Entramos en Camboya

Las últimas 24 horas en Laos fueron un constante cálculo de cuánto dinero nos quedaba en moneda local (kips), para gastarnos exactamente el dinero que llevábamos, pudiendo pagar todo, y que no nos sobraran kips que no podremos utilizar fuera del país. Esta circunstancia nos ha permitido probar el masaje laosiano, y cenar en un restaurante al que vimos buena pinta. Cuando digo que le vimos buena pinta, fue bajo el viciado punto de vista español: “si hay mucha gente, es que se come bien”. Trasladando la situación a Laos descubrimos, demasiado tarde para nuestra desgracia, que en Laos: “si hay mucha gente, se espera más aún para comer”. Y batimos nuestro récord de espera para ser servidos: 80 minutos (1hora y 20 minutos, sí señor) desde el momento de pedir hasta que nos sirvieron.

Finalmente abandonamos Don Det (Laos) en dirección a Kratie (Camboya). Volvemos a la concatenación de medios de transporte: barco, inexplicable espera en el muelle (en realidad una playa de río), nos reencontramos con los catalanes (3 días sin vernos ya era demasiado), y tomamos un minivan (“fregoneta de pasajeros” para los amigos) para llegar hasta la frontera. Aquí voy a poner un punto y aparte, que el paso de frontera lo merece.

El minivan nos suelta junto a una caseta en la carretera, donde nos cobran por el visado de salida de Laos. Según nos dicen, nos cobran más por ser sábado. Elaboremos una teoría al respecto para buscarle la lógica: Al funcionariado laosiano no se le incluye el menú en el sueldo, y claro, todos sabemos que los sábados no hay menú del día. Eso no se paga solo, ¡pues que pringue el incauto turista!

Una vez abonada la tasa y con el sello de salida en nuestro pasaporte nos dicen que vayamos a la frontera camboyana a pie, durante 200 ó 300 metros por la carretera en tierra de nadie, mientras el minivan, sin pasajeros, nos adelanta para llevar allí nuestras mochilas.

Al llegar a la frontera camboyana, rellenamos la solicitud de entrada al país, nos entregan el visado de entrada a Camboya, y naturalmente nos lo hacen pagar.

Recogemos nuestras mochilas que han sido amablemente amontonadas en la cuneta, y parece que ya estamos en Camboya. ¡Error! Hay una cola más que lleva a otra caseta junto a la carretera en la que hay 3 funcionarios (militares) de sobornable aspecto. Los 3 están sentados alrededor de una mesa hablando de sus cosillas y repartiéndose el trabajo: funcionario recaudador (y van 3 veces que pringamos) y mirador de pasaportes y rostros de turistas, funcionario sellador, y funcionario grapador. Éste último era el que entregaba el pasaporte y acababa siempre pidiendo 1 dólar (que ya pagamos anteriormente al funcionario recaudador), por si colaba.

Y ya estamos en Camboya. En la carretera hay un autobús y 3 coches. Tras preguntar varias veces dónde nos tenemos que subir los que vamos a Kratie, ya hemos obtenido varias respuestas distintas: en el autobús, en un autobús que vendrá luego, en los coches… Finalmente parece que vamos en los coches. Cuando vamos a subirnos, vemos que ya llevan 6 personas cada uno (2 delante y 4 detrás) y que no entramos ni con calzador. Nos dicen que sí cabemos, que pasemos 2 más. Nos negamos rotundamente, y tras varios cambios de opinión de los “responsables” de llevarnos a destino, acabamos hacinados en el autobús. Con gente sentada en el pasillo, con las mochilas al final del autobús con peligro de caer sobre los que se sientan en la última fila (estuvieron ágiles y pillaron alguna al vuelo), y más mochilas a lo largo del pasillo. Antes de partir, subió otro funcionario, con aspecto más sobornable aún que los anteriores, a pedir que le enseñáramos los pasaportes. Tras una hora en bus atravesamos el primer puente que he visto sobre el Mekong, hacemos una excesivamente larga parada para comer, y nos trasladan a otro minivan. Una vez lleno de pasajeros el minivan, con nuestras mochilas en el techo, se inicia un incómodo viaje.

Pese a estar lleno (recordemos: concepto europeo de llenado), el minivan se sigue llenando, hasta que tienen que poner a un camboyano sobre el techo, con las mochilas. De repente, paramos en mitad de la carretera. El conductor decide retroceder varias decenas de metros, y para redondear la pirula, se para en el carril contrario pisando ligeramente la mediana. Mientras vemos que nos esquivan los vehículos que circulan en sentido contrario, por el carril que se supone que es el nuestro. El conductor se baja y recoge de la carretera el tabaco y el mechero que se le habían caído al individuo que “vigilaba” nuestros equipajes sobre el minivan, y se los devuelve.

