAFAEL HERRERO. Madrid.

Al sentarse en una cafetería, Diego (Valencia, 1974) está haciendo varias cosas para las que probablemente haya perdido la costumbre: no carga con una mochila de entre 12 y 14 kilos; no tiene que regatear el precio de la cerveza; y está en Madrid, España, donde el ritmo de la ciudad le resulta extraño después de recorrerse media Asia, de Tailandia a Camboya, pasando por India, Indonesia, Laos, Malasia, Nepal o Singapur. Esta es la factura: el viaje ha costado unos 8.000 euros, unos cuantos kilos perdidos, bastantes sudores, y muchas, cuenta, emociones compartidas con otros viajeros.

P. Nueve meses después, llegas al aeropuerto de Barajas. Entonces…
R. Lo primero que pienso al volver a casa es en ver a la familia, en que me estaban esperando. Pienso en que alguien me espera en el aeropuerto, en que hay un coche de verdad, en que no me tengo que pelear para llegar a casa, en que no tengo que buscar alojamiento…fue mucha relajación con respecto a la tensión del viaje y el buscarme la vida cada día. Ahora estoy más tranquilo.

P. ¿Cuántas veces te han preguntado por qué? ¿Por qué este viaje? ¿Por qué ahora? ¿Por qué hasta allí?
R. Continuamente. Creo que parte de mi familia y de mis amigos, simplemente, no lo entienden, y lo consideran una locura. Los viajeros se pueden clasificar en los que buscan algo o huyen de algo y los que simplemente viajan por placer. Están los que viajan porque quieren y los que huyen de malas épocas en casa, por salir de una depresión, porque están insatisfechos con la vida que llevan… yo estaba en un momento muy bueno, de familia, de amigos y de trabajo.

P. Y aún así, te marchaste.
R. Como inversión es una mala inversión, sin duda, desde el punto de vista financiero. Desde el personal, de lo que a uno le aporta, no tiene precio, vale muchísimo más que lo invertido. Me he sentido muy realizado, porque es una idea que traía desde hace muchos años y a la que siempre veía alguna pega. Le he dado forma y ha salido un viaje largo, improvisando y cambiando de ruta. Me apetecía muchísimo hacerlo y no quería que pasaran muchos años más: ahora tengo la fuerza física y no tengo ataduras familiares.

P. ¿Por qué esta vez no había pegas?
R. Porque sabía que tenía cierto dinero en el banco, que ya había hecho un viaje similar, de sólo un mes, a Vietnam, en 2007, y ya conocía a gente que lo había hecho.

P. Así que las probabilidades de morir en el intento…
R. Eran bajas, sí.

P. Durante el viaje, ¿ha habido más gente que te haya intentado ayudar o que te haya intentado engañar?
R. Ha habido más gente que me ha intentado engañar. Si por engañar entendemos sacarme el dinero, por supuesto. La cara de dólar la lleva uno puesta siempre por ser occidental. Algunos de ellos ven un saco de dólares andantes: no distinguen al que viene con un presupuesto de 500 dólares al mes del que viene tres semanas y se gasta 4.000 euros. Son todo blancos, occidentales, que vienen con mucho dinero. Una cosa muy desagradable: me han ofrecido muchísimas drogas. El mochilero, en general, no es putero, pero sí hay algunos a los que les gusta consumir drogas.

P. ¿Quién te ha marcado?
R. Patricia y Romain, principalmente. Nos hemos entendido muy bien. También estuve con Max y Látigo, que son Rafa y Marcelo, dos madrileños con los que coincidí en Laos y Camboya. Los sentí muy cercanos. La semana pasada me encontré con un e-mail de la familia de Marcelo diciéndome que había muerto y convocándome a su funeral. Yo no sabía nada. Pude ir y ver a Rafa: le habían encontrado un melanoma a finales de abril, al poco de volver a Madrid, y a mediados de septiembre murió. Ha sido una experiencia dura. Marcelo tenía el sueño de hacer el viaje…

Entrevista02

P. ¿Qué has aprendido?
R. Me he dado cuenta de que me gusta escribir. Hasta ahora no lo sabía. El viaje me ha aportado mucha seguridad en mí mismo, tranquilidad y menos prisas.

P. ¿Y te has sorprendido contigo mismo?
R. Físicamente, quizás sí, por adaptarme a sitios diferentes, andar mucho, con algunos trekkings muy duros, y por dormir en sitios malos y seguir al día siguiente. En el norte de India hubo trekkings que fueron una prueba de superación, en parte física pero también con una gran dureza mental, por el esfuerzo de seguir adelante, de creer que uno puede seguir. Con uno de ellos, al final, no pude.

P. Habría días en los que te dijeras… ¡quién me mandaría meterme en esto!
R. Para nada. He tenido días más cansados, pero siempre lo he tenido claro. Al principio de Indonesia estaba un poco más desanimado, más débil físicamente…

P. ¿Ha habido algún momento más asqueroso que el templo de las ratas?
R. Probablemente, sí. Nunca he querido publicar las fotos, ni siquiera hacerlas… pero algunos váteres y algunos olores de India. Al llegar fuimos con un taxista que estaba realmente loco, pitando y en contradirección. Cuando llegamos al barrio en el que estaba el hotel, la calle estaba sin asfaltar, había muchísimas vacas y cuando llegó a una calle vacía, en medio de la oscuridad, nos dijo: ‘Ahí está el hotel’. Yo no me quería bajar del coche, porque no veía el hotel. Nos acompañó a una calle a la vuelta de la esquina, todavía peor, más pequeña, y con unos urinarios que echaban un olor terrible, muy muy duro. Al final de esa calle estaba el hotel.

P. ¿Aprendes a apreciar cosas que dabas por supuesto?
R. No he pasado hambre, pero he echado de menos cosas tan simples como el queso, la leche o el chocolate. Lo que he echado mucho de menos son los amigos de siempre, tener una conversación sobre cosas de toda la vida. Eso me ha faltado: dar un abrazo a un familiar, a un amigo. He estado muy bien, he conocido a gente muy interesante que quiero mantener como amigos, pero no había un pasado común, y eso lo he echado de menos.

Entrevista01

P. “Aquí estoy, mamá” dice el blog. Ya puedes ser sincero. ¿Cuántas veces te has puesto enfermo?
R. Enfermo de verdad, cero. Problemas de estómago he tenido con frecuencia. Con la medicación que llevaba se me curaba enseguida, hasta el punto de que al final probé a no tomar nada y se me pasaba. Hubo un momento en el que me dejé de poner repelente antimosquitos, porque olía fatal y no me apetecía: prácticamente no me han picado. Dejé de tomar las pastillas antimalaria, consultando previamente con mi farmacéutico en Valencia, y no las retomé, aunque guardaba unos cuantos comprimidos en la mochila por si tenía síntomas. Tres veces, quizás, tuve dolor de cabeza. Y, por supuesto, el mal de altura del que ya hablé en el blog.

P. ¿Cuántas veces te han robado?
R. No me han robado nada y no me han intentado robar ni una vez. Una vez me olvidé el teléfono y no me ayudaron a recuperarlo, aunque sé que lo podían haber hecho. He sido muy precavido. No era un objetivo muy atractivo para robar, porque no llevaba cosas de valor…y en India llevaba la mochila atada al vagón del tren o al autobús con una cadena y un candado.

