El Everest jamás visto

Bhaktapur: Potter's Square

Bhaktapur: Potter's Square

Huelga en Bhaktapur

La jornada de huelga en Bhaktapur amaneció soleada. A priori, un día ideal para pasear por las tranquilas calles de la ciudad. La noche anterior nos habían advertido de que todo estaría cerrado, pero que el restaurante del hotel abriría solamente para los clientes alojados. Por la mañana comprobamos que era cierto, y los comercios permanecían todos cerrados a cal y canto. La excepción fue la plaza de los artesanos de la cerámica, donde se trabajaba a buen ritmo. También abrió un cibercafé, por lo que intuyo que, en buena lógica, internet debe considerarse un servicio básico. Además de la inactividad comercial, apenas vimos mas síntomas de huelga: varias personas portando banderas y un grupo vestido con un chandal de “Juventudes Revolucionarias”. Todo ello, unido a una menor afluencia de vehículos, hizo que la ciudad estuviese todavía más tranquila que los días anteriores.

Nagarkot

Partimos de Bhaktapur a Nagarkot, a tan sólo veinte kilómetros (o una hora) de distancia. Nagarkot en sí no tiene nada de especial. Es su situación privilegiada la que le permite tener unas magníficas vistas que lo convierten en un punto a visitar. En días en que la vista es muy nítida, con suerte, se pueden llegar a ver cinco “ochomiles”: Annapurna I, Manaslu, Sisha Pangma, Cho Oyu y el mítico Everest. Esta época del año no es la ideal para tener buenas vistas, y no hubo tanta suerte como cuando fui al Campamento Base del Annapurna. Las montañas estuvieron cubiertas de nubes todo el día, y un chaparrón se encargó de recordar que el monzón ya está aquí.

Escuela en Nagarkot: atencion al sistema de vara y paraguazo para devolver a los alumnos al redil.

Escuela en Nagarkot: atención al sistema de vara y paraguazo para devolver a los alumnos al redil.

Acabamos el día en el restaurante del hotel con vistas (cuando las hay). Más de una hora de nuestra estancia estuvo amenizada por un monótono y solitario rezo del propietario del lugar ante un pequeño altar apoyado sobre una columna. Afortunadamente entonaba muy bien, con lo que la letanía de fondo no supuso molestia alguna. Me fui a dormir deseando que entre sus plegarias hubiese incluido el deseo de que el día siguiente fuese claro, y pudiéramos disfrutar de una hermosa vista del Everest y su cordillera. Hay que tener en cuenta que poner el despertador a las cinco de la mañana para ver un montón de nubes, no es una de mis aficiones favoritas.

A la mañana siguiente, el dia amaneció brumoso y soleado. La niebla pudo con el sol, y poco después todo el valle estaba cubierto, incluyéndonos a nosotros. Por tanto, no vimos ninguno de los ochomiles, Ni siquiera el Sisha Pangma, como atisbamos el día anterior. Tras la decepción, llegó el momento de partir a Katmandú. Esta vez para quedarnos unos días, y conocer la ciudad.

Salut.

Ahi deberian estar el Cho Oyu y el Everest.

Ahi deberían estar el Cho Oyu y el Everest.

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4 comentarios to “El Everest jamás visto”

  1. Dr. J Says:

    ¿De qué tiene forma esa nube?

  2. Michel Says:

    Wow, es cierto! La nube tiene forma de cara humana!!! Un tío con gafas…!

  3. Kathmandu « Desde Oniria Says:

    […] Desde Oniria Aquí estoy, mamá « El Everest jamas visto […]

  4. Cuestion postural « Desde Oniria Says:

    […] Saber mas sobre la opcion D […]

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