A la caza del esquirol

Paisaje arido de Leh con el Himalaya de fondo.

Paisaje árido de Leh con el Himalaya de fondo.

Recientemente, Pierre me preguntó cómo se me ocurrió la idea de venir a Leh. Yo no le supe responder, ni siquiera de modo incoherente. No me acuerdo de dónde, cómo, ni por qué surgió la idea. Conclusión: estamos en Leh.

El lugar donde me encuentro es poco conocido más allá de las fronteras indias, así que voy a tratar de situarlo. Leh es la capital de la región de Ladakh, que a su vez forma parte del estado de Jammu y Cachemira, el más septentrional de India, fronterizo con Pakistán y China. Según los datos de mi guía, en la región de Ladakh viven unas cien mil personas, cantidad insignificante en un país que alberga a más del 15% de la población mundial. Y además hay destinados ciento cincuenta mil militares. Si bien es cierto que, viendo la fiabilidad de los datos del “aeropuerto más alto del mundo”, la exactitud de la guía queda en entredicho.

Leh está entre el Himalaya y el Karakorum, a escasos kilómetros del mítico río Indo. El paisaje es árido, y seco como la mojama. La ciudad está encerrada en un valle de aspecto lunar, y tras las montañas secas se ven los picos nevados. Es como si pocos kilómetros detrás del Puig Campana hubieran puesto los Alpes, pero además describiendo un círculo de 360º, constituyendo un paisaje espectacular. El hecho de estar tan encerrado entre montañas, provoca que Ladakh esté protegido del monzon que afecta a gran parte de Asia. El frío es otra de las características del lugar. A mí me está tocando vivir ahora, en pleno mes de junio, el invierno europeo del que huí en enero pasado. Me está bien empleado, por tratar de eludir los inescrutables designios de la madre naturaleza.

Ladakh es una zona remota y aislada del resto de India, a la que durante el larguísimo invierno, sólo se puede acceder en avión. Hay zonas a las que está prohibido el acceso a los turistas. De Leh al valle de Nubra, se va por la carretera transitable por vehículos a motor más alta del mundo. La segunda es la que lleva de Leh a Manali. Oficialmente esta carretera sólo abre dos meses al año, si bien la realidad es que, a menos que sea un año especialmente frío, puede llegar a abrir entre tres y cinco meses. Ahora, que es el principio de la breve temporada turística de Ladakh, ya está abierta. Como sólo compré el billete de ida a Leh, debo esperar que la carretera a Manali permanezca abierta para poder ir hacia el sur. La otra alternativa, menos tentadora si cabe, es dar la vuelta por Srinagar, junto a la frontera con Pakistán, en plena Cachemira. Pero ahora es pronto para preocuparse por eso. Afrontaré la situación uno o dos días antes, como los estudiantes que no se aplican hasta la víspera del examen.

Palacio sobre Leh, y Monasterio sobre el Palacio.

Palacio sobre Leh, y Monasterio sobre el Palacio.

En Ladakh se me olvida a menudo que estoy en India. El aspecto de los habitantes es mayoritariamente tibetano, y la religión predominante es el budismo, seguida del islam. También hay hindúes y cristianos, pero se les ve mucho menos. Una peculiaridad del lugar son las enormes colas, de entre media hora y una hora, a las puertas de los cajeros automáticos, como quien espera la cartilla de racionamiento.

En Nepal había poca variedad gastronómica autóctona, además de no ser especialmente sabrosa ni barata. Recurrí más de lo deseable a comer pasta, pizza y hamburguesa. En Leh, en cambio, me he vuelto a reencontrar con la variedad de la gastronomía india, además de la tibetana y de Cachemira. Esto ha constituido un deleite para mi paladar, aunque mi estómago no esté totalmente de acuerdo, proteste y lo considere una tortura. Constantemente dudo a cuál de los dos dar prioridad en este conflicto palatoestomacal, pero preferiría, por mi bien, dejar a ambas partes contentas.