P. ¿Te han ofrecido sexo por dinero?
R. Algunas veces. En Tailandia, Laos y Camboya… con menos frecuencia cuando iba con chicas.

P. ¿Cómo son los niños en Asia?
R. Cambia según el país. En algunos sitios se utilizan para pedir dinero. En Indonesia venían detrás de mí para hacerse una foto y ya está. En India o Nepal sí es muy habitual que te insistan pidiendo un bolígrafo, dinero o caramelos.

P. ¿Te has sentido en algún momento descubridor, el primer blanco que aparecía por ahí?
R. De los primeros no, de los pocos sí.

P. En tu última entrada en tu blog, escribes de Anna, que se marcha para Asia justo cuando tú has vuelto. ¿Cuál es tu consejo?
R. Infórmate. Lee guías, pregunta, pregunta y pregunta para que te vayan aconsejando.

P. ¿Y ahora qué?
R. Eso querría saber yo. Quiero ir a Valencia, ver a mi gente y asentarme. Por supuesto, tendré que trabajar. La hipoteca no se paga sola.

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Antepenúltima parada: Londres

22 octubre 2009
Londres: Autorretrato en el patio de la School of Arts.

Londres: Autorretrato en el patio de la School of Arts.

Mi regreso a Londres desde York, me lo tomo con calma. Tenía claro que no venía a disfrutar del tiempo, nublado durante casi toda mi estancia. Fundamentalmente me he dedicado a reencontrarme con antiguos amigos que conocí en mi época londinense. Me he quedado con Miriam (ex-compañera de clase) y Edoardo, que amablemente me han acogido en su casa de Southgate. Otra de esas casas acogedoras a la europea acompañada de una cálida acogida latina. También me reencontré con Upeka (ex-compañero de trabajo), con el que creía que intenté reencontrarme en Sri Lanka, e inesperadamente he visto que había vuelto a Londres. Reencuentro con Paulo (ex-compañero de trabajo) y familia, mayor de lo que era la última vez que los vi. Y por supuesto, el reencuentro con Patri, ex-compañera de piso y viajes, con la que nos hemos puesto al día sobre las noticias de estos meses, y los posibles planes de viaje en el futuro. Y gracias a Patricia, he vuelto a ver a Ainara, ex-compañera de piso, que me ha visto muy delgado y se ha empeñado en cebarme. Y yo, por no discutir, me he dejado.
 
Llegó el momento de partir de esta gran ciudad en la que parece que todos caben, pero a la que casi nadie siente pertenecer. Me dirigí en un autobus lleno, a la europea, al aeropuerto de Stansted para tomar un vuelo con Ryanair, la compañía aérea que te cobra por todo excepto por los billetes de avión. Llego al mostrador de facturación temiendo qué excusa se van a inventar para cobrarme un suplemento con la amenaza de dejarme en tierra. Yo ya había pagado por internet mi suplemento por llevar una maleta y había hecho el check-in para que no me cobraran 40 libras esterlinas de más (el doble de la tarifa pagada). Cuando suelto allí mi mochila me dicen que vaya a dejarla en otro sitio, ya que las cintas pueden engancharse en la maquinaria, algo sólo me ha sucedido anteriormente en Londres, pero nunca en Valencia, Madrid, Barcelona, Munich, Bangkok, Bali, Singapur… Pero mis temores eran infundados, era yo quien debía llevar allí la mochila, pero había que pagar ningún suplemento. Pasé los clásicos controles por los ultrasensibles detectores de metales, descalzo y sin cinturón, sin agua… Hasta que llegué a la puerta de embarque y vi que había un pequeño retraso, que fue prolongándose hasta ser de una hora. En la misma puerta de embarque, justo antes de acceder al avión, el personal de Ryanair, se dedicó a medir las sobredimensionadas maletas de los pasajeros ansiosos por cargar todo con ellos en el avión. Y allí mismo iba cobrando unas cantidades nada despreciables en concepto de suplemento por exceso de equipaje.

Ya en vuelo, descubrí que estaba prohibido dormir a menos que se cuente con genes indonesios. No sólo por el encajonamiento al que uno se ve sometido en su asiento, sino principalmente por la megafonía. Constantemente están lanzando mensajes por megafonía, que además está tan alta que apenas se entiende. El hecho de que los tripulantes hablaran a toda velocidad, entre dientes y con gran desgana no ayudaba demasiado. La tripulación era principalmente española, lo que no se notaba en la mejora del servicio, pero sí en el macarrónico acento al hablar inglés. Tras despegar comienza el mercadeo. Se anuncia que hay una promoción especial de bocadillos calentitos. Después nos indican que tienen una pizza estupenda a un precio bajísimo (lo del precio es falso, lo de que sea estupenda lo dudo mucho). Más tarde pasan ofreciendo comida y bebida. Después nos ofrecieron jugar al rasca-rasca. El tripulante que nos lo trató de vender por megafonía no creía para nada en el producto y se notó en la desgana con que lo anunciaba y en que tenía que parar de hablar de cuando en cuando porque era incapaz de aguantarse la risa. Obviamente, no vendió ninguno. Más tarde, nos recordaron que no se podía fumar a bordo, pero que ofrecían un sustitutivo del tabaco (no quise averiguar más detalles). Después anunciaron las ventas libres de impuestos, que incluyen cigarrillos para hacer sufrir más a aquellos que no pueden fumar a bordo.
 
Por fin, aterrizamos, sanos y sordos en Madrid, donde por primera vez en mucho tiempo, me esperaban a la llegada. Por cierto, este artículo, NO ha sido patrocinado por Ryanair.
 
Salut.

Recién aterrizado en Madrid - Barajas

Recién aterrizado en Madrid - Barajas

La vieja York

20 octubre 2009
La catedral de York: The Minster.

La catedral de York: The Minster.

La primera noche en suelo europeo fue corta. Demasiado corta. El jet lag no me ha tratado bien y he estado despierto desde bajas horas de la madrugada. Pese a ello, hay que ser fuertes y seguir en movimiento. Tomé el metro, calculando que había pagado por seis paradas aproximadamente el mismo importe que pagué en India por recorrer más de 500 kilómetros en tren. Corrijo: por cinco paradas. Nada más subir al metro, avisaron por megafonía de que no íbamos a parar en King’s Cross – Saint Pancras, que era mi destino, a causa de un incendio. Bajé en la parada anterior y recorrí a pie el último tramo. Una vez en King’s Cross emití mis billetes (reservados por internet desde Indonesia) en un expendedor automático y me subí a un larguísimo tren con destino a Escocia, con la intención de llegar sólo hasta York. Del incendio, nunca más se supo.
 
Una vez en el tren, me di cuenta de que había reservado en el “quiet coach” (vagón tranquilo, o vagón silencioso), donde se supone que no debe haber apenas sonido alguno. Pese a ello, hay megafonía. Las normas respecto al silencio son mayoritariamente respetadas. No sólo son silenciosos, sino que además los trenes no van ultrallenos, superllenos, ni siquiera llenos como en Asia. En los pasillos no hay objetos ni personas yaciendo, y las puertas y ventanas van cerradas cuando el tren está en marcha. Igualito que en Asia.
 
Una vez en York, me reencontré con Eli y Craig, y conocí a Tom, que ya tiene 13 meses. Es muy reconfortante encontrarse con amigos a los que uno hace tiempo que no ve. Durante el viaje he conocido mucha gente con quien comparto un presente muy interesante, pero el volver a encontrarse con amigos supone además reencontrarse con un pasado con el que uno necesita cruzarse de cuando en cuando. Esperemos que no vuelvan a pasar casi tres años hasta que nos volvamos a ver.

