De Luang Prabang a Vientiane

Luang Prabang

Llegamos a “la ciudad más bonita del Sudeste Asiático” y Patrimonio de la Humanidad. Pasamos un día recorriendo Luang Prabang y sufriendo un calor bochornoso. Es bonita, pero ni mucho menos para tanto. Cierto estilo colonial francés, mercadillo, templos y poco más. Lo mejor fue que conocimos a 2 madrileños, con los que hemos seguido viajando hasta Vientiane, y con los que nos reímos bastante. Al día siguiente decidimos ir a unas hermosas cataratas para tratar de sacudirnos de encima el insoportable calor que nos lleva acompañando por todo Laos. Y valió la pena.

Tratando de sobrellevar los calores laosianos

Tratando de sobrellevar los calores laosianos

Batidos de frutas

Durante todo el viaje vengo reparando energías en gran medida gracias a los batidos de frutas. Pocas cosas imagino más cercanas de obtener una etiqueta ISO de certificación de calidad que el proceso de preparación de los batidos en Laos. Cuando uno pide un batido, por ejemplo de piña, siempre sobra un poso, a veces grande, en la batidora. Por supuesto, ese poso no se limpia para hacer el siguiente batido. Con mucha suerte, se vacía mediante volcado, pero nada más. Si el siguiente cliente pide un batido de plátano, en realidad obtendrá batido de plátano con esencias de piña.

En un alarde de osadía se me ocurrió pedir un batido de café laosiano con oreo. Como dijo Jack el Destripador, “vayamos por partes”. El café laosiano es eso: café. Y está bueno. Y las oreo son las famosas galletas, que pasan de la bolsa a la batidora, junto al café. El resultado también está bueno. Si uno lo analiza con detenimiento (yo lo he hecho, que tengo mucho tiempo libre), en realidad es como mojar galletas en café frío, pero para vagos.

Laos cañí

Tras 5 días en Laos, decidimos viajar de Luang Prabang a Van Vieng en nuestro primer viaje por carretera desde que llegamos al país. Por supuesto, nada de minibuses a la puerta del hotel, sino que vamos a la estación de autobuses a tomar un bus local.

En el momento de subir al autobús contábamos con informaciones bastante inconcretas sobre la duración del viaje, pero llegamos a la conclusión de que iban a ser entre 6 y 9 horas. Lo lógico y normal, teniendo en cuenta que hay una distancia de 230 km entre ambas ciudades.

Al partir de la estación, quedaban varios asientos libres. Nos pusimos estratégicamente los 5 en el lado en el que creíamos que iba a dar menos el sol. Salimos puntualmente para realizar la primera parada a 100 m (¡Sí, a 100 m.!), en la primera gasolinera. Allí, llegó un chico que cargaba una maleta grande y dura (la clásica Samsonite) en una scooter, y que viajaron con nosotros: el chico, la maleta y la scooter. Me pidieron que abriera la ventanilla para apoyar el pie en ella y poder encaramarse al techo. De ahí soltaron una maroma para poder izar la moto y que viajara convenientemente sujeta, quiero pensar, sobre el autocar. Al finalizar la operación de izado, habían pasado 15 minutos de la hora de salida, y habíamos recorrido 100 metros.

Al poco tiempo nos deleitaron con música local a un nivel de decibelios bastante superior al recomendado por la OMS, impidiendo cualquier tipo de conversación o cabezadita para los que hemos madrugado más de lo saludable.

El trayecto está salpicado de constantes pardas en medio de la nada en las que sube más gente de la que baja. Tras llenarse el autobús (concepto europeo de llenado), la gente siguió subiendo y hubo que echar mano de taburetes de plástico distribuidos a lo largo del pasillo hasta que se llenó según el concepto asiático de llenado.

En una de tantas paradas sube el típico borracho, que debe ser ayudado a llegar a su sitio mientras vocifera algo ininteligible. Probablemente verdades como templos a su juicio.

