Katmandú

Una vez llegamos a Katmandú, la capital de Nepal, buscamos instalarnos en un lugar céntrico pero tranquilo. Gracias a las recomendaciones de Pierre, que ya estuvo aquí, lo conseguimos. Esta vez ha sido la primera ocasión desde hace más de tres semanas que no tenemos vistas a la montaña desde la habitación. Cosas de la gran capital.

Katmandú, como buena capital, es el lugar más multitudinario, sucio, ruidoso y caótico que me he encontrado desde la llegada a Nepal. Lo cual aprovecharé como una suave introducción a mi inminente regreso a India.

Como nos quedan varios dias en Katmandú, hemos decidido espaciar las visitas.
El primer día decidimos ir a Swayambhunath (el Templo de los Monos). Nos pusimos en camino, pero nos equivocamos, y acabamos en la plaza Durbar, que era donde pretendíamos ir al día siguiente. Ya que estábamos, aprovechamos para empaparnos de la cultura y monumentalidad de la plaza. En este caso, mucho más concurrida que su homónima de Bhaktapur. En la plaza se encuentra, entre otros monumentos, el Kumari Bahal (el palacio de la Kumari). La Kumari es considerada la única diosa viviente. Se trata de una niña, cuidadosamente seleccionada, de entre cuatro y trece años, que vive recluida en el palacio (excepto las festividades religiosas) durante su vida como diosa. Su vida como diosa acaba al mismo tiempo que su vida como niña, con su primera menstruación. Su vida como mujer empieza con su descenso de los altares a la vida terrenal con el resto de los mortales, en la que la creencia popular dice que da mala suerte casarse con una ex-Kumari.

Kathmandu: a estas ventanas se asoma la Kumari.

Katmandú: a estas ventanas se asoma la Kumari.

Se puede acceder al palacio y fotografiar las ventanas desde las que la Kumari se asoma, pero está estrictamente prohibido fotografiar a la Kumari. También se puede ver a la Kumari. Para ello hay que contratar a un guía, y que este le pida a la Kumari, previo pago, que se asome. Dato escéptico-curioso: los guías venden postales de la Kumari a precio de amigo. Nuevamente me topo con que la cruda realidad insiste en mostrarme la excesiva afinidad entre la espiritualidad y el maldito parné en muchos lugares del mundo. Es de perogrullo comentar que la visión que tuve de la Kumari fue similar a la que tuve del Everest.

Kathmandu: Plaza Durbar

Katmandú: Plaza Durbar

Tras la plaza Durbar, decidimos perdernos por las callejuelas del viejo Katmandú. Dicho objetivo, dada la experiencia acumulada estos últimos meses, fue cumplido con creces. A cambio obtuvimos como recompensa un impagable recorrido por los mercados locales.
Por la tarde nos encontramos con un mensaje de la familia indo-franco-alemana con la que compartimos unos días a ambas orillas del lago de Pokhara, diciendo que también estaban en Katmandú. Fuimos a verlos a su hotel en una fugaz, aunque emotiva visita.

Kathmandu: detalle de Swayambhunath

Katmandú: detalle de Swayambhunath

Al día siguiente nos volvimos a enfrentar al reto de llegar al Templo de los Monos. Nos planteamos la opción de ir en taxi, para ir a lo seguro. También la posibilidad de intentar ir a la plaza Durbar, y acabar llegando por error al lugar deseado. Finalmente optamos por la opción de intentar ir directamente y a pie. Con un poco de suerte nos perderíamos y nos toparíamos con algún rincón con encanto de la ciudad. No fue así: llegamos como si conociéramos el camino de antemano. El Templo de los Monos tiene una estupa en lo alto de una colina desde la que los Ojos de Buda contemplan la ciudad de Katmandú. Por la zona deambulan monos que se dedican a robar comida a los incautos turistas, mayoritariamente nepalíes.

Kathmandu: Paloma en las manos de Buda en Swayambhunath

Katmandú: Paloma en las manos de Buda en Swayambhunath

Otro día de visitas religioso-culturales en Katmandú nos llevó al templo hindú de Pashupatinath. El acceso al templo en sí esta vedado a los no hindúes, y sólo se visitan los alrededores. Probablemente lo más llamativo sean los ghats de cremación a orillas del río Bagmati, afluente del Ganges. No es tan espectacular como los ghats de cremación de Varanasi, y de mucho menor tamaño. En este caso se ven más de cerca (y sigue siendo impresionante) los cadáveres en proceso de incineración o a punto de ser incinerados. Considero de mal gusto recrearme en la descripción del aroma del humo procedente de la cremación de cadáveres, así que no voy a seguir por ahí.
El siguiente punto religioso-cultural de la jornada fue la visita a la estupa de Bodhnath. Probablemente sea la imagen más conocida de la ciudad de Katmandú. Se trata de una de las estupas más grandes del mundo, que ocupa el centro de una gran plaza a rebosar de peregrinos budistas y turistas dando vueltas a su alredededor en el sentido de las agujas del reloj, como debe ser.

Salut.

Kathmandu: estupa de Bodhnath

Katmandú: estupa de Bodhnath

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2 comentarios to “Katmandú”

  1. noemi Says:

    no tubimos bastante con las ratas,ahora nos tenias que mandar palomas…bueno ¿es o no es una experiencia religiosa?Oscar se muere por volver a la India ¿tan alucinante es?

  2. Salvador Says:

    Vaya, veo que no has podido venir a votar para las europeas. Aunque si te sirve de consuelo, a mí también me pilló lejos… en Aielo.

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