De Leh a Manali: los días se alargan

Los hechos y desechos relatados a continuación, comienzan el 23 de Junio de 2009 a la 1 de la madrugada (noche del 22 al 23 de Junio). Uno de los días más largos del año.

Normalmente, para viajar entre Leh y Manali, se estima una duración del viaje de 2 días, con parada a dormir durante el camino. Como el mundo avanza, ahora es posible realizar el trayecto en un día del siguiente modo: salir a la 1 de la madrugada, y llegar a las 7 de la tarde. Y en apenas 18 horas, se pueden recorrer los 475 km. que separan Leh y Manali. Nos decidimos a tomar esa opción, en minibús, para llegar lo antes posible a Manali. Nos dijeron que nos recogían entre la una y la una y cuarto, y efectivamente, a la una y media estábamos en el minibús, ya en ruta. Para desesperación del pasaje, el conductor realizaba numerosas paradas, de mayor o menor duración, en el medio de la nada sin razón aparente.

Esta carretera es conocida por ser la segunda más alta del mundo transitable por vehículos a motor. Oficialmente sólo abre 2 meses al año, porque el resto del tiempo está cortada por la nieve.  Cuenta con tres pasos por encima de los 5000 m. de altura. Se llama la “Manali-Leh highway”.

Explicación etimológica de la palabra “highway”:
Según el diccionario, “highway” significa autopista. En un análisis etimológico más concienzudo, podemos dividir la palabrita en 2 partes:
“High”: Alto/a
“Way”: Vía, camino, carretera
Considero que no pretenden decir que eso es una autopista, sino una carretera alta, o más exactamente, una “altopista”, que es el palabro más ilustrativo que se me ocurre.

La “altopista” atraviesa valles, montañas y ríos con un paisaje espectacular. También es atravesada por ríos, a veces bastante caudalosos. Tiene tramos asfaltados y muchos otros sin asfaltar, consistentes en pedraplenes, ya que las piedras y la tierra es lo que abunda por la zona. Durante mucho tiempo no hay ni un solo pueblo, y se para de cuando en cuando en campamentos que equivaldrían a nuestras estaciones de servicio.

Con todo esto, es obvio que conciliar el sueño era una tarea fuera del alcance de la mayoría de los mortales. Estábamos acurrucados intentando dormir y moviendo los pies para no congelarnos. A ambos lados de la carretera se acumula la nieve, llegando en algun caso a superar el doble de la altura del minibús. Yo me acordaba en esos momentos de que Miquel, viajando por aquí en moto, sufrió un principio de congelación en un brazo.

A falta de San Cristobal, bueno es un Buda.

A falta de San Cristóbal, bueno es un Buda.

Cuando amanecía, el conductor, tuvo la feliz idea de poner la música bien alta. Uno de los pasajeros pidió amablemente si podía bajar el volumen. Otra intercedió por el conductor aduciendo que llevaba 3 días sin apenas dormir. A partir de ese momento nadie protestó, ni por la música, ni porque la ventana estuviera abierta. Tan sólo algún grito de “¡que te estás durmiendo!”, desde el respeto y el miedo. Por si acaso, los dos judíos que viajaban con nosotros rezaron para que llegáramos sanos y el Buda del salpicadero hacía las veces de San Cristóbal.

Durante la reparación del puente (sin cambios significativos respecto al antes o el después).

Durante la reparación del puente (sin cambios significativos respecto al antes o el después).

Tanto tiempo en el minibús nos hacía temer que fuéramos a padecer el síndrome de la clase turista. Ya no sabíamos cómo colocarnos. Hasta que hubo un momento en que tuvimos que pararnos. Estaban “reparando” un puente, y la “altopista” estaba cortada por un tiempo indeterminado. Allí estuvimos en la cuneta charlando. Yo avancé en el libro que comencé a leer la noche anterior, y cada uno se entretenía como podía. Durante todo el trayecto me propuse no saber en qué hora vivía, tan sólo conocer la hora de partida y llegada. Tras un tiempo indeterminado, reabrieron el puente. Fui incapaz de percibir la diferencia entre el antes y el después de la supuesta reparación. Pero atravesamos el puente, y este resistió.

Cultura de cuneta, esperando la "reparación" del puente.

Cultura de cuneta, esperando la "reparación" del puente.

Mientras unos simulan arreglar un puente, otros simulan arreglar el minibús.

Mientras unos simulan arreglar un puente, otros simulan arreglar el minibús.

Otros saben aprovechar el tiempo mejor.

Otros saben aprovechar el tiempo mejor.

El trayecto continuaba, con sus baches que nos hacían sentir como si fuéramos sobre un camello, reduciendo o parando cada vez que nos cruzábamos con un vehículo, debido a la reducida amplitud de la calzada. En otro momento, el conductor dijo que había un problema en el vehículo y que debíamos aligerar peso. Pasamos parte de la carga (mochilas y un par de personas) al otro minibús que nos acompañaba. Seguimos el trayecto sin más novedad, de momento.

El pasaje se iba impacientando y pronosticando la hora de llegada a Manali. En estos momentos se apostaba por el intervalo entre 10 y 12 de la noche. Hasta que llegamos a Keylong, a unos 120 km. de Manali. Nos avisaron de que algo más adelante, la carretera estaba bloqueada por el típico camión de transporte de mercancías altamente inflamables que había volcado. Los coches no podían circular en ningún sentido. Sólo motos, personas y vacas podían seguir su ruta con normalidad. Mientras, esperamos tomando un té, jugando a las cartas o leyendo. Aquí acabé el libro que empecé la noche anterior. Pasa el tiempo, y después de cenar parece que no consiguen retirar el camión, así que nos toca buscar a los siete un alojamiento para pasar la noche. Dormimos en un lugar digno de protagonizar alguna de las peores pesadillas imaginables, y quedamos a las 8 de la mañana para volver a partir.