Paseando con Tom por York.

Paseando con Tom por York.

 
En los días que he pasado con Eli y familia en York, he recibido tratamientos y honores a los que ya no estaba acostumbrado. Además he continuado con mi gradual adaptación a occidente, empezando por vivir en una casa, no en un hotel. Aquí las casas están limpias. Muy limpias. Las puertas y ventanas cierran bien. Hay varios enchufes en cada habitación y además funcionan todos. También funcionan todos los grifos y hay agua fría (muy fría) y caliente (muy caliente), independientemente de la temperatura ambiente. Creo que me podré adaptar.
 

The Eye of York.

The Eye of York.

Por primera vez en nueve meses me he vestido con unos pantalones vaqueros y un jersey de lana. También por primera vez en este tiempo he tomado un vaso entero de leche, he comido jamón serrano y bebido una copa de vino. El reencuentro con el queso también ha sido de lo más emotivo, aunque gracias al excelente queso de yak nepalí, no había pasado tanto tiempo sin catarlo. Cada vez estoy más convencido de que me voy a adaptar.
 
Un reencuentro menos emotivo ha sido el que he tenido con las temperaturas invernales y el cielo encapotado. York, al igual que todas las ciudades de Inglaterra, subyace bajo una eterna capa de nubes que constantemente amenazan lluvia. A veces cumplen la amenaza, y a veces escampa y sale el sol. En la vieja York, el edificio que destaca entre todos los demás y hace distinguible su silueta es la catedral, a la que aquí llaman The Minster. La ciudad no es comparable a Londres. En realidad, ninguna ciudad británica lo es, hasta el punto que muchas veces se dice que Londres no es Inglaterra. York tiene un pequeño centro histórico interesante y globalmente como ciudad es mucho menor y más tranquila. No voy a seguir hablando de York, ya que he de reconocer que me está costando una barbaridad cumplir lo propuesto: hablar de York sin hacer ninguna gracia sobre el jamón. Mejor lo dejo aquí, que si no, acabaré sucumbiendo a la tentación.
 
Salut.

York: casa estilo Tudor.

York: casa estilo Tudor.

Si hoy es martes, esto es Londres

14 octubre 2009

 

Senyalizacion londinense: "False friend" o "no es lo que parece".

Señalización londinense: "False friend" o "no es lo que parece".

Estaba yo echando una miradita al calendario y me parecía que 261 días en Asia ya eran suficientes. Se me ha ocurrido que quizá sea el momento de volver a Europa. Mirando y mirando en internet, he encontrado una oferta a Londres que no podía rechazar. Escondía alguna pega, claro está. El vuelo era en martes, ni te cases ni te embarques. Y además en martes y trece. Pero como yo no soy supersticioso (que dicen que trae mala suerte serlo), me armé de valor y me encontré, soltero y embarcado, de vuelta a Europa. Durante el vuelo, de poco más de trece horas del tirón, me he cruzado en algún punto de los cielos de Eurasia con Anna, intuyo que abriendo galletas de la fortuna, que empieza su viaje por el sudeste asiático justo cuando yo lo dejo.

Escena urbana en Londres: pub, autobuses y taxis tradicionales junto a arquitectura moderna.

Escena urbana en Londres: pub, autobuses y taxis tradicionales junto a arquitectura moderna.

Lo bueno que tiene volver por el Reino Unido es que, como también conducen por la izquierda, igual que en Tailandia, India, Nepal, Indonesia, Singapur y Malasia, la readaptación es gradual. Aprovecharé que estoy en Inglaterra para reencontrarme con amigos a los que llevo años sin ver, para pasar frío (anunciaron tres grados al aterrizar), quejarme de lo caro que está todo, comenzar a hacer balance de estos últimos meses e ir adaptándome al extraño estilo de vida occidental.

El Londres de ayer (Big Ben), de hoy (London Eye) y de siempre (futbol).

El Londres de ayer (Big Ben), de hoy (London Eye) y de siempre (fútbol).

En Londres me he alojado en casa de Lina, donde me he dado la primera ducha caliente desde el pasado mes de agosto. Aprovechando que son vecinas, he ido a visitar a Ofelia (la de Millais, no la de Ibáñez).

Londres y sus vanguardias artisticas: performance en Trafalgar Square.

Londres y sus vanguardias artísticas: performance en Trafalgar Square.

El primer día, además de tratar de recuperarme sin éxito del jet lag, he dado un paseíto por el centro de Londres. El Londres donde uno se encuentra con autobuses de dos plantas, taxis de diseño anticuado, cabinas telefónicas rojas, excesiva señalización, el Big Ben, díscolos herederos reales, parques, el Támesis, habitantes de educación exquisita, habitantes maleducados, franquicias, fútbol, Canary Wharf, diversidad racial, cultural y religiosa, teatros representando musicales, Tower Bridge, la guardia real, Trafalgar Square, la prensa gratuita, los tabloides, el buen gusto vistiendo, el mal gusto vistiendo, lo clásico, las vanguardias, museos gratuitos, donde “sí” y “no” son antónimos, donde los semáforos se respetan, “a las cinco” significa “a las cinco” y llevar reloj tiene sentido… La ciudad donde he recobrado el anonimato.

Salut.

Londres: Bucolica escena en Saint James Park.

Londres: Bucólica escena en Saint James Park.

Kuala Lumpur

12 octubre 2009

Sky Train con Torres Petronas de fondo. Reflejada en el rascacielos, la Torre Kuala Lumpur.

Sky Train con Torres Petronas de fondo. Reflejada en el rascacielos, la Torre Kuala Lumpur.

Mi llegada a Kuala Lumpur fue alrededor de medianoche, tras casi cuatro horas de vuelo desde Manado. Teniendo en cuenta lo temprano que se levantan y acuestan en Indonesia, se trataba de horas intempestivas para mí. Afortunadamente, los trámites aduaneros en Malasia son rápidos y eficaces: concesión automática de visado gratuito por 90 días. Antes de añadir un nuevo tampón al pasaporte, fui escaneado térmicamente, para ver si tenía la gripe esa de la que nadie sabía nada cuando salí de Europa. Pese a alguna que otra recomendación en contra, decido ir a la ciudad nada más aterrizar. Para ello, necesito ringgits, la divisa malaya. Ningún problema, ya que todos sabemos que Malasia, tras Singapur, es el país más desarrollado del sudeste asiático. Sin embargo, tras cuatro cajeros automáticos fuera de servicio, decido cambiar los pocos cientos de miles de rupias indonesias que me quedaban en el bolsillo, para intentar llegar a la ciudad esa misma noche.

Malasia es un país de abrumadora mayoría musulmana. Por otra parte, es sabido que según los preceptos del islam, los bancos no deben cobrar intereses, y en general un banco islámico debe tener condiciones más benévolas para el cliente. Así que cambié en un banco islámico, con la candidez propia de quien cree que los bancos, como sucede con los notarios, no pretenden ganar dinero. Finalmente, consigo unos cuantos ringgits y dirigirme a la ciudad. En el autobús fui hablando con una pija vietnamita que se sentó a mi lado. En cuanto me confesó su admiración por Paris Hilton deseé con todas mis fuerzas que el trayecto finalizase cuanto antes. ¿Cuántas pijas debe haber en Vietnam? Encontrar una debe ser más difícil que encontrar una aguja en un pajar. Pero pronto, llegamos a la estación central de Kuala Lumpur, y de allí tomé un taxi. Primero discutí con el taxista porque no sabía llegar al hotel, pese a que inicialmente afirmó conocerlo. Nueva muestra de que en Asia la palabra “sí” carece de significado por sí misma. Después discutimos porque quería cobrarme más de lo pactado inicialmente. Pero finalmente, ya pasadas las dos de la madrugada, llegué a mi habitación, con relativa normalidad.

