Y hasta aquí hemos subido

Buscando un trekking diferente a lo hecho anteriormente, encontramos uno que parecía interesante. Se trata de un trekking que llega a la cima del Stok Kangri, a 6123 m. de altura (unos 122 Migueletes o 12 Montgós). Es un reto arriesgado, desde el punto de vista de la posibilidad de padecer mal de altura, pero relativamente fácil desde el punto de vista técnico.

A la puerta de la agencia nos encontramos con cierto alboroto, principalmente mirones, y unos lanzamientos de piedras y vegetales voladores, provenientes de una tienda que decidió no cerrar en día de huelga. Finalmente, nos atrevimos a entrar a la agencia y acabamos apuntándonos 7 personas al trekking, cada uno de su padre y de su madre. Estuvimos cerca de 2 horas discutiendo condiciones y comprobando la equipación de la que podían proveernos, ya que las tiendas estaban cerradas por la huelga indefinida, pero definible.

En el intervalo de tiempo que pasamos en la agencia, dieron por terminada la huelga, y las tiendas fueron reabriendo poco a poco. Rápidamente fuimos a buscar el equipamiento que nos faltaba para el trekking. Estando en la primera tienda oí que gritaban mi nombre. Era Miquel sobre su Royal Enfield, con la que habia tardado 4 días en llegar desde Manali. Fue una alegría reencontrarnos después de vernos por ultima vez en Varanasi, hace más de un mes. Miquel tuvo el detallazo de dejarme la chaqueta y los pantalones para la nieve que necesitaba, y que le salvaron de la congelación en el trayecto entre Manali y Leh. Estaba cansadísimo del viaje, y no pudo ni plantearse unirse a nosotros en el trekking.

Stok Kangri

Al día siguiente, con una hora y media de retraso, tomamos el minibús a Stok, al otro lado del río Indo. Allí nos pidieron los pasaportes y nuestro permiso de acceso al Stok Kangri, y comenzamos a andar. El primer día hicimos un recorrido breve, de unas 4 horas, para dormir a 4000 m. de altura e ir aclimatándonos poco a poco. Atravesamos un paisaje árido y nos cayó un poco de nieve. El guía que nos acompañaba había trasnochado más de la cuenta, y la resaca que llevaba encima hacía que nos lo dejáramos atrás de cuando en cuando, pero finalmente llegamos todos al destino. Gran parte del día la pasamos en el campamento junto al río charlando, jugando a cartas y elaborando teorías geológicas sobre lo visto durante el recorrido. La expedición se componia de 7 guiris, un guía resacoso, cocineros, caballos (que ejercían de porteadores) y su cuidador.

El paisaje no tenía ningún arbol, y muy poca vegetación. Vimos pocos animales dignos de mención: marmotas del Himalaya, unos bóvidos cruce entre vaca y yak que constituyen un hirsuto productor de leche, y un grupo de más de 50 cabras en un risco.

Cabras en el risco.

Cabras en el risco.

En el campamento hay una tienda que hace de bar y centro social y comercial. Algo más alejada hay una pequeña caseta que hace las funciones de defecadero, consistente en un agujero al que llamar tigre constituiría concederle un inmerecido honor. Al intentar llegar a él, me sobrevinieron unas arcadas comparables en dimensiones a la del puente homónimo sobre el Clariano. Enseñanza del día: eso que dice el cancionero popular sobre que las heces del monte no hieden, es falso. Otro pilar básico de mi educación que se derrumba.

Entra y acuclillate, que hay unas vistas que te cagas.

Entra y acuclíllate, que hay unas vistas que te cagas.

Una parte muy positiva del día, y de todo el trekking, fue la comida, por cantidad, calidad y variedad. Y porque había chocolate, claro. Por la noche en la tienda, apenas pude conciliar el sueño. A la mañana siguiente, vi que era lo mismo que le había sucedido a todo el mundo, y culpamos a la altitud de nuestro insomnio.

Como el burro de San Vicente, que lleva carga y no la siente.

Como el burro de San Vicente, que lleva carga y no la siente.

