De Varanasi a Pokhara, de India a Nepal

Como a Romain le caducaba el visado indio, y no creyó oportuno permanecer ilegalmente en el país, decidimos marcharnos de India. En realidad, me he quedado con ganas de prolongar mi estancia en Varanasi, y en India en general. Hablando con Miquel sobre nuestros itinerarios previstos, es posible que nos veamos otra vez el próximo mes de Junio en India. Si no hay grandes imprevistos, mi intención es volver dentro de varias semanas a India, cuando Romain ponga rumbo a Francia.

Con la esperanza de que por fin se acabe el verano, tras tres meses y medio de permanente canícula, salimos de Varanasi rumbo al norte, hacia la frontera con Nepal. Tomamos un tren a Gorakhpur. La sensación al bajar del tren fue tan caótica como en tantos otros lugares de India. Nos dio tiempo a ver cómo una policía azotaba un golpe con su porra de bambú a alguien que cometió la osadía de estar de pie por donde ella pasaba. De camino a la estación de autobuses, nos encontramos con un jeep que iba a Sonauli, junto a la frontera nepalí, y decidimos escapar de la ciudad en él.

En Sonauli, atravesamos la frontera en ciclo-rickshaw, parando en la precaria caseta de inmigración india en Sonauli, y en la nepalí de Belahiya. La frontera es una bulliciosa calle llena de gente y vehículos que la cruzan sin mayor problema, ya que indios y nepalíes no necesitan visado.

Nos alojamos a cuatro kilómetros de allí en Bhairahawa, un pueblo que más bien parece una carretera flanqueada por casas. Un lugar en el que no había absolutamente nada que hacer, exceptuando la aclimatacion al “jet lag”. Hay un cambio de quince minutos respecto a India, algo aparentemente absurdo, y en realidad también.

Al día siguiente, tan pronto como nos fue posible, huimos del lugar en un bus que dijeron que nos llevaría a Pokhara en siete horas. El autocar, cutre y lleno, en algunos momentos con gente de pie en el pasillo y sobre el techo, era una maravilla respecto a los indios. Tanto en comodidad de los asientos como en densidad de pasajeros. Al cabo de una hora comenzaron las curvas y las cuestas, para nunca acabar. Un trazado que invitaba a la contemplación del paisaje, y no a la lectura.

La sensación de cerebro centrifugado me impidió certificar si el récord de las 1864 curvas entre Chiang Mai y Mae Hong Son había sido superado. Pronto, el sonido envolvente de las arcadas invadió el autocar. Después llegó el reparto de bolsas de plástico, haciéndome sentir en un “déjà vu” recordando Laos.

Tras nueve horas de viaje, llegamos a Pokhara, donde habíamos quedado con Pierre, un amigo de Romain. Pierre nos había reservado ya una habitación cercana al lago con vistas al Annapurna.

De momento nos estamos dedicando a disfrutar de la tranquilidad, la temperatura primaveral y preparando un trekking facilito para los próximos días.

Salut.

Habitacion con vistas: Annapurna I (8091 m) y Machhapuchhre (6093 m)

Habitación con vistas: Annapurna I (8091 m) y Machhapuchhre (6993 m)

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