Al llegar a Leh nos alojamos en el primer hotel que encontramos. Tuvimos una habitación muy amplia y luminosa, pero el nivel de higiene era escaso. Cuando llegamos “limpiaron” la habitación. La “limpieza” consistió en levantar con una escoba el abundante polvo de la alfombra y así desplazarlo de lugar, constituyendo un ecosistema ideal para todo tipo de ácaros. Al día siguiente nos cambiamos a otro hotel aparentemente más limpio. La alfombra también era apta para ácaros, pero no constituía un ecosistema perfecto, como en el caso anterior. El baño está más limpio, o al menos no es tan luminoso. Todos sabemos que la carencia de luz es ideal para ocultar un gran número de miserias. (Es el mismo principio por el que hay quien se lamenta a la mañana siguiente de haber ligado en una discoteca). De la habitación, prefiero quedarme con el recuerdo de la vista de las montañas. Las áridas, y las nevadas.

Palacio de Leh

Palacio de Leh

La ciudad de Leh está dominada por el palacio situado en la ladera de la montaña. Perteneció a la familia real de Ladakh y dicen que es como el palacio de Potala, en Lhasa, a pequeña escala. Considero que es una apreciación bastante matizable. Más arriba todavía, pensado para dejar sin respiración al turista aún no aclimatado a la altitud, está el Namgyal Tsemo Gompa, un monasterio budista con vistas impresionantes.

Además de visitas culturales y tratar de aclimatarnos suavemente a la altitud, nos estamos dedicando a buscar un trekking. Hemos encontrado a dos personas que también están interesadas en hacer un trekking breve, de unos cuatro días. Ahora debemos encontrar el equipamiento adecuado que nos falta y decidirnos.

Leh: como en toda huelga, esta el miron y el que tira la piedra y esconde la mano.

Leh: como en toda huelga, esta el mirón y el que tira la piedra y esconde la mano.

Huelga

Mientras desayunábamos tranquilamente, vimos que el dueño del local bajaba la persiana. Nos dijo que acababa de enterarse de que había huelga, y que todos los comercios estaban cerrando. Poco después comprobamos que era cierto. Tras pasear por los alrededores de la ciudad, volvimos a Leh con la esperanza de que la huelga sólo hubiese durado unas horas. Seguía todo cerrado. Fuimos paseando por la ciudad hasta que encontramos unos esquiroles que tenían su restaurante abierto, y a reventar de turistas. Tomamos un té, y cuando nos decidimos a pedir la comida, nos dijeron que acababan de venir los piquetes a informarles de que debían cerrar, y nos pidieron a todos que abandonáramos el local. Viendo el panorama, con todos los establecimientos cerrados, y sin poder comer, se mascaba la tragedia. Y las perspectivas eran de no mascar nada más en todo el día. Volvimos al hotel y preguntamos dónde podíamos comer algo. La amable señora salió a preguntar a los dueños de establecimientos vecinos sin éxito. A su vuelta nos ofreció prepararnos tortilla, pan y té, que fueron nuestra salvación.

A la mañana siguiente descubrimos que la huelga continuaba, aunque conseguimos desayunar temprano en el local de los esquiroles del día anterior. Por un lado, nos dijeron que la huelga era de dos días, y por otro que era una huelga indefinida. Si ellos, no la definen, la definiré yo: una putada. Todas las tiendas y restaurantes seguían cerrados. Sólo abrieron algunas agencias de viajes y cibercafés. (Curioso concepto de servicios mínimos). Aparentemente, podremos contratar un trekking, pero sin proveernos de todo el material necesario no tiene mucho sentido. Al menos tenemos internet para contarlo.

Salut.

Leh: pensando la manera de atacar el Himalaya

Leh: pensando la manera de atacar el Himalaya

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2 comentarios to “A la caza del esquirol”

  1. María José Says:

    Me ha gustado mucho el relato de Leh, y las fotos. Es un cambio muy grande de “ecosistema”.
    La cola del cajero ¿ es porque no tienen prisa, dinero , o porque lo hacen todo manual, incluidos los billetes ?
    Cuídate
    María José

  2. Romain Says:

    Hola companiero ( ???)
    je ne suis pas sûr pour ce mot là !!
    Je suis arrivé chez ma mère dans la drôme et je la revois ce soir
    Emotion …
    Et vous alors comment cela se passe?
    Je ne peux pas lire ton blog mais je sais que vous allez au sommet !!
    Heureusement que vous ne devez pas trainer le petit francais de tonpellier!!
    Je suis assez content d’être rentré et je suis pris a l’IUFM mais à Nîmes
    J’attends les réponses de Lyon et Toulouse

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