El segundo día anduvimos menos todavía que el primero, ya que debíamos dormir en el campamento base del Stok Kangri, unos 1000 m. más alto que el anterior, a unos 4960 m. Para prevenir el mal de altura, se recomienda dormir a una altura inferior a la máxima alcanzada durante el día. Como habíamos andado poco, decidimos subir a 5300 m., permanecer allí unos minutos divisando nuestro objetivo final bajo una incómoda nevada y volver al campamento base. Durante este día nevó mucho, lo que podía hacer peligrar nuestra ascensión final, pero al final se arregló un poco.

Redescendiendo al Campamento Base de la aclimatacion.

Redescendiendo al Campamento Base de la aclimatación.

REcuperando energias en el Campamento Base del Stok Kangri.

Recuperando energías en el Campamento Base del Stok Kangri.

A media tarde, sobre las 6, a plena luz del día, nos acostamos rebosantes de optimismo. A la una de la madrugada, tras no haber pegado ojo una vez más, nos trajeron un té a la puerta de la tienda de campaña. Es lo más parecido a un room service que he vivido durante el viaje. Nos tomamos el té y nos pusimos en ruta. Subimos 6 de los 7 de la expedición. La única mujer del grupo decidió no salir. También venía otro chico, que inicialmente no pertenecía a nuestro grupo, con su guía. Llevábamos nuestras botas de nieve, piolet, linterna frontal (como los mineros), unos guantes de nieve casi tan largos como los de Gilda y unos crampones en la mochila para cuando fuera necesario. Poco después ya andábamos sobre la nieve. El guía iba literalmente abriendo camino, creando cada paso en la nieve virgen dándole varios puntapiés. La ascensión se iba haciendo dura. Hubo un momento en el que nuestro guía dijo que estaba cansado, y dejó paso al otro guía, para que fuera él quien abriera camino. Pese al cansancio y la oscuridad, pude observar que andábamos por una empinada ladera, cuya pendiente llegaba a superar los 45º. Las pisadas en la nieve, se hundían en algún caso hasta 40 centímetros. Incomprensiblemente recorrimos este tramo sin encordarnos.

Cuando estábamos a 5500 m. y -7ºC, y el agua que se suponía que debíamos beber ya contenía cubitos, mi fatiga era extrema. En un momento de lucidez, tres de los siete guiris decidimos volver, fuera por cansancio o por frío. No mucho tiempo más tarde, los que habían decidido continuar la ascensión nos adelantaron. Dieron la vuelta porque las condiciones no eran las adecuadas. ¡Deberíamos haber comenzado la expedición más temprano!

A mí el regreso se me hacía cada vez más complicado. Estaba literalmente extenuado. Tuve que hincar la rodilla en el suelo en numerosas ocasiones, y llegué incluso a caer a causa de la fatiga. Cuando caía, tenía la precaución de inclinarme hacia el lado ascendente de la ladera, para no rodar trágicamente. Al final del tramo cubierto por la nieve ya me había quedado solo con el guía, que me dijo que tomara chocolate para reponer energías. Obedecí sin rechistar.

A medida que amanecia, a mi se me hacia mas de noche.

A medida que amanecía, a mí se me hacía más de noche.

Cuando conseguí llegar al campamento base de nuevo, dormí por fin. Una hora después me despertaron para comer, y me levanté con un terrible dolor de cabeza, y no conseguí comer nada. Tratándose de mí, la ausencia total de apetito puede considerarse muy preocupante. En el grupo se debatía la posibilidad de regresar anticipadamente o al día siguiente, como estaba previsto. Yo me veía incapaz de dar un paso mas, y me tomé uno de los paracetamoles que me dio mi farmacéutico de cabecera antes de salir de Valencia, y me acosté de nuevo. Al cabo de un rato se asomó a mi tienda un señor indio que viajaba con su hija, expertos montañeros, con los que hablamos los días anteriores. Me hizo unas pocas preguntas y rápidamente concluyó que padecía mal de altura. Estaba padeciendo los primeros síntomas (cansancio extremo, falta de apetito y dolor de cabeza), pero no tenía todavía otros (nauseas, mareos, falta de coordinación o de razonamiento). Me insistió en que bajara lo antes posible, a pie o a caballo, antes de que aparecieran los siguientes síntomas. Si no lo hacía, la situación se agravaría y por la tarde ya sería incapaz de volver. Le hice caso, y tras beber mucha agua y comer varias barras de chocolate, tan sólo 200 ó 300 metros más abajo, estaba como nuevo. Simplemente algo más cansado de lo normal. No sólo bajé al campamento anterior, sino que llegué a Stok por mi propio pie.

