De Agra a Jaipur

Pensativo frente al Taj Mahal.

Pensativo frente al Taj Mahal.

Agra

Una vez escapamos del tren-cárcel fuimos a buscar alojamiento en Agra. Las cerca de once horas en tren de Haridwar a Agra, fueron un continuo ir y venir de vendedores por el pasillo, gritando a pleno pulmón los productos que vendían e impidiendo conciliar el sueño. Tuvimos suerte de ir muy anchos en nuestro vagón (exclusivamente desde el punto de vista comparativo con los demás). En otros vagones, el hacinamiento del pasaje era digno de ver, e indigno de padecer.
Nos alojamos en un hotel muy cercano al Taj Mahal, que se podía ver desde la terraza, mientras se degustaba una aguada cerveza india.

Con Paula, ante el Taj Mahal.

Con Paula, ante el Taj Mahal.

En Agra, cómo no, visitamos el Taj Mahal, del que se dice que es el mayor monumento jamás construido por amor. Además de lo que uno puede leer sobre el Taj Mahal y su historia, una vez visto in situ, desde cerca, y también desde lejos, es aún mas impresionante: en dimensiones, diseño, nobleza de materiales y estado de conservación. También fuimos al fuerte de Agra, donde se dice que encerraron al emperador Shah Jahan hasta el fin de sus días (quien encargó construir el Taj Mahal) y desde el que, para mayor recochineo, podía ver el Taj Mahal por un ventanuco.

Los 4 ante la puerta norte del Taj Mahal.

Los cuatro ante la puerta norte del Taj Mahal.

El mismo día que visitamos el Taj Mahal y el Fuerte de Agra, fuimos a cenar en una terraza en la que nos atendió un camarero mezcla de Igor (el jovencito Frankenstein), asceta y mayordomo de la corte del Maharaja. En un momento dado, “parece que cambia el viento”, y a los pocos minutos nos íbamos de la terraza antes de que se desplomara el chiringuito y nos cayera una buena lluvia. Como era previsible a la vista de la instalación eléctrica en la ciudad, la luz se fue en cuanto cayeron cuatro gotas. Así que cenamos en la penumbra de la planta baja. Y de postre, celebramos el cumpleaños de Romain con lo más parecido a un pastel que encontramos y un par de velitas.

El capitan Romain soplando velitas.

El capitán Romain soplando velitas.

Fatehpur Sikri

Decidimos pasar una noche en Fatehpur Sikri. El tiempo no permitió disfrutar totalmente de la visita. Caímos en un hotel con una plantilla muy amable y con muy baja ocupación: ahora es temporada baja en India. Como hacemos habitualmente, nos pusimos a negociar el precio de las habitaciones para conseguir un descuentillo. En cuanto Paula oyó el precio que nos ofrecían, se le escapó su sonrisa angelical (de oreja a oreja, por lo ridículo del precio), y quedó estancado nuestro poder de negociación.

Jama Masjid (Fatehpur Sikri)

Jama Masjid (Fatehpur Sikri)

Por la noche, durante la cena, quien nosotros interpretamos que sería el “director del hotel”, algo influenciado por la excesiva ingesta de bebidas espirituosas, nos deleitó con un relato sobre las virtudes que ejerce la comida picante sobre el vigor sexual en cuanto a potencia, y sobre todo en cuanto a duración. Según él, el conejito Duracell no es nadie comparado con el indio medio.

Desmantec, S.L.U. patrocina esta foto.

Desmantec, S.L.U. patrocina esta foto.

Jaipur

De Fatehpur Sikri fuimos a Jaipur para cerrar el denominado Triángulo de Oro (se llama igual que donde se juntan Tailandia, Laos y Myanmar). Con ello pisamos nuestro cuarto estado indio: Delhi, Uttarakhand, Uttar Pradesh y Rajasthan.

Palacio de los Vientos (Jaipur)

Palacio de los Vientos (Jaipur)

Aprovechando que Paula llegó bastante pocha a Jaipur, Óscar decidió tirar generosamente de billetera y decidió que íbamos a pasar sus dos últimas noches en India en buenos hoteles. Y por supuesto, visitamos también el Palacio de los Vientos: yo me lo imaginaba más grande.

Jaipur: a las puertas del centro comercial

Jaipur: a las puertas del centro comercial

Como es lógico y normal, aprovechando que era viernes, fuimos al cine. Padecimos una película de Bollywood llamada Royal Utsav. Está supuestamente ambientada en tiempos de Alejandro Magno, y en el Hindustán. Decorados, vestuario y ambientación pecan de horteras. Los rostros de los actores de hieratismo. El sonido y la imagen no siempre iban juntos. Y finalmente se pusieron a cantar y a bailar como si fuera una película de dibujos animados de Disney. Aún no entiendo por qué nos salimos en el intermedio.

