Buceando por los pecios balineses

AtardecerLovina

Me he encontrado nuevamente solo en Lovina, pero por poco tiempo. Volví a ver a Griselda y Samuel, con los que había coincidido fugazmente en Ubud días antes. Cuando nos encontramos, yo estaba sumido en la duda de qué hacer al día siguiente, en que tenía intención de marcharme de Lovina, y unos cuantos días más adelante. Es conocida mi actitud de no dejar nada al azar, y que soy alguien que no suele planificar las cosas día a día. A veces preveo una antelación de tres, cuatro días, o incluso una semana en casos extremos. En este caso, me ofrecieron la posibilidad de ir de acoplao al día siguiente a Amed, con un coche que habían alquilado. Tras pensarlo (no mucho, que lo de pensar no es mi fuerte), decidí ir con ellos.

Por el camino por la costa noreste de Bali, hicimos una parada para ver una cascada en Les (como la crucigramesca hermosa localidad del pirineo leridano). Tambien vi la otra cara del Gunung Agung, con laderas todavía más empinadas que las que vi desde la cara interior de la isla. Se ve perfectamente el trazado de las coladas de lava y la impresión de que todavía se está riendo de mí.

El Gunung Agung desde la costa de Amed.

El Gunung Agung desde la costa de Amed.

Amed, Tulamben, Jemeluk y los pueblos de alrededor son una zona de costa al este de Bali, que no es famosa por sus playas, de escasa calidad, sino por sus aguas, muy buenas para el buceo, con tubo y con bombonas. Fuimos a Aas, donde hay un pequeño pesquero japonés hundido junto a la costa, recubierto de coral y rodeado de peces de colores. Al estar junto a la costa, no está muy profundo, por lo que puede verse muy bien buceando con tubo desde la superficie.

Al regreso paramos en Tulamben, frente a cuyas costas estan los restos del Liberty. El Liberty es un barco estadounidense torpedeado por Japón durante la Segunda Guerra Mundial. El barco fue reflotado y toado hasta la costa balinesa. En los años sesenta, una erupción del Gunung Agung lo partió y lo volvio a hundir. Ya sabemos de qué parecía reirse el monte en cuestión.

Cuando nos estábamos pensando si nos metíamos de nuevo a bucear o no, el empecinamiento de Griselda nos convenció de que era lo mejor. Una vez visto el pecio en cuestión, comprobamos que valía la pena y que había sido un acierto. Si se bucea con tubo (mi caso) se ve una buena parte del barco. La mayor parte, hasta 120 metros de eslora, está más hundido y sólo se puede ver si se bucea con bombonas. El pecio está tan recubierto de coral, que en algunas ocasiones es difícil percibir su silueta. Y en este caso está rodeado de muchísimos más peces que el pesquerito japonés de Aas. Me crucé, (e incluso me metí en él), con un inmenso banco de atunes. Impresiona ver tantos peces y tan grandes mirándole a uno con esos enormes ojos y esa cara tan seria.

Después, regreso a Lovina, para al día siguiente ir a Ubud. Nada más llegar a Ubud me he encontrado con varias personas que ya conocía. Me encontré casualmente con Sabine, de la que no tenía noticias, ya que no nos habíamos pasado ningún medio de contacto. Estaba en un bar de la misma empresa de la escuela de yoga a la que fui, y hemos tomado algo juntos. Atención a lo que me he pedido yo. En el menú estaba escrito “bebida energética”, pero yo me he fijado, y era un zumo de piña, manzana, pepino y jengibre. El resultado era un líquido verde, que, como lo iba a pagar igual, me bebí hasta el último sorbo. Desde esta humilde plataforma pido que si alguien, algún día, me ve bebiendo eso en Valencia, me atice una piadosa colleja educativa al grito de “¿pero eso qué es lo que es!”, que sirva para enderezarme y devolverme a la senda de la rectitud.

Con energías renovadas a base de placebo, me dirijo ufano a recoger mi pasaporte, albergando la esperanza de que contenga un sellito que diga que me puedo quedar más tiempo en Indonesia. No pasa nada, estaba todo controlado, ya que aún me quedaba un margen de diez horas de permanencia legal en el país.

Ahora, ya con el sellito en cuestión, soy libre y estoy preparado para dar un pequeño saltito a otro lugar.

Salut.

Ofrendas en un templo de Ubud.

Ofrendas en un templo de Ubud.

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3 comentarios to “Buceando por los pecios balineses”

  1. JUANJO Says:

    Apreciado y sin embargo querido DIEGO, he de avisarte que de seguir asi, con ese lenguaje tan…lenguaje no se te va a entender nada de lo que explicas. Siento ser yo quien te corrija, pero no es PECIO, se dice PRECIO, parece que la lejanía te ha hecho olvidar las cosas más simples.
    Me parece bien que te levantes pronto para ir a molestar a los delfines, pero lo de nadar en un banco de atunes, te convierte en un BESUGO de los de toda la vida. A pesar de esto se que me aprecias.
    He de contarte que los que nos vamos de vacaciones somos nosotros, por lo que durante un breve plazo de tiempo no tendrás noticias nuestras, ya que al inhóspito lugar donde nos dirigimos no llega LA INTERNET (nos vamos al Mareny de Barraquetes, y después a la soleada población de Xátiva).
    Estaremos en contacto.

    SALUT I…

  2. Salvador Says:

    Tío, Diego nunca se equivoca. Aunque la he tenido que mirar en el diccionario, la palabra “pecio” existe. A partir de ahora la utilizaré todos los días.

    (Del b. lat. pecium).

    1. m. Pedazo o fragmento de la nave que ha naufragado.

    2. m. Porción de lo que ella contiene.

    3. m. Derechos que el señor del puerto de mar exigía de las naves que naufragaban en sus marinas y costas.

  3. María José 2 Says:

    Salva: ese que escribe no es tu tío, es un amigo de Diego.
    Tu tío , siempre escribe en valenciano con su hijo.

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