Esta experiencia me ha servido para conocer que mi límite está entre los 5300 y los 5500 m. de altura (unos 110 Migueletes o 7 Montgós). Algo que de otra manera no hubiese podido averiguar. También para saber que jamás podré intentar imitar a los grandes como Edurne o Juanito.

La noche de mi regreso a Leh es la que más he dormido desde que comencé el viaje.

Salut.

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12 comentarios to “Y hasta aquí hemos subido”

  1. FLOR Says:

    También te ha servido para aprender la lección más importante y que nunca debes olvidar: estes donde estes, las mujeres somos siempre las que más sentido común tenemos.
    Si, si, mal de altura…¿estás seguro de que no lo hiciste para comer un poco más de chocolate?
    Besos.

  2. Alba Says:

    Hola!

    Potser em vaig perdre la informació del Miquel i la seva Royal Enfield, però he tingut que buscar al google què carai era això! la curiositat em podia…
    N’he trobat una imatge fantàstica que m’ha descrit ràpidament l’artefacte. Que xula, eh! Potser tenia ganes de semblar el Che Guevara durant les seves aventures sudamericanes…quins txanes esteu fets…

  3. Angeles Says:

    Diego, por favor, no me asustes y no subas más. Ni se te ocurra subir a la misma altura otra vez, porque esto no es siempre igual.
    Besetes

  4. María José Says:

    Toy agotá, sólo de leer las explicaciones y los síntomas de cansancio.
    ¡ viva el chocolate! y bien negro

  5. María José Says:

    sigo, porque no sé donde he apretado , que lo he enviado , sin querer.
    Pues eso, cuidate.
    Lo del Miguelete y el Montgó ¿ lo ibas midiendo?
    No me extraña que te de mal de altura
    besos
    María José

  6. ANA LA PRIMA Says:

    haz caso a tu tía que te quire bien…. estoy impresionada, desde luego no compartimos el gen deportivo

  7. xonmarja Says:

    ¿Y qué vamos a hacer este verano sin nuestro guía? Desde luego que debe ser espectacular todo lo que estás haciendo para que te de tanta resistencia. A mí se me erizan los pelos. Yo te aconsejaría un alto en el camino y regreso a casa, descansar dos meses y después… ya veremos. Pero claro, esto es un consejo de una c—–, que, como el miedo es gratis, se coge gran cantidad. Haz lo que quieras, pero que conste que aquí te esperamos.

  8. Rosa Says:

    ¡Ole y Ole!
    Habia oído muchas excusas para ponerte hasta arriba de choco (Depresión, menstruación, ausencia de sexo…) pero la mejor sin duda la tuya: “MAL DE ALTURA” Es genial
    BESETES, vuelve pronto y cuidate mucho

  9. Santi Says:

    Con guias como esos, quien quiere enemigos….mare…
    No esta mal tener el límite de 7 Montgos…pero ya se sabe los límites están para batirlos y saltarselos…
    Animos para la próxima intentona….

  10. Pangong Tso « Desde Oniria Says:

    […] la agotadora y no culminada experiencia en el Stok Kangri, decidimos tomarnos un dia de merecido descanso en Leh. Aproveche el dia para juntarme con Miquel, […]

  11. Pau Says:

    Como se te ocurra subirte a la Royal me enfadaré… Porque además, imagino que los picoletos de India no serán muy pesados con eso del casco, no?

  12. Cinco meses, cinco paises, cinco grandes momentos « Desde Oniria Says:

    […] Cinco lugares para no dormir, aunque yo lo intente: – Tienda de campaña en Pai – Una cueva en el norte de Tailandia – Bus-litera entre Bundi y Jodhpur – Al raso en las dunas del Desierto del Thar – A 4960 m. de altura en el Campamento Base del Stok Kangri […]

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