En camello por el Desierto del Thar

 

Jaisalmer: una calle cualquiera dentro del fuerte.

Jaisalmer: una calle cualquiera dentro del fuerte.

 

Jaisalmer

Jaisalmer, la ciudad dorada, es el punto más al oeste de mi viaje. Está a unos 100 km. de la frontera con Pakistán, a las puertas del desierto del Thar. Es una ciudad pequeña y tranquila en la que predomina el color amarillo desierto, y cuya silueta está dominada, cómo no, por el fuerte. La colina sobre la que se asienta, constituye una defensa natural perfecta, con sólo una puerta de entrada. Este fuerte alberga parte de la ciudad en su interior, con casas, hoteles, restaurantes y tiendas. El fuerte corre serio peligro de derrumbamiento por lo arenoso del suelo y el actual exceso de consumo de agua en el interior.

Desierto del Thar

Desde Jaisalmer lo que procede es apuntarse a un safari en camello por el desierto del Thar. Tras buscar y comparar, nos enrolamos en un safari de 2 días. Nos llevaron en coche a Tom, Romain y a mí a algun lugar del desierto, a unos 50 kilómetros de Jaisalmer, donde nos esperaban 3 camellos en el medio de la nada. Y allí que nos subimos, un inglés, un francés y un español, cada uno sobre nuestro camello, junto a 2 guías indios. Cada uno de los tres con la barba de un color, parecíamos los Reyes Magos.

Tapate bien, no cojas frio.

Tápate bien, no cojas frío.

En el desierto del Thar se ven matorrales, cactus y algunos árboles. También esas grandes bolas de matorral seco que se ven rodar cuando hay viento en las películas del oeste americano. Es muy habitual ver, desde casi cualquier lugar, molinos de viento para obtener energía eólica. No nos hemos encontrado ninguna serpiente, pero sí hemos visto camellos en libertad, antílopes, pájaros, cabras, ratones, lagartos, escarabajos, y por supuesto, hormigas.

De cuando en cuando parábamos en algún pueblo. En el desierto, por lo visto estos dias, el concepto “pueblo” abarca agrupaciones de entre una y treinta casas. Así que, nos sentábamos en una sombra en una casa, o tras un matorral, para descansar unos minutos del viaje en camello.

Casa en el desierto.

Casa en el desierto.

A mediodía parábamos a la sombra de un árbol a comer la deliciosa comida vegetariana “poco picante” que nos prepararon los guías, aderezado con un té y el agua que nosotros mismos transportábamos. A estas alturas el agua ya estaba terriblemete caliente, pero nos la bebimos, siguiendo la milenaria filosofía de “es lo que hay”. La comida se come sin cubiertos, con la mano derecha, y sentados sobre el suelo. Es conveniente comer rápido, especialmente en días de viento, a fin de evitar que la comida vaya adquiriendo una consistencia cada vez más crujiente.

La parada a comer, era de entre 3 y 4 horas, ya que la temperatura al sol es insufrible a mediodía. Y también a la sombra, pero un poco menos. Así que de postre tuvimos siesta, acostados en una tela de saco dispuesta sobre un manto de arena y heces de cabra y camello. La siesta concluyó cuando una cabra (¡la madre que la parió!), decidió pasearse sobre nosotros.

Durante la pausa para comer, liberan a los camellos de la silla de montar y del resto de la carga, pero para que no se vayan lejos (lo que puede suceder si ven a una hembra), les atan las patas. Es curioso ver cómo un camello anda como si imitara a un pingüino.

Pose clasica sobre las dunas del desierto del Thar.

Pose clásica sobre las dunas del desierto del Thar.

Pose revolucionaria sobre las dunas del desierto del Thar.

Pose revolucionaria sobre las dunas del desierto del Thar.

Concluimos el día en unas dunas sin vegetación, que recuerdan un poco a las que hay en el Sahara. Allí cenamos y dormimos. Antes de cenar, mientras veíamos el atardecer, divisamos en la lejanía, la silueta de un hombre que venía hacia nosotros. Después supimos que venía andando 10 km. desde su pueblo para vendernos cerveza, agua y refrescos a precio de desierto.

Por la noche los guías estuvieron un rato cantando y tocando bajo las estrellas. Fue una noche sin luna, y con muchísimas estrellas. Sumido en la contemplación de la bóveda celeste vi una estrella fugaz, y pedí el consiguiente deseo. Ahora falta poner de mi parte para que se cumpla, que, si uno no juega a la lotería, es imposible que toque.

Anochecer sobre las dunas del desierto del Thar (pose clasica).

Anochecer sobre las dunas del desierto del Thar (pose clásica).

Anochecer sobre las dunas del desierto del Thar (pose revolucionaria).

Anochecer sobre las dunas del desierto del Thar (pose revolucionaria).

Dicen que en el desierto por la noche hace mucho frío, y que si uno saca la media entre las temperaturas del día y de la noche, en promedio se está a gusto. No fue el caso. Por la noche hacía calor, pero no tanto como durante el día. Se podía dormir agradablemente al raso con una pequeña manta. Y lo mejor de todo: sin ruido, lo cual constituye un lujo al alcance de muy pocos en India.

Desierto del Thar: Mi vehiculo al amanecer.

Desierto del Thar: Mi vehículo al amanecer.

El segundo día vimos amanecer en las dunas mientras desayunábamos. Fue aún más caluroso que el primero. Cuando paramos a comer, el abrasador viento sobre la piel daba aún más sensación de calor.

Tras dos días en el desierto, y entre 8 y 10 horas a lomos de un camello, nos subimos al primer vehículo a motor que vimos en este tiempo, que nos devolvió a Jaisalmer con una botella de agua fría en la mano.

Salut.

J Lo y la Clinica Podologica Lopez patrocinan esta foto.

J Lo y la Clinica Podológica López patrocinan esta foto.

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5 comentarios to “En camello por el Desierto del Thar”

  1. noemi Says:

    Me encanta cuando te sale la vena payaso.oye en quieres ser millonario cuando se pide el comodin del publico se muestra una estadistica con los resultados ¿sabes?.cuidate,besitos.

  2. amparin Says:

    lo cierto es que siempre lo pienso y nunca me acuerdo de decirtelo! A VER SI CAMBIAMOS DE POSE en las fotos! jeje que guay tus crónicas.. ya decidiste what’s next?

  3. Alejandro Says:

    dique no diego, que sin tu pose nop sera lo mismo, esta bien que añadas alguna, pero la tipica es la tuya

  4. Pangong Tso « Desde Oniria Says:

    […] a haber tenido que limpiar la cama de escarabajos (muchos menos que los que habia donde dormi en el desierto del Thar), no tuve problemas para conciliar el sueño y estar dispuesto a pasear a la orilla del frio lago a […]

  5. Cinco meses, cinco paises, cinco grandes momentos « Desde Oniria Says:

    […] experiencias animales: – Paseo a lomos de un elefante – Templo de los Tigres – Dos dias a camello por el Desierto del Thar – Templo de las Ratas – Correr perseguido por un […]

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