La placidez de Ubud

ArrosiCoco

A intempestivas horas de la madrugada tomé el avión que me debía llevar de Bangkok a Bali. Comprobé que mi mochila también ha perdido peso. Esa mochila que carga todo lo que en estos momentos me acompaña, desde un punto de vista material, está en 11 kg (0,1 PAUs, o Peso Altamente Ultrapasado). El vuelo transcurrió sin incidentes, si no contamos como incidentes que desayuné arroz con pollo. La milenaria filosofía de “si está pagado, va para dentro”, me ayudó a ingerirlo sin expresar el más mínimo síntoma de angustia.

En Bali, además de los funcionarios de aduanas, me dio la bienvenida un cartel enorme informando de que el tráfico de drogas conlleva la pena de muerte. Tampoco es para tanto: cuando murió Chanquete a mí también me entró una pena que me moría, pero con el tiempo lo superé. En cualquier caso, si la cafeína no entra en la categoría de drogas, yo estoy a salvo de toda tristeza. Mientras estaba esperando el equipaje se me acercó un perro policía por detrás olisqueando en busca de costo culero, produciéndome una sensación que de modo muy diplomático calificaré de incómoda.

No me he sentido con fuerzas suficientes para ir a Kuta, y he decidido empezar mi estancia en Bali en el interior. Concretamente en Ubud, que es una ciudad tranquila, lugar de retiro de artistas, rodeado de arrozales y relativamente alejado de la costa. Al llegar a Ubud no me pareció tan tranquilo, por lo que tiemblo al pensar cómo será el resto. Aun así mantenía la esperanza de que este fuera el lugar donde satisfacer mi firme determinación de dedicar unos días a no hacer nada.

Los primeros días en Ubud los he dedicado a leer, pasear junto a los arrozales, darme un masaje balinés… También estoy en plena dieta de engorde. En una particular y estricta versión de la dieta del cucurucho, procedo a la ingesta de un cono diario. Otro apasionante entretenimiento, aprovechando que estoy en el hemisferio sur, es comprobar las fuerzas de Coriolis. La verdad es que al cabo de unas horas aburre un poco.

Esto de ir de artista sin serlo, te hace sacar fotos de los arrozales como esta. Disculpen las molestias.

Esto de ir de artista sin serlo, te hace sacar fotos de los arrozales como esta. Disculpen las molestias.

Otro dia alquilé un todoterreno descapotable (mountain bike, en inglés) para ir a recorrer los pueblos de los alrededores. Vi principalmente templos y arrozales. Es espectacular toda la gama de verdes que se puede contemplar en el interior de Bali: arrozales en distinta etapa de crecimiento, cocoteros, plataneras… Por otra parte, recordemos que en Indonesia se circula por la izquierda, lo que hace que cada vez que llego a un cruce en mi monoplaza tengo que pensarlo dos veces antes de elegir el carril correcto. No puedo quejarme: sólo me he metido un par de veces en carril contrario de modo inconsciente. De modo consciente unas cuantas más. Esto tiene una explicación, señor agente. Surrealista, pero una explicación al fin y al cabo. En las calles (teóricamente) de un solo sentido de circulación, existe un pequeño carril en sentido contrario, no visible para los ojos occidentales, pero que está ahí. Es muy concurrido por motos y bicicletas.

Si los cruces son complicados, las rotondas no lo son menos. Cuando se llega a una rotonda siendo el vehículo más débil y teniendo la impresión de que todos circulan al revés menos uno mismo, lo mejor es cerrar los ojos unos segundos y seguir pedaleando. ¡Funciona! (Pero no lo prueben en sus casas). La maniobra más peligrosa que se me ha presentado hasta ahora ha sido la de esquivar a un mono que se cruzó de repente en la carretera, para no atropellarlo.

Hablando de monos, una de las atracciones de Ubud es ir al bosque de los monos. Este pequeño trozo de jungla en la ciudad es un lugar sagrado en el que los simios campan a sus anchas. Su mayor entretenimiento es reirse de los turistas que les hacen monadas y dejar que estos les alimenten, y si no, robarles la comida. Prosiguiendo el paseo del día me metí entre arrozales (nada original, por estas tierras), e hice un pequeño descubrimiento del que no estoy especialmente orgulloso. En Bali, las hormigas también muerden. Es más, cuando a uno le muerden más de cinco a la vez, no da gustito. Quizá me repita, pero no lo prueben en sus casas. Ni fuera tampoco. Alivié mis penas bebiéndome un coco, y luego comiéndolo. Los cocos balineses tienen muy poca carne comparados con los camboyanos. Y además es mucho más gelatinosa.

Salut.

CuclillasArrozal

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Una respuesta to “La placidez de Ubud”

  1. FLOR Says:

    A ver Diego, o bien tu ordenador no tiene ñ y en lugar de escribir “cono” en realidad querias poner otra cosa, o lo de la dieta del cucurucho no lo has pillado muy bien.
    La dieta del cucurucho es para adelgazar, salvo que no tengas cuidado, en ese caso puede producir el efecto contrario, pero retardado, aproximadamente durante 9 meses. Aún así me parece que en tu caso tampoco seria efectiva para engordar, lo que si te daria es un tremendo dolor de cabeza durante toda tu vida, que no te quitarias ni con una tortilla de Termalgines

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