De Bali a Lombok

Padangbai: Lavando al gallo para que pelee guapo.

Padangbai: Lavando al gallo para que pelee guapo.

Desde Ubud, elegí nuevamente una opción cruelmente madrugadora para ir a Lombok. Tomé, junto a Sabine, un minibús hasta Padangbai. Allí hicimos una innecesariamente larga pausa para desayunar. Curiosa escena: se sentaron en nuestra mesa dos daneses de ojos azulgrana cual granota, producto de la combinación de su azul natural y su etílica conjuntivitis.
Su pregunta: “¿Vosotros sabéis dónde estamos?”
Respuesta mental: “¿Estáis resacosos, o todavía borrachos?”
Respuesta oral: “En Padangbai.”
Pregunta retórica por mi parte: “¿Venís de Kuta?”
Siguen preguntando como quien se despierta de un coma y trata de situarse: “¿Aún estamos en Bali? ¿Dónde vamos?… Ah, sí, a las islas Gili. ¿Y vosotros?”
Poco a poco los vamos situando, y cuentan que han venido todo el trayecto en minibús desde Kuta durmiendo (algo de fácil deducción a la vista de sus rostros). Al llegar el conductor a su hotel, les han despertado y les han recordado que tenían contratado un viaje, e incluso les han tenido que ayudar a hacer las mochilas. Parecían recobrar ligeramente la lucidez mientras desayunábamos juntos.

Después nos embarcamos en el ferry que nos llevaba de Padangbai (Bali) hasta Lembar (Lombok). La duración estimada del trayecto en un transbordador denominado oficialmente “barco lento”, es de entre tres y cinco horas, dependiendo de las condiciones del mar, para un trayecto de 25 kilómetros. La duración real, sin contar embarque, desembarque ni esperas a bordo, fue de cuatro horas y media. Ejemplo autobiográfico paralelo: Yo calculo que vuelvo a Europa en otoño de 2009, aproximadamente. Con ese amplio intervalo, y la coletilla “aproximadamente” es difícil equivocarse.

Nos incomodamos (imposible acomodarse) en unos bancos de madera, cuyos listones nos dejaron el cuerpo como la camiseta del C.D. Jávea. Es tiempo de lectura, de comer por aburrimiento y de infructuosos intentos de siesta, mientras éramos mecidos por unas olas que invitaban a alimentar la fauna marina desde la borda a base de dieta regurgitada.

Tras desembarcar en Lombok, tomamos un minibús que debía llevarnos a Senggigi. En algun lugar del camino, que intuyo podría ser Mataram, el conductor paró el vehículo y dijo “un momento, por favor”. Se bajó y se puso a hablar por el teléfono móvil.
Momento de elaborar teorías: “habrá parado para saludar a su cuñado”, “estará el minibús estropeado”, “cambiaremos de conductor”…
Aparece alguien que parece saber inglés y … tampoco habla inglés.
Nuestro conductor agarra una moto, salida de no sabemos dónde, y se marcha sin dar explicación.
Se acerca un nuevo curioso para ayudar, saludando en inglés. Le pedimos que nos traduzca lo que dice el anterior, y le preguntamos “¿hay algún problema?”
Nos responde a la gallega: “¿hay algún problema?”
Mi respuesta mental: “Esa pregunta la he hecho yo primero”. “Y a mí no me vas a ganar a responder preguntas con otra pregunta, que, con la pinta que tienes, yo tengo muchos más genes gallegos que tú”.
Preguntamos: “¿Cuándo viene el conductor?”
Respuesta evasiva multiusos: “no inglis“. Esta respuesta es infalible a la hora de finalizar una conversación. Para facilitar la comprensión, pondré un ejemplo más cercano. En un centro comercial cualquiera en Europa, el equivalente sería “yo no soy de este departamento”.
El conductor apareció milagrosamente poco después con otro vehículo, y nos llevó a nuestro destino final. Finalmente sólo fueron nueve horas de hotel a hotel.

Pescador en Senggigi.

Pescador en Senggigi.

Estoy alojado en un hotel junto a la carretera y a la playa, como casi todos los de Senggigi y que excede con creces mis necesidades. Son los inconvenientes de la temporada alta. Tiene servicios y amenities “no tan básicos” como piscina, papel higiénico, toalla, televisión (por primera vez desde que llegué a Indonesia), un panel indicativo de la dirección en que se encuentra La Meca e incluso limpieza de habitación. A mí me gusta aprovechar todos los servicios del hotel incluidos en el precio, pero lo de ponerme mirando a La Meca he decidido posponerlo sine die.

Por el momento Senggigi ofrece bellos atardeceres sobre el mar, en una playa de arenas oscuras, muy buena para nadar. Pese a las apariencias tranquilas de las aguas, observo dónde se mete la gente y no me adentro mucho, ya que aquí el mar tiene fama de tener más resaca que nuestros amigos daneses.

Salut.

Atardecer en Senggigi.

Atardecer en Senggigi.

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3 comentarios to “De Bali a Lombok”

  1. Amparo Llorens Says:

    Estabas muy inspirado al escribir esto eh? Me he reido un montón!!!! Muy bueno crack

  2. Alejandro Says:

    Alguna vez tienes que hacer fotos de esos autobuses, o mas cocretamente de esos asiento tan comodos. para que apreciemos realmente si son asi de incomodos o es que te estas haciendo mayor.

  3. Pau Says:

    Recuerdo no sé qué post, al que creo que ya me referí, relativo a los masajes en los baños de un establecimiento hostelero… Combinado aquél post con la imagen de Diego postrado cara a la Meca (recuérdese, también, el castizo refranero español: te vi a poné mirando pa la Meca… creo que no nos lo decían en catequesis), se pueden sacar divertidas imágenes con las que paliar el tedio estival…

    Espero tu habitual privado, Diego… (aunque no lo veré hasta el 26/08; lo de hoy es circunstancial)

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