Comienzan las curvas (ni mucho menos llegaron a 1864, y el consiguiente reparto de bolsas de plástico entre el pasaje. Es la primera vez que vivo esto en un autobús. Es increíble la gran cantidad de gente que tuvo que llamar a Juan. En poco tiempo aquello se convirtió en un vomitódromo de primer nivel. ¡Se oían las arcadas en Dolby Surround! He encontrado la fórmula para distinguir a un laosiano de un tailandés: metes a los dos en un autobús, y el que vomite, es laosiano.

Van Vieng

Nos recibe en Van Vieng el agresivo sol del mediodía y una ciudad muy pequeña sin demasiado movimiento.

La primera impresión fue errónea. Esta ciudad está llena de jóvenes de marcha. La atracción más conocida es el tubing, consistente en bajar el río tumbado sobre un neumático. Reflexión: esto yo ya lo he hecho durante años en el mar sin necesidad de viajar miles de kilómetros ni de pagar por ello. Aquí, la gracia, para quien se la vea, consiste en ir parando en los bares que hay por el camino y beber cerveza o algo más fuerte (incluso se ofrecen abiertamente en el menú bebidas a base de setas “mágicas”). Algunos de los bares están a rebosar. Otras de las atracciones son tirarse al río desde una plataforma bien alta, lanzarse en tirolina, o bien lanzarse en trapecio, cual Pinito del Oro y dejarse caer sobre el río en algún punto de la trayectoria. Como precavido que soy, sólo pruebo algunas de las estupideces que se pueden hacer, así que escogí el trapecio, y además, repetí.

Salto de trapecista...

Salto de trapecista...

... y caida

... y caida

Durante el único día entero que hemos pasado en Van Vieng, hicimos una excursión en la que por la mañana nos mojamos, y por la tarde también. Por la mañana nos metimos en una cueva haciendo “tubing” no etílico, con aspecto de espeleólogos candidatos a la electrocución. Y por la tarde estuvimos unas 3 horas de kayak, demostrando una notoria falta de habilidad y coordinación. El resto tampoco destacaban por su pericia. Patri y yo conseguimos quedar por delante de los madrileños, y con eso ya estábamos más que satisfechos. Fue durante el trayecto en kayak cuando pasamos de la tranquilidad más absoluta al fiestón del estilo universitarios de fin de curso.

La marcha nocturna consiste en “alejarse” del centro del pueblo e ir a una islita llena de bares al aire libre, con sus innecesarias hogueras, y hamaquitas y cabañitas de madera en las que tumbarse, degustar mágicos batidos… hasta las 23.30. Sí: a las once y media de la noche acaba todo para cumplir con el toque de queda que no permite estar en la calle ni hacer ruido después de medianoche. Respecto a estar en la calle, el toque de queda no es muy estricto. Respecto al ruido, un poquito más. En cualquier caso, en la mayoría del país, no es fácil encontrar algo que hacer después de las 23.00 h.

Electrocucion inminente

Electrocucion inminente

Baño y colada en Van Vieng

Baño y colada en Van Vieng

Atardecer en Van Vieng

Atardecer en Van Vieng

Vientiane

Y finalmente llegamos a Vientiane, la capital del país, muy conocida en España por ser el lugar donde se dice que pillaron a Roldán. Hemos venido en otro autobús local, más cutre pero menos lleno que el de Luang Prabang a Van Vieng. Ha sido un trayecto con muchas menos curvas que el anterior. El conductor tenía la despreciable habilidad de tocar el claxon con excesiva frecuencia y sin motivo alguno. También consiguió hacer botar a todo el pasaje como si trotáramos sobre un caballo. En resumen: poco más de 4 horas para los 150 km que van de Van Vieng a Vientiane.

De momento sólo nos ha dado tiempo a comprobar que la ciudad es cara, tan calurosa como el resto del país, y a darnos un merecido homenaje gastronómico en un restaurante francés, que ya iba siendo hora.

Salut.

Curtiendo la piel del tambor

Curtiendo la piel del tambor

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8 comentarios to “De Luang Prabang a Vientiane”

  1. Michel Says:

    Relato de primer nivel Diego. Enhorabuena! Te sigo leyendo con mucho gusto y realemente a mi no me hacen falta las fotitos. Ya sabes que tengo mucha imaginación y una vida interior casi tan grande como la tuya.