Y de ahí a Kratie, nuestra primera parada en Camboya.

Bebiendo coco

Bebiendo coco

De Kratie poco puedo contar. Como las 4000 islas, es un lugar desde el que se puede ir a ver los delfines de río, de lo cual pasamos. Y decidimos ver el sol ponerse sobre el Mekong bebiendo agua de coco, del mismo coco, recién abierto. Saqué la navajita suiza que me regalaron los padres de Nuria y estuvimos un buen rato comiéndonos el coco.

Parece ser que la electricidad aquí es muy cara. Como en Laos, la misma habitación tiene precio distinto (a veces el doble), según si se quiere que conecten el aire acondicionado o no. En el hotel de Kratie, para asegurarse de que no dejábamos encendido nada, quitaban los plomos desde recepción cada vez que salíamos a la calle.

Al día siguiente viajamos a Phnom Penh, la capital, tras otra paliza en bus. Esta vez no cambiamos de bus, pero sí que hicimos algunas paradas. Una de ellas en un restaurante-vertedero. Debo confesar que en este viaje los niveles de higiene van descendiendo paulatinamente. La suciedad se percibe visual y olfativamente. Se ve mucha gente sucia. En la capital especialmente, se ven muchas personas, especialmente mujeres y niños mendigando. También es impactante la cantidad de mutilados que se ven, atribuidos a las minas.

Silencio roto (no pega, pero a mí me gusta)

Silencio roto (no pega, pero a mí me gusta)

Phnom Penh es una ciudad enorme, ruidosa, sucia, caótica en cuanto a circulación aunque muy ordenada urbanísticamente, y que ofrece bastantes posibilidades comparado con lo que hemos visto las últimas semanas. Como hemos estado arreglando papeles y haciendo compras, no hemos visitado prácticamente nada todavía. Así que eso quedará para otro post.

La única visita interesante que hemos hecho en la capital ha sido a unos campos de exterminio a las afueras de la capital, de la época en que los jemeres rojos de Pol Pot hacían de las suyas. Se ven hoyos de lo que fueron algunas las fosas comunes, ropa a medio desenterrar, y una monumental estupa con unas 8000 calaveras humanas. Pese a no estar muy explicado, hay que reconocer que impresiona.

Salut.

El típico restaurante de 3 palillos

El típico restaurante de 3 palillos

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4 comentarios to “Entramos en Camboya”

  1. Xonmarja Says:

    Agotada estoy de tanto trajinar contigo. Supongo que la experiencia valdrá la pena. Vuelve pronto que no va a quedar nada de tí. Te tendré que guardar unos pocos buñuelos con chocolate para reponer tanto desgaste. Pero eso no se conserva eternamente… y yo tampoco. ¡Hasta pronto!

  2. begoña Says:

    a veces pareces a patrick süskind, salvando distancias claro esta, espero que como su protagonista no te conviertas en un asesino.

    dicho esto , que sigo aqui, que espero lo sigas disfrutando y relatando lo vivido.

    ciao

  3. Pau Says:

    ENTRAMOS EN EL CENTRO

    Si te vale de consuelo, para llegar al despacho hoy he tenido que pasar TRES CONTROLES de Policías Locales -que, como todo el mundo sabe, son compañeros de Juanjo en el HayUntamiento, pero de los que simulan trabajar- a los que debía acreditar mi condición de residente en la zona para acceder a la Zona 0 Fallera.

    Como no soy residente, se conformaban con la exhibición de una tarjeta de visita -reflexiónese sobre el particular…-, lo que me lleva a haceros el siguiente ofrecimiento:

    Vendo o arriendo durante el periodo fallero tarjetas de visita como salvoconducto para el acceso motorizado al centro. Razón: Aquí. Válido también para otras aglomeraciones tales como Copas América, Formula 1 o Visitas Papales. Se estudiará validez para Finales Coperas en las que no participe el VCF…

    En definitiva, si el tercermundismo de un país se mide por el número de controles… vamos líderes!!!

  4. Cinco meses, cinco paises, cinco grandes momentos « Desde Oniria Says:

    […] trayectos agotadores: – Las 1864 curvas entre Chiang Mai y Mae Hong Son, pasando por Pai – De Don Det a Kratie – De Phnom Penh a Koh Chang – De Khajuraho a Varanasi – De Leh a […]

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