En el centro de la ciudad, donde me he alojado, se mezclan modestos bloques de apartamentos con modernos rascacielos. Es un lugar con cierta vida nocturna. También aparecen algunas sirenas, de esas que dicen “te quiero” si ven la cartera llena, como decía Fito. Se sabe que son sirenas porque tienen medio cuerpo de mujer. El otro medio, mejor que sea otro quien lo averigüe. En general, Kuala Lumpur es una ciudad muy occidental, con grandes avenidas, red de transporte público, incluyendo el Sky Train (monorrail elevado sobre pilares), muchos rascacielos y demasiados centros comerciales. Pese a ello, queda muy detrás de Singapur en muchos aspectos como limpieza, modernidad y, afortunadamente, precios.

Las Torres Petronas: mas largas que un dia sin pan.

Las Torres Petronas: mas largas que un día sin pan.


Las Torres Petronas

Actualmente, el gran emblema de la ciudad son las Torres Petronas. El edificio más alto del mundo en el momento de su construcción, a finales de los años noventa del siglo pasado. Mide ni más ni menos que nueve Migueletes. Según la fuente de información que se consulte, ahora es el cuarto o quinto edificio del mundo en altura. Hoy se vanaglorian de ser las torres gemelas más altas del planeta. Pese a que tiene 88 plantas, sólo se permite el acceso hasta la planta 41, donde está el puente que une ambas torres.

Aproveché una mañana soleada para ir a visitar las Torres Petronas. Me levanté bien temprano para plantarme en la taquilla media hora antes de que abriera, ya que me había enterado, como buen listillo, de que a primera hora se dan un número limitado de entradas gratuitas. Cuando llegué, había un enorme numero de listillos alineados en zigzag, como quien espera subir a la atracción de moda en un parque temático. Tras algo más de una hora de pie haciendo cola, consigo uno de esos pases gratuitos para listillos. Primero, nos aburrieron con una visita a la exposición y luego con una autocomplaciente proyección. Recordemos que Petronas es una empresa petrolera. Finalmente llega el momento deseado. Subimos en un ascensor supersónico (o quizá no tanto) hasta la planta 41, y llegamos a la pasarela entre ambas torres para divisar el paisaje urbano malayo y obtener inolvidables fotos con las que aburrir a los amigos.

Había niebla y llovía a mares.

Plano cerrado bajo el cerrado cielo de Kuala Lumpur, obtenido desde la pasarela de las Torres Petronas.

Plano cerrado bajo el cerrado cielo de Kuala Lumpur, obtenido desde la pasarela de las Torres Petronas.


Con cierta desilusión, saqué alguna que otra foto de lo poco que se veía, y diez minutos más tarde salimos de allí, que llegaba el siguiente grupo. Lo malo de entrar sin pagar entrada, es que no se puede pedir la devolución importe en caso de no quedar satisfecho. Así que ya sabéis: a partir de ahora, pagad por todo. Ahí va un ejemplo a modo de sugerencia: por leer este blog (y si cuela, cuela).

Por supuesto, cuando bajé a tierra ya no llovía. Y poco después salió el Sol.

Salut.

Kuala Lumpur: Ojo al bolso!

Kuala Lumpur: ¡Ojo al bolso!

Fin de las Célebes

8 octubre 2009
Tangkoko: dos tarsiers en el interior del tronco de un arbol.

Tangkoko: dos tarsiers en el interior del tronco de un árbol.

La vuelta a Manado, desde Bunaken, constituyó la despedida, definitiva esta vez, de mis amigos alemanes. Desde Manado hice una excursión de un día a Tangkoko. La reserva natural de Tangkoko, en las costas del mar de las Molucas, es el punto más al este de mi viaje, allá por el meridiano 125, superando en orientalidad a Flores. Por Tangkoko estuve paseando varias horas con un guía, gracias al cual no sólo no me perdí, sino que además pude ver unos cuantos animales que hubiese sido incapaz de ver por mí mismo. Unos macacos negros en peligro de extinción, cálaos y tarsiers, el auténtico emblema del parque.

Tangkoko: calao alimentando a sus crias.

Tangkoko: cálao alimentando a sus crías.

Para ver los cálaos tuvimos que esperar silenciosamente tirados sobre una hoja de palmera en medio de la selva, hasta que se acercó uno que alimentaba a sus crías. Los tarsiers, que yo sólo había visto en el zoo, son los menores primates del mundo, y sólo existen en Sulawesi. Eso es lo que me vendieron, aunque tengo entendido que también los hay en Filipinas. Conseguí ver muy pocos, pero puedo darme por satisfecho, ya que además de ser tímidos y huidizos, son animales principalmente nocturnos.

Macacos negros en Tangkoko: ¿Aquí te duele?

Macacos negros en Tangkoko: ¿Aquí te duele?

Y es que Sulawesi ya fue objeto de debate entre Wallace y Darwin por la peculiaridad de su flora y fauna, generando teorías evolucionistas, apoyadas después tambien por geólogos, sobre la división miles de años atras entre Asia y Oceanía. En cambio, yo no he sido capaz de formular ninguna teoría que explique cómo es posible que en una isla repleta de árboles de cacao, sean incapaces de hacer buen chocolate. El próximo viaje tendrá que ser a Suiza, Bélgica o la Vila Joiosa, donde prometo seguir investigando.

De regreso de Tangkoko a Manado, vi un lugar curioso, poco habitual en los itinerarios turísticos. En Sawangan, cerca de Airmadidi, hay un pequeño cementerio precristiano, rodeado por uno cristiano mayor y más moderno. Este pequeño cementerio tiene unas tumbas de piedra, asentadas sobre un pilar, llamadas warunga, sobre las que hay esculpidas escenas relativas a la vida, principalmente profesional, del difunto.

Tumbas warunga cerca de Airmadidi.

Tumbas warunga cerca de Airmadidi.

Como curiosidad culinaria, y como una muestra más del desprecio con que trato a mi estómago y paladar, en Manado se me ocurrió pedir un café con cacahuete y helado de vainilla. El típico postre-café que cuando uno ve en la carta, no puede resisitirse a pedir. Me quedé sin probarlo porque, según me dijo la camarera: “tenemos café, cacahuete y helado de vainilla, pero se nos ha acabado la fanta de fresa”. Ante lo que yo suspiro de alivio, ya que la inclusión de dicho refresco en la mezcla, sobrepasa los límites de lo tolerable incluso para mí. Dos actitudes típicas indonesias se ven reflejadas en este caso:
1. No indicar los verdaderos ingredientes en el menú, con lo que uno se arriesga a desagradables sorpresas.
2. Perpetrar imposibles mezclas con hiperglucémicos ingredientes.