A las 6.55 h. nos llaman a la puerta de la habitación, diciendo que nos demos prisa, que la carretera va a abrir durante sólo 2 horas. Tal era nuestra ansia y desesperación por poder llegar a Manali lo antes posible, que sin darnos tiempo a despojarnos de las legañas, ya estábamos en el minibús. A menos de un kilómetro nos encontramos con el camión volcado y una retahíla de vehículos a cada lado de la “altopista”, esperando el desbloqueo. Todo seguía igual.

Las vacas pasan, pero los coches no.

Las vacas pasan, pero los coches no.

Veamos la situación en perspectiva. Nos acaban de sacar de la cama, y nos encontramos en una cuneta sin desayunar, con algunos restos de agua y comida del día anterior, 12 horas acumuladas de retraso, y nuevamente un tiempo indeterminado de espera. Y yo, sin un libro que leer.

Aprovechando para rezar por nuestra salud (que no por nuestra puntualidad).

Aprovechando para rezar por nuestra salud (que no por nuestra puntualidad).

Una vez movido ligeramente el camión para que pudieran pasar a duras penas los vehículos por un lado, sin fuerza moral para mirar el reloj, proseguimos la ruta.

Varios kilómetros mas tarde, a 100 kilómetros exactamente de Manali, el conductor decide de modo repentino y unilateral que el minibús está estropeado y no podemos seguir. Dado que tengo el karma especialmente subido y los chakras en un estado envidiable, en lugar de elegir la opción mas lógica (la de la violencia contra el vehículo y el conductor), intentamos parar a alguien para seguir nuestro camino.

Y el minibús dijo basta. Comienza la etapa auto-stop.

Y el minibús dijo basta. Comienza la etapa auto-stop.


Yo para ser feliz quiero un camión

 

A bordo de un camión haciendo el mono, o el indio, o yo que sé.

A bordo de un camión haciendo el mono, o el indio, o yo que sé.

Como ya auguró en su día el gran poeta urbano del Clot, nuestra felicidad llegó cuando conseguimos detener a un camión dispuesto a llevarnos hasta Manali. Subimos a la desesperada a la parte trasera escuchando los bocinazos de fondo de los demás vehículos. Allí nos encontramos los siete, agotados y muertos de la risa, despidiéndonos sonrientes del conductor de nuestro minibús, al que segundos antes hubiésemos arrancado la piel a tiras gustosamente. Nosotros y nuestras mochilas constituíamos la única carga del camión. Los numerosos baches del camino y la lentitud del vehículo, nos transmitían la impresión de que nos movíamos más en vertical que en horizontal, Era difícil mantenerse de pie allí dentro. Mantenerse sentado también. Mantener la dignidad era ciencia-ficción. Para colmo no teníamos techo, lo que me hacía temer que el sol dañara mi cuidado cutis.

Diego y Claire felices a bordo de un camión.

Con Claire, felices a bordo de un camión.

Samuel, Nogah y Barry en el camión.

Samuel, Nogah y Barry en el camión.

MC y Pierre a bordo del camión.

MC y Pierre a bordo del camión.

Consejo del día: en tu próxima vida, no te reencarnes en ningún animal de granja susceptible de ser transportado vivo en la parte trasera de un camión.

25 kilómetros más tarde paramos en un lugar donde comprar algo para comer y beber. Pasamos un control de pasaportes en el que nos empiezan a hacer demasiadas preguntas. El conductor del camión, acosado por los funcionarios, nos echa del mismo y nos dice que tomemos el autocar público.

El diablo sobre ruedas

Subimos a un autobús y nos acomodamos (o incomodamos) donde pudimos: pasillo, escalera o techo. El trayecto seguía con las mismas paradas por atasco o para dejar paso a otros vehículos que vienen en sentido contrario. Nuestro conductor padecía la cuestionabilísima habilidad de adelantar vehículos continuamente, incluso cerrándoles el paso en plena curva de herradura, en una maniobra excesivamente arriesgada incluso en los coches de choque de la feria. Este tipo de maniobra culminaba con sonrisas y miradas cómplices entre conductor y revisor. También llegamos a golpear en otra maniobra a un camión de mercancías peligrosas, pero eso es algo tan cotidiano, que ni siquiera suscitó comentario alguno cuando sucedió.

A las 4 de la tarde del 24 de Junio llegamos a Manali. Han pasado 39 horas desde nuestra partida de Leh, lo que constituye un retraso de 21 horas.

Ya decía yo al principio del artículo que en esta época del año los días son más largos.

Salut.

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5 comentarios to “De Leh a Manali: los días se alargan”

  1. avatarr Says:

    Tengo que hacer ese viaje…

  2. raulata Says:

    Por fin has vuelto a usar ese humor irónico que tanto me gusta, sigue así contando tus aventuras. Buen viaje!

  3. xonmarja Says:

    ¿El puente lo cruzaste andando? Yo lo hubiera hecho, la foto no ofrece ninguna garantía de seguridad. Bueno está claro que llevas un buen guardaespaldas, porque a pesar de lo que cuentas se te ve buen aspecto. Que el viaje continúe así o mejor.

  4. Cinco meses, cinco paises, cinco grandes momentos « Desde Oniria Says:

    […] Cinco trayectos agotadores: – Las 1864 curvas entre Chiang Mai y Mae Hong Son, pasando por Pai – De Don Det a Kratie – De Phnom Penh a Koh Chang – De Khajuraho a Varanasi – De Leh a Manali […]

  5. Carlos Says:

    Hay cobertura de movil desde leh a manali ,la gente es problematica ?
    Pregunto esto porque yo voy a manali el proximo 7 de julio

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