Triste adiós

Tras nueve días fabulosos gracias a la grata compañía, había que hacer una despedida en condiciones. Paula y Óscar salen de Jaipur a Delhi en tren a las cinco de la madrugada, para volver por la noche de Delhi a Valencia. Como persona sensible que soy (a la tabarra que da Óscar), decido acompañarles a la estación.
Despertamos al conductor del rickshaw (motocarro versión india), que dormía envuelto en una sábana en el asiento trasero a la puerta del hotel, y fuimos a la estación. Una vez allí, sorteamos a la multitud de personas que dormían en el suelo, miramos los paneles “informativos” apagados, y llegamos al andén sin saber qué tren es el que debían tomar. Preguntamos y nos dicen: “ese” (respuesta india universal). Sobre el tren pone Delhi. “Pues debe ser ese”. Subimos los tres al tren porque “hay tiempo de sobra”. Conseguimos llegar a la zona del vagón donde tenían el billete tras pasar por encima de algunos indios durmientes en el pasillo.
Mientras Paula y Óscar tratan de discernir dónde reposan las mochilas se me ocurre comentar: “parece que el tren se mueve”, pensando que sería una ilusión óptica y que era el tren de al lado el que se movía. Recordemos: “hay tiempo de sobra”. Al ver que la estación también se movía, resolví rápidamente un ejercicio hipotético-deductivo y decidí exclamar un “adiós” y salí por piernas hacia la puerta. En la puerta me topo con un indio envuelto en una sábana a modo de sudario apoyado contra la misma. Decido correr al siguiente vagón, donde aparto a un señor de la puerta a empujones y salto con el tren en marcha. Afortunadamente el tren no iba demasiado rápido (no creo que lo fuera en todo el trayecto). Aun así me tocó dar dos o tres saltitos de gacela sobre el andén para no caer al suelo por la inercia. Por suerte, las estaciones en India son muy largas, y aún encontré andén bajo mis pies para amortiguar el salto.

La despedida ha sido muy original, pero desastrosa, por rápida, y por la carencia de besos, abrazos y apretones de manos que tanto recomiendan los psicólogos modernos y los guionistas de los Teletubbies. Buscando la parte positiva, no he tenido que pasar el amargo trance de derramar lágrimas en público.

Yo vuelvo a salir de la estación, vuelvo a despertar a mi conductor de rickshaw (lo escribo en inglés para hacerme el intelectual), vuelvo al hotel y vuelvo a intentar conciliar el sueño. Me meto en la cama y veo que son las 5:03 h. Teniendo en cuenta que el tren salía a las 5:00, que en India la puntualidad no es considerada una virtud, y que salir antes de hora es ciencia-ficción… ¡Qué raro!

Al cabo de unas horas, ya a bordo del bus que nos lleva a Romain y a mí a Pushkar, recibo un mensaje de texto de Óscar que, en resumen, decía: “Cagada, no era ese tren”. Debo reconocer que estuve un buen rato dándole vueltas a dónde podían estar y qué sería de ellos: no tenía saldo en el teléfono, sólo había recibido un escueto mensaje, y me encontraba encerrado en un bus. Horas más tarde supe que habían llegado a Delhi aproximadamente a la hora prevista.

Salut.

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3 comentarios to “De Agra a Jaipur”

  1. Paula Says:

    Escribo para que los múltiples fans del blog no se preocupen, ya sabemos que Diego se queja por vicio 😉 Llegamos sanos y salvos, y sí, nos equivocamos de tren y sí, casí nos pegamos con los que nosotros pensabamos estaban ocupando nuestros sitios (imaginad la escena, 2 güiris en un vagón lleno de hindús… en fin, como para haber salido escaldados!) Pero no, muy amablemente nos indicaron que en la siguiente estación podíamos bajar y que el próximo tren era el nuestro pffff

    B7s

  2. MORERA OSCAR Says:

    Desde mi comodo sillon de despacho, decirte que muchas gracias por esta experiencia no hay palabras para describir este viaje, momentos buenos y duros nunca malos.

    Ahora me doy cuenta de muchas de las cosas de nuestra vida cotidiana que no le damos ninguna importancia debido a la vida tan comoda que llevamos.

    Desde aqui decir en favor de Diego que es el tio mas grande que he conocido, yo no me he quejado de nada en este viaje( bueno un poco pero poco) y Diego no se ha quejado de mi tabarra diaria.

    Decirte que hemos llegado sanos y salvos y que he triunfado con mi ropa india.

    Espero noticias tuyas y un saludo al CAPITAN ROMAIN que tambien vale un mundo.

    Espero que no toques mi comentario.

    POSDATA falta la foto soplando las velas Romain

    Un beso y un abrazo de la famialia MORERA FERNANDEZ que te quieren con uno de ellos.

    Cuidate y espero que cuelgues mas fotos seguire dando mis impresiones de este viaje sino te importa.

  3. Cinco meses, cinco paises, cinco grandes momentos « Desde Oniria Says:

    […] clasicos imprescindibles: – Encontrarme con un catalan de Blanes – Templos de Angkor – Taj Mahal – Varanasi – Hacer un trekking en […]

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