Todo el recorrido que he realizado por el norte de Sulawesi ha resultado muy caluroso. Excepto Tomohon. Tomohon es una localidad cercana a Manado, pese a lo cual he cambiado varias veces de transporte para llegar a ella. Desde aquí he visitado el lago Tondano, también tras varios cambios de transporte pese a estar muy cerca. Un lago de aguas muy encrespadas, teniendo en cuenta que se trata de un lago. Otra visita interesante, por la que vale la pena acercarse a este lugar, es la subida al Gunung Lokon (volcan Lokon). Me alojé a los pies del volcán. Se puede ir a otro volcan en las cercanías en coche, y hacer un último tramo a pie de apenas una hora. Como es lógico, en cuanto encontré una opción más larga y difícil, fue la que elegí. Una vez ya habíamos subido hasta el borde del cráter, el guía me advirtió de que hiciera las fotos rápido, y que nos alejáramos de allí cuanto antes. Después me comentó que si hubiese preguntado en el centro de vulcanología no nos hubiesen dejado subir, debido a las emanaciones sulfurosas. Lo que realmente se ve desde el cráter, es una humareda que sale del mismo. Según la dirección del viento, cuando el humo escampa ligeramente, se pueden ver las verdes aguas del lago rodeadas de paredes teñidas de amarillo por el azufre. El mismo concepto que el Kawah Ijen, en la isla de Java, pero a menor escala. Sin embargo, en Java, a nadie parecía preocuparle la toxicidad de las emanaciones, aparentemente mucho mayor.

Crater del volcan Lokon.

Cráter del volcan Lokon.

He seguido recibiendo alguna que otra llamada de mi adolescente acosadora, hasta que un drástico, repentino e inesperado acontecimiento acabó con toda comunicación entre ambos. Perdí mi teléfono móvil. Ahora me siento a la vez tan desorientado como feliz, y tan libre como perdido. Resumiendo: como siempre.

Y en Manado, ciudad con puerto y aeropuerto, se me acaba la isla. Y una vez finalizadas las Célebes tengo un par de archipiélagos al alcance en barco: las Molucas y las Filipinas. O bien puedo dar el salto a otro lugar, ya que hay conexiones con Yakarta, Bali, Kuala Lumpur, Singapur o Bangkok. Pero eso ya es materia del proximo post.

Salut.

Norte de Sulawesi

5 octubre 2009
Playa de Bunaken.

Playa de Bunaken.

A la llegada a Gorontalo me separé de los alemanes con los que viajé un par de semanas y me he reencontrado con otros viajeros que conocí anteriormente. En Gorontalo he consagrado casi todo mi tiempo a ponerme al día después de un par de semanas en que el mundo ha estado aislado de mí. He estado escribiendo artículos atrasados en el blog y pidiendo disculpas a todos los que me han abroncado por desaparecer sin avisar. Insisto en que yo no sabía que iba a estar tanto tiempo incomunicado y en que no lo volveré a hacer, de momento. Incluso mi acosadora adolescente de Rantepao, de quien creía haberme librado, me ha llamado y me ha preguntado por qué he tenido el móvil apagado tantos días. En Gorontalo me he vuelto a encontrar con los lujos propios del mundo occidental impensables días atrás. Tengo una habitación con electricidad y agua corriente las 24 horas del día, con ventilador y una ducha de esas en que cae el agua desde arriba. Lo malo es que al ser un lugar asfaltado, ya no puedo andar descalzo de modo ininterrumpido durante días y días.

Tomé un coche para ir a Manado, en el extremo noreste de esta isla de silueta tentacular. No creo que la forma de Sulawesi sea asimilable a nada que yo haya visto anteriormente. Este trayecto, de apenas nueve horas, es uno de los mas plácidos que he hecho en mucho tiempo. Viajaba con una familia musulmana, cuyas dos niñas estaban monísimas con su velo puesto. Para dejar de sufrir, tuvieron que dejar de presumir. Hacía tanto calor, que les quitaron el velo a ambas para que no se derritieran.

El norte de Sulawesi es la zona más desarrollada de la isla, y las carreteras son decentes. Durante el camino se ven con gran frecuencia grupos de personas, generalmente dos niños, agitando una caja a ambos lados de la carretera. Se trata de peticiones de donativos para construir una iglesia. Se ven muchos conductores que realizan donaciones, y muchas iglesias en construcción. Será por falta de cooperación, desconocimientos de las sinergias, o exceso de corrupción, pero no pronostico grandes avances en el futuro inmediato de la construcción. Hay pequeños pueblos que pueden llegar a tener hasta diez iglesias en construcción, cuando con el mismo trabajo, tiempo y dinero, podrían tener dos magníficas iglesias concluidas. La cara práctica, aunque ajena a cualquier política de riesgos laborales, es que no les importa celebrar misa en una iglesia a medio construir.

La primera impresión de Manado, por cuyos alrededores tengo previsto moverme durante una semana, es de una ciudad grande e inhóspita. Inmediatamente decido que me marcharé lo antes posible, aunque tenga que volver más adelante. El día de mi llegada veo un restaurante con aspecto guarro, pero poco, lleno de indonesios. Fue un acierto por la relación cantidad-precio de la comida, si bien el altavoz a todo volumen con la banda sonora del muecín llamando a la oración, resultaba incómoda, además de prescindible.

Fotografia del puerto de Manado tomada durante el proceso de negociacion.

Fotografía del puerto de Manado tomada durante el proceso de negociación.

A la mañana siguiente huyo a Bunaken. Voy al puerto de Manado y se me acercan numerosos indonesios con la intención de ayudarme a ir a Bunaken a buen precio (para ellos). Veo que es muy caro. Me alejo unos metros. Me siento a la sombra. Se me acerca otro amable indonesio con una oferta no tan buena. Rechazo la oferta con sonrisa hipócrita. Le digo que esperaré a que lleguen más incautos turistas con los que compartir barco y así poder rebajar el precio. Me dedico a leer sentado en un bordillo. Se me acercan dos más con una oferta que se encamina a lo razonable. La rechazo de nuevo. Paseo haciendo fotos por el mercado de los alrededores. Me persigue un indonesio ofreciéndome el precio que yo había dicho. Acepto. En tan solo 45 minutos deambulando sin rumbo conseguí cerrar la negociacion por el 40% de la oferta inicial.

Bunaken es una isla frente a las costas de Manado que se jacta de tener los mejores fondos marinos de las Célebes. Tiene numerosos arrecifes coralinos con enormes paredes que justifican el peregrinaje de muchos buceadores. Prácticamente todos los hoteles tienen su propio centro de buceo. La playa frente al hotel es una franja de arena rodeada de vegetación por la parte de tierra, y también por la parte del agua, donde los manglares impiden en gran parte la visibilidad. Frecuentemente hay zonas sin manglar por donde entran y salen los bañistas y los barcos, que quedan varados en la arena con la marea baja.

En Bunaken conocí a tres catalanes, Jose, Gemma y Eduard, expertos buceadores, con los que compartí una de las sesiones de buceo. Hablando de nuestros viajes, Gema hablo de un blog que había leído, y comentado con Eduard y Jose, que resultó ser este. Me resultó muy sorprendente encontrarme con fans míos, y claro está, ellos tampoco pensaron en que nos encontraríamos en persona.

Salut.

Bunaken: buceando con fans (yo soy el de la camiseta).

Bunaken: buceando con fans (yo soy el de la camiseta).

Las paradisiacas islas Togean

1 octubre 2009
Atardecer en el embarcadero de Malenge.