    Un abrazo y saludos a la Patri,
    Michel

  2. FLOR Says:

    Definitivamente estas en otro mundo, un mundo paralelo a este en el que te puedes alegrar de encontrarte con dos madrileños.
    Besos.

  3. juanjo Says:

    Hola xato, la de cosas que estás haciendo que aqui no te atreverías a intentar, espeleología, coger el bus, tomar fruta en “batido”, conocer gente de Madrid,…
    Que sepas que a modo personal, a partir de ahora no eres Diego, te voy a llamar CAPITAN WILLARD (no se si sabrás quién es, ya te lo iré explicando), es un personaje de un libro de JOSEPH CONRAD (“EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS”), que inspiró la pelicula APOCALYSE NOW, lo que pasa es que en lugar de barco, tu utilizas el autobus. Ya te contaré el final del libro y de la peli.
    Me alegra verte tan contento,… y recuerdos del abogado…

  4. xonmarja Says:

    Pero… ¿vas bien vacunado? ¡Con las paellitas que te hace tu papá y las natillas de tu mamá…! Y las autopistaaaaas. Besos

  5. begoña Says:

    sigo abandonando mis libros, y me gusta llegar a casa y seguirte.

    se lo he contado a mis chicos del hotel y te envidian. quieren ya ser como tu, dejar la recepción . eso no me gusta mucho por ahora !!!!!

  6. la Tia Paqui Says:

    yo sigo diciendo que todo es ficción… Diego, ..¿dónde estás?

  7. Pau Says:

    Hola, Diego:

    Hoy es lunes -imagino que, dada tu actual situación laboral, no tan envidiable como la de Juanjo Municipal, pero nada desdeñable, te la debe sudar bastante, pero me veía en la obligación de indicártelo…-.

    Además, es 2 de marzo, de manera que ayer padecimos la primera mascletà, hoy padeceremos la segunda, y los municipales (los policías, no Juanjo), van a pasarse un par de semanitas molestándonos a todos los que, como yo, como en Laos, vamos en biciclo motorizado y llevamos a la señora parienta, a la suegra, dos gallinas, tres basquets de taronges navel-late, una ristra de chorizos y al vecino del 4º C a cuestas… Me estoy planteando aparcar el huevo duro un par de noches en la calle Sueca, a ver si le rascamos algo a la aseguradora de la Falla o de la empresa de iluminación…

    La normalidad sigue por sus fueros en lo que a lo deportivo se refiere: soy colista en la Liga Yahoo, el Massamagrell es líder en su grupo de Regional -ganamos en Almassora (Campo Municipal Pesudo, el ídolo local) 1-3, con goles de Sebas, Roberto y José Javier-, el LUD vuelve a ganar y el VCF pierde en casa… Vamos, como siempre.

    Tienes una deuda pendiente, en forma de papel, rotu Edding y cámara fotográfica, con mi hermano: y sabes que los López perdonamos, pero no olvidamos…

    Hablando de Lópeces, a la vista de tus descripciones autobuseras, a mi padre le empezamos a llamar Bosco, porque lo de Juan, durante las comidas, está dando lugar a muchos malos entendidos.

    Por último, y para ayudar a que tu regreso sea más fácil, quiero proponer a los visitantes del foro un nuevo juego: PIDAMOS TOD@S REGALOS A DIEGO, para que nos los traiga a su regreso: que si una bolsa con recuerdos de Juan, que si una bolsa de té frío -a lo mejor se confunden-, que si una túnica Hare Chistna YSL -Flor, no me olvido…-

    Yo, de momento, ya tengo claro el regalito: he visto que son manejables, cómodos y transportables, o sea que, Diego, NECESITO un tabalet laosiano -da gracias que no has ido a Japón: los hacen más manejables todavía-. Lo espero con ansia, así que vuelve pronto…

    Salud

  8. Cinco meses, cinco paises, cinco grandes momentos « Desde Oniria Says:

    […] delicias gastronomicas (comerciales y beberciales): – Pad Thai, en Tailandia – Batidos de fruta del sudeste asiatico – Pescado a la parrilla en una callejuela de Luang Prabang – Lassi en India y Nepal – Malai Kofta […]

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