Atardecer en el embarcadero de Malenge.

Las Togean constituyen un archipiélago de pequeñas islas en el golfo de Tomini, ligeramente al sur del Ecuador. Se trata de un lugar paradisiaco, conservado todavía razonablemente bien, gracias a que es relativamente complicado acceder a ellas y a que a nadie se le ha ocurrido todavía plantar un hotelazo aquí. O lo que es lo mismo, pero dicho con palabras de sesudo estudio realizado por una universidad: “La planta hotelera media de las islas Togean es de una calidad cutresalchichera“. En las Togean están algunos de los mejores arrecifes de coral de Indonesia, y en gran medida los hoteles viven del buceo. Además no hay cobertura, con lo que queda aparcado el tema del acoso telefónico al que me sometía la colegiala de Rantepao.

Pez leon en Fadhila.

Pez león en Fadhila.

La mayoría de islas son muy pequeñas y están desiertas. Hay algunas pequeñas poblaciones, generalmente asentadas parcialmente sobre tierra y parcialmente sobre pilares en el mar. Las habitaciones en las que me he alojado estaban a una distancia de entre 5 y 25 metros del mar, en gran parte dependiendo de la marea. Esto no supone ningún problema para dormir, ya que el mar es extraordinariamente tranquilo en este lugar.

La rutina diaria ha consistido en un sinfín de variadas actividades como baño madrugador, desayuno, baño matutino, buceo, comer pescado con arroz, lectura, siesta, baño vespertino, lectura, fotos del atardecer, cenar arroz con pescado, charla, partida de backgammon o cartas, baño nocturno y a dormir. Y así un día tras otro. En definitiva, una agenda tan cargada como la de un ministro.

Toma cangrejo!

¡Toma cangrejo!

Buceando se ve una gran variedad de tipos de coral y otra fauna marina. Se ven muchísimas estrellas de mar, y algunos peces león y nemos, por ejemplo. En la orilla se ven unos peces que saltan de la arena al agua y viceversa, y muchísimos cangrejos. Entre los cangrejos esta el curioso caso de los cangrejos okupas. (Quizá ese no sea su nombre científico exacto). Viven dentro de conchas de caracol y a medida que van creciendo, van cambiando a otras de mayor tamaño. Algo similar a la estrategia del caracol, de la homónima pelicula colombiana de los noventa. Algunas playas están infestadas de este tipo de cangrejo. Si bien el tipo de cangrejo más conocido de las Togean, pese a tratarse de una especie en peligro de extinción, son los cangrejos de los cocoteros. Pueden alcanzar los cinco kilogramos de peso, y llegar a tener pinzas capaces de amputar una mano a una persona (o eso dicen), siendo los mayores artrópodos terrestres del mundo. Eso de los artrópodos no tengo ni idea de qué es, pero lo he leído en la guía y he pensado que quedaba bien escribirlo. El único que conseguí ver era bastante menor, pero no se me ocurrió acercarle el dedito para ver qué pasaba. Para acabar con los animalitos, una noche recibí en mi habitación la visita de un maldito roedor que intentó robarme los cacahuetes que tenía junto a la cama. Me habían advertido de que colgara la comida, pero ese día me despisté, y ya se sabe que los ratones no perdonan.

Un par de cangrejos ocupas en mi mano.

Un par de cangrejos okupas en mi mano.

En las Togean abunda un tipo de plancton que brilla en la oscuridad al mover el agua. Aunque me consta que existe en algún que otro punto del Mediterráneo, yo nunca lo había encontrado antes, así que no tuve más remedio que probarlo, para poder rellenar un parrafito de mi blog. Una noche estuve buceando rodeado de ese plancton. Se ve la imagen, en plena oscuridad, de un montón de chispas que conforman entre todas la silueta de un nadador, como si fuera un superhéroe cósmico viajando por los confines del universo. Como verse a uno mismo es complicado, lo más espectacular es bucear con más gente y contemplar los movimientos de los demás.

Apenas le hice la foto, salto de mi mano.

Apenas le hice la foto, saltó de mi mano.

Desde Wakai, nuestro puerto de llegada a las Togean, fuimos inmediatamente a otra isla llamada Kadidiri, donde hay tres hotelitos en una pequeña franja de playa. En Kadidiri me alojé en el que probablemente sea el mejor hotel de las islas. Allí cada día era diferente: uno sin electricidad, otro sin agua corriente…

Se me ocurrió inscribirme en un curso de buceo, ya que me encontraba en un lugar ideal para ello. Tras una primera introducción más o menos exitosa, no me acabé de sentir a gusto, y decidí no continuar, y mantenerme en el buceo con tubo por la superficie, como había venido haciendo hasta ahora.

Atardecer en el embarcadero de Malenge.

Atardecer en el embarcadero de Malenge.

De la isla de Kadidiri, pasé a la de Fadhila. Desde Fadhila, que queda frente a la poblacion de Katupat, contratamos una excursión en que estuvimos buceando en un par de atolones. En un caso por la cara externa y en el otro dentro de la laguna interior. Después comimos en otro islote, en una playita sólo accesible por mar. Y desde la isla de Fadhila a la de Malenge, permaneciendo en total unos diez días en estas pequeñas islas.

Islote Papan y pueblo bajo desde nuestra playita.

Islote Patan y pueblo bajo desde nuestra playita.

En Malenge nos alojamos en unas pequeñas cabañas, también junto a la playa. En realidad, aquí no hay nada lejos de la playa. Desde la hamaca del porche se ve el pequeño cementerio de la explanada frontal y el islote Patan. Este islote está ocupado por un pueblo bajo. No se trata de una población de menor estatura, como parece indicar la palabra. Los bajo, son también llamados los gitanos del mar o los nómadas del mar. Viven principalmente en casas sobre pilares en la orilla, y hasta hace poco eran auténticos nómadas que trasladaban sus barcos segun las inclemencias climáticas o políticas. En este caso concreto hay una pasarela que une la parte del pueblo que hay en el islote con la que hay en tierra firme. Visitamos ambas partes y fuimos recibidos con entusiasmo por niños y señoras que querían que les hiciéramos fotos. También insistieron en enseñarnos un cocodrilo que tenían en la parte trasera de la casa. Para demostrarnos su fiereza, lo azuzaban con un garrote que partió de un certero golpe de mandíbula.

Cocodrilo acosado.

Cocodrilo acosado.

Salir de las islas Togean, al igual que llegar a ellas, o desplazarse entre las mismas, puede ser complicado. Confiamos en poder tomar el barco público semanal que nos debía llevar desde Malenge a Gorontalo en apenas 12 horas. Este barco es seis veces más barato y tres veces más lento que uno privado (si se consigue suficiente gente para llenar el privado). Según mi guía los barcos a Gorontalo salen los miércoles. Según informaciones más recientes de otros viajeros, sale los sábados. En las Togean nos dijeron que sale los lunes. Casualidad o no, el lunes tomé un barco de madera desde Malenge a Gorontalo, con parada en Dolong. En el barco había camarotes, cuya reserva descarté, ya que calculo que a duras penas cabía en las literas en posición fetal. En otra zona del barco había dispuestas numerosas colchonetas, demasiado estrechas y cortas para un occidental, alineadas una tras otra en dos alturas. Aquello parecía un horno con dos bandejas: todos tumbados de modo casi superpuesto, con un calor terrible y bien ahumado, que los indonesios no se privan de fumar en ningún sitio. Los siete turistas que íbamos a bordo dormimos tendidos sobre la cubierta de madera. De este modo tan romántico es como atravesé la línea del Ecuador por mar, contemplando el cielo estrellado desde la proa de un bajel, acaricicado por la brisa marina. Desde ese mismo lugar vimos despuntar los primeros haces de luz solar tras las montañas que se alzan a espaldas de Gorontalo, nuestro destino final, ya en el norte de Sulawesi.

Salut.

Camartore de proa al amanecer: en ese huequecito fue en el que dormí.

Camarote de proa al amanecer: en ese huequecito fue en el que dormí.

De Rantepao a las islas Togean por Sulawesi Central

30 septiembre 2009
Nuestro bus de Rantepao a Tentena. Reubicacion de la carga.
Nuestro bus de Rantepao a Tentena. Reubicación de la carga.

Tras más de una semana en Tana Toraja, llega el momento de abandonar Rantepao y seguir ruta hacia el norte. Para ir de Rantepao a las islas Togean, hay que atravesar Sulawesi Central, una región mayoritariamente musulmana y azotada por el terrorismo en los últimos años. Además hay que tener en cuenta que nos encontramos en los últimos dias de Ramadán, y durante el Idul Fitri es más difícil viajar por el gran aumento del número de desplazamientos entre los musulmanes. Sigo el viaje con dos de los tres alemanes con los que hice el trekking, dirigiéndome inicialmente hacia Tentena. El trayecto se preveía de once horas, así que nos armamos de paciencia y no nos confiamos, pese a que había muchas plazas libres al principio. Mi asiento es demasiado estrecho para mí, y casi para cualquier occidental, pero como los indonesios son pequeños, supongo que a mi compañero de viaje no le importará que le invada ligeramente su asiento. El bus se fue llenando con tan mala fortuna, que a mi lado se sentó una señora de oronda silueta que me oprimía cruelmente contra la ventanilla y que al mismo tiempo rebosaba lorzas por el lado del pasillo. Para colmo, llevaba un montón de trastos que dispuso en el suelo, y un bebé. Hubo un momento en el que la señora colgó una sábana del riel central del bus, la ató como un hatillo y dejó que el bebé se balanceara a merced del vaivén generado por las numerosas curvas de la caprichosa orografía de las Célebes.

Detalle interior de nuestro bus de Rantepao a Tentena. Lo que cuelga es el bebe durmiente, mientras la madre esta en el bar.
Detalle interior de nuestro bus de Rantepao a Tentena. Lo que cuelga es el bebé durmiente, mientras la madre está en el bar.

En este trayecto, partiendo de las montañas, llegamos al mar (por primera vez en dos semanas, pese a estar en una isla), volvimos a las montañas y finalizamos a orillas del lago Poso, en Tentena, trece horas después de salir de Rantepao.

Tentena, al igual que Pendolo, Poso y Ampana, son las paradas lógicas antes de llegar a las Togean desde Rantepao. Generalmente, los turistas pasan lo más rápido que pueden por estos lugares. Eso no es ninguna garantía de rapidez, ya que suelen ser entre dos y tres días de trayecto. En nuestro caso prolongamos una noche más nuestra estancia en Tentena. Tras dar varios palos de ciego, acabamos contratando un conductor que nos paseó por los alrededores de Tentena.

Primero fuimos a Salopa, un conjunto de cascadas que entre todas suman más de trescientos metros de desnivel. Remontamos gran parte del recorrido por tierra y nos dimos un baño relativamente fresco, considerando las latitudes ecuatoriales en que nos encontramos. La otra parada fue en una playa del lago Poso. El lago Poso, a unos 600 metros sobre el nivel del mar, y rodeado de orquídeas, es uno de los mayores de Indonesia, y hay lugares donde no se divisa la orilla opuesta.

Al día siguiente pretendíamos dormir en Ampana, que es el puerto más cercano a las islas Togean. El tramo entre Tentena y Poso apenas duró un par de horas estrujados en un todoterreno. Nos depositaron a las afueras de Poso, en un lugar con aspecto de abandonado, que resultó ser la estación de autobuses. No había un solo autocar, y casi todos los puestos estaban cerrados por ser fin de Ramadán. Nos juntamos con una pareja de turistas alemanes que habían llegado antes, y comenzamos a debatir nuestras perspectivas poco halagüeñas de continuación de viaje. El alemán, que resultó no ser alemán, sino toledano, llevaba ya un rato negociando la posibilidad de fletar un coche hasta Ampana, dado que apenas había buses y todos iban llenos por el Idul Fitri. Mientras negociaban, aproveché para ir a Poso a un cajero automático, ya que según mis informaciones, ni en Tentena, ni en Ampana, y mucho menos en las Togean, hay cajero automático alguno (o si lo hay, como sucede en Ampana, sólo acepta tarjetas indonesias). Cuando regreso a la estación de autobuses fantasma, siendo pentamillonario en rupias por lo que pueda pasar, apenas ha cambiado nada. Hay dos alemanes más que quieren ir a Ampana, con lo que somos ya siete los turistas colgados, y la negociación sigue atascada. Una hora y media después de nuestra llegada, vislumbramos la luz en forma de acuerdo, y estábamos dispuestos para partir. En realidad nosotros estábamos preparados, pero no el vehículo, que llegó dos horas y media más tarde. Así que, cuatro horas después de llegar a la estación de autobuses, conseguimos partir. Durante el camino de Poso a Ampana, ya de noche, vimos muchas casas con cirios encendidos a las puertas, otra de las costumbres de fin de Ramadán. Y once horas después de salir de Tentena, llegamos a Ampana.

En Ampana estuvimos el tiempo justo para ver algo poco habitual. El primer semáforo que he visto en las tres últimas semanas. Nos alojamos en un hotel lleno de cucarachas y regentado por musulmanes que no nos dieron de desayunar porque estabámos de Ramadán. Mientras, sigo recibiendo mensajes de la adolescente de Rantepao. Entrar y salir de las islas Togean puede llegar a ser complicado. Conseguimos de carambola encontrar un barquichuelo de madera que nos llevara a las Togean en un trayecto que debía durar entre tres y cinco horas. Mientras estábamos cargando el equipaje, vimos un grupo de delfines saltando no muy lejos de la orilla. Tras el retraso de rigor, zarpamos y poco más de cinco horas después atracamos en Wakai, que es lo más parecido a un puerto que hay en las Togean. Poco antes de llegar, ya frente a las costas de las islas Togean, hubo otro grupo de delfines que nos acompañó durante unos minutos nadando y saltando junto a la proa del barco.

Salut.

Barquichuelo en el que llegamos a las islas Togean.

Barquichuelo en el que llegamos a las islas Togean.

La cara sádica de Tana Toraja

29 septiembre 2009
Cercanías de Rantepao: Transporte publico en las Célebes

Cercanías de Rantepao: Transporte público en las Célebes

Hablé con varios guias en Rantepao para hacer un trekking, pero me ofrecían precios demasiado caros, ya que al ser temporada baja no había más gente para salir en grupo. Cuando llegué al punto en el que todos los guías de Rantepao me saludaban por mi nombre cuando me veían por la calle, y yo seguía sin trekking, cambié de estrategia. Me dediqué a preguntar a los turistas que me iba encontrando. Hasta que di con tres alemanes que buscaban un trekking de dos días al que podía adaptarme. Y me adapté. Esta vez tuve suerte y nos tocó un guía bueno. Anduvimos en gran medida por arrozales. En algunos momentos caminábamos sobre los estrechos muros que separan los campos, tratando de mantener el equilibrio. En ocasiones la pared no era lo suficientemente fuerte para sostener el peso de un occidental con mochila y acabé con la bota embarrada. En un alto en el camino comimos un excelente arroz con coco y pollo, con la ya clásica combinación de los sistemas manual y digital. Es decir, sin cubiertos. La mayor dificultad del trekking radicaba en que el grupo era más lento que yo y pasamos demasiadas horas al sol, lo que hacía más fatigoso el trayecto. Pero llegamos sin problemas hasta Betania, nuestro alojamiento en Batutumonga. Dormimos en una casa toraja reconvertida en alojamiento para turistas: seis colchones en el suelo, ese fue todo el proceso de reconversión. En cuanto a fauna, avistamos las ya clásicas garzas con búfalos a sus pies, enormes arañas y pequeñas águilas. Aclaración para el lector: la menor de las águilas era bastante mayor que la mayor de las arañas. Por la noche, mientras cenábamos, nos visitó un ciervo volante. Un curioso bicho que yo no había visto jamás y que volvió a aparecer a la mañana siguiente.

Pareja de ciervos volantes. Curiosa desproporcion entre macho y hembra.

Pareja de ciervos volantes. Curiosa desproporción entre macho y hembra.

Mientras tanto, seguía recibiendo un promedio de entre dos y tres mensajes al día de mi adolescente acosadora: “¿Qué tal?” “¿Qué haces hoy?” “Me han dicho que hay un funeral estupendo en tal sitio” “Que el Señor te acompañe”…

Esto de ir de funeral, como supongo que le sucede a todo el mundo, es algo que engancha. El guía del trekking me apuntó en un papel el nombre de un pueblo donde se estaba celebrando uno. Coincidía además, que al día siguiente, cuando yo pensaba ir, era el que tenían previstos los sacrificios de búfalos. El guía me enseñó cuatro palabras básicas en indonesio para poder pedir indicaciones. Al día siguiente, tras discutir un poco con gente que me proponía ir a otros lugares, conseguí que me llevaran al sitio que yo quería. En Malakiri, el pueblo en cuestión, estaban los dos ataúdes, de suegra y yerno, expuestos junto a una mezcla de símbolos cristianos y torajas. Dado el elevadísimo coste del funeral, a veces celebran los de dos familiares a la vez, y ahorran ciertos costes. Como madrugué mucho, apenas había gente cuando llegué. Pocos indonesios y ningún turista. Había, como sucede en todos los funerales toraja, un cámara filmándolo todo, como en muchas bodas occidentales.

Uno de los asistentes al funeral me pidió que le concediera el honor de dejarme invitar a un té en la parte del edificio temporal reservada a su familia. Allí estuvimos tratando de comunicarnos en una mezcla de inglés e indonesio. Llegaron hasta dieciocho búfalos dispuestos a ser sacrificados y acudimos al centro. Entonces Johannes, mi anfitrión, me señaló con orgullo; “mira, mi búfalo”. Y me pidió que le hiciese una foto posando junto al búfalo que había aportado su familia al funeral. No era de los albinos, ni siquiera de los más grandes, pero sus sacrificios le debe haber costado al pobre hombre. Aquí los búfalos denotan estatus, ya sea el hecho de poseerlos, regalarlos o sacrificarlos. Puede parecer absurdo, pero en la sociedad occidental también hay símbolos externos de estatus de dudosa racionalidad como el coche, la zona donde se vive, el deporte que se practica…

Hay un speaker que intuyo que describe cada búfalo y las bondades del mismo y de la familia que lo aporta al festejo. Entre los dieciocho búfalos había dos albinos que tenían magulladuras en cara y astas provenientes de una pelea. Las peleas de búfalos son uno de los espectáculos asociados al funeral. No vi ninguna, pero según tengo entendido no son nada atractivas. Los búfalos, de por sí, no son agresivos. Así que los juntan y los azuzan hasta que se embisten el uno al otro sin demasiado ahínco.

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Finalmente parece que se acerca el momento del sacrificio. Tirado por una cuerda del hocico, llevan a un búfalo al centro y le atan en corto una de las patas a una estaca que no ve, como le sucedía a Siset. Tiran de la cuerda atada al hocico hacia arriba para que levante la cara exponiendo el cuello, y proceden a degollarlo con un cuchillo toraja. El cuchillo en cuestión es el equivalente al XXL dentro de los cuchillos jamoneros. El golpe de cuchillo en el cuello debe ser certero, ya que si no, el búfalo se revuelve y sufre mucho más. Con el primer búfalo el golpe fue muy preciso. El búfalo apenas se movió, no mugió en absoluto (ninguno lo hace) y cayó en poco tiempo. Con uno de los dos búfalos albinos fue diferente. Se revolvió, tropezó con los otros búfalos que yacían moribundos en el suelo, y llegó incluso a salpicarme de sangre. Si los Reyes Magos me hubiesen regalado una cámara con un buen zoom, esto no hubiera pasado. Las escenas eran de lo más dantesco. Mientras acercaban a otro búfalo al centro para atarle la pata a la estaca como a Siset, los otros yacían moribundos, entre los estertores previos a la muerte, manándoles todavía la sangre a borbotones del cuello. Eché de menos un puntillero como Justino, figura inexistente en este evento, que hubiese contribuido a acortar la innecesaria agonía bovina.

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BAlbiRebolicat

Cuando la acumulación de cuerpos inertes, o en vías de serlo, era tan grande que no se podían hacer llegar mas búfalos hasta la estaca, al siguiente lo ataron al cuerno de uno de los bufalos tendidos en el suelo.

Hasta ocho búfalos degollados.

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Los otros diez búfalos, recordemos que había dieciocho, fueron subastados. Según me dijeron, se llegaron a pagar ciento cincuenta millones de rupias (más de diez mil euros) por uno de ellos. Eso en billetes, deben ser dos o tres maletines de ejecutivo. Me enteré de que el búfalo de Johannes había ido a parar a manos de la iglesia local. Debe ser que las desamortizaciones de Mendizábal no llegaron hasta las Célebes.

Después llegó el proceso de desollado y descuartizamiento de los búfalos. Tras ello se reparte un buen trozo de carne a cada familia. Una de las familias, amablemente, me ofreció el “tastet” del suyo. Cortésmente acepté.

A lo largo de gran parte del día me acompañaban Rakhel y Theo, dos de los hijos de Johannes, que me iban preguntando mil cosas, y me invitaron a comer con ellos, se hicieron fotos conmigo y me pidieron ser mis amiguitos en Féisbuc, también una obsesión en Indonesia. Cuando decidí marcharme me di cuenta de que fui el único turista que apareció por allí en todo el día, lo que siempre le da a uno la sensación de que ha vivido una experiencia más auténtica.

Con mi familia de acogida toraja.

Con mi familia de acogida toraja.

Esta experiencia es única, original y no tiene precio, desde el punto de vista cultural y etnológico. Pero no creo que sea algo recomendable para todo el mundo, ya que ver en vivo escenas dignas del género gore resulta duro. Una vez más, me consolaré con la manida frase de “aquí no hemos venido a divertirnos, sino a vivir experiencias que me permitan rellenar un blog.”

Salut.