Crucero de infralujo

Alrededores de la isla de Komodo.

Alrededores de la isla de Komodo.

Desde Senggigi contraté un viaje en barco para que me llevara hasta Labuanbajo, en la isla de Flores, en apenas 4 días. El primer debate surgió en la agencia donde contraté el viaje. Me estaban vendiendo un crucero de 4 días y 4 noches (sospechosa cantidad, cuando en España te cuelan viajes al Caribe de 9 días / 7 noches). Me decían que salía el día 13 de Senggigi, y llegaba el 16 a Labuanbajo:

– Señor agente de viajes, yo aquí cuento tres noches.
– No, no. Son cuatro.
– Oiga, que yo de esto de contar noches sé un rato, que he estado muchos años dedicándome profesionalmente a ello. E insisto: si salgo el 13 y llego el 16, son 3 noches.
– Bueno, es que eso de tres o cuatro noches depende del capitán. Igual llegas el 16 que el 17.

Conclusión: que el de la agencia no lo sabía. Por mi experiencia en Indonesia, las gentes del lugar consideran de mala educación no dar una respuesta cuando se les pregunta. Su reacción ante una pregunta puede ser:
A- Si saben la respuesta: contestar.
B- Si no saben la respuesta: contestar.

No responder, o responder “no lo sé”, o “espere que lo pregunto” no son posibilidades factibles. Esto hace que, con frecuencia, cuando uno pide indicaciones en las calles, pueda acabar por no llegar donde pretende.

Volviendo a la agencia de viajes. Ante la desconfianza que genera no saber cuándo llega uno a destino, lo lógico es no contratar el viaje, o contratarlo en un lugar donde a uno le informen mejor. Yo lo compre allí.

Cutreminibus con 18 personas a bordo, equipaje sobre el techo y pollos sobre el mataperros.

Cutreminibús con 18 personas a bordo, equipaje sobre el techo y pollos sobre el mataperros.

El día señalado me recogen en mi hotel en un cutreminibús en el que clavábamos las rodillas en la espalda del pasajero de delante. Dos horas más tarde de la hora convenida, estábamos todavía en la agencia de Senggigi. Nos dieron una somera explicación del itinerario del viaje y apuntamos y pagamos las bebidas extra que íbamos a consumir durante los siguientes días, ya que no hay posibilidad de reponer durante el camino. Estuvimos varias horas en el minibús para atravesar Lombok e ir al puerto de salida, al este de la isla. Hicimos varias paradas para avituallarnos y perder tiempo de modo inútil. Una parada para comprar fruta, otra para comprar bebida, otra para comprar pollos… Los pollos venían vivos y en sacos, y los dispusieron sobre el mataperros delantero, para que llegaran bien aireados a destino. Una vez llegamos a puerto, embarcamos y seguimos con nuestra estéril espera a bordo. Esta vez esperábamos a que el otro grupo, que iba en un barco similar al nuestro llegara, y así zarpar juntos.

A bordo éramos 15 turistas, de los cuales 9 eran holandeses. Afortunadamente, también había 2 españoles, Nacho y Begoña, los únicos menos jóvenes que yo de entre todo el pasaje. Constituyeron una valiosísima fuente de información para continuar el viaje y un pozo sin fondo de sabiduría viajera y anécdotas en general.

El barco mide unos 18 ó 20 metros de eslora, por unos 4 metros de manga, y es de poco calado para no chocar con el coral. Tiene una sentina donde dejamos el equipaje. En la parte de arriba hay un espacio cubierto por un toldo donde caben 12 finos colchones, y fue donde dormimos. Los otros 3 durmieron en cubierta, también tapados por un toldo. En cubierta hacíamos vida, charlando y comiendo en el suelo.

Pasamos la primera noche anclados junto a la isla de Bola. Al menos, eso nos dijeron, ya que llegamos y partimos de noche, y no vimos nada. El motor hace un ruido ensordecedor, así que dormimos como buenamente pudimos. Al viajar hacia el este, siempre veíamos amanecer por proa. Cuando amanecía, nos dimos un madrugador baño en la isla de Moyo, y después de desayunar buceamos (con tubo) y fuimos a ver una cascada. Hubo chapuzón desde lo alto de una roca y las típicas escenas de “me tiro, no me tiro” y “que no te atreves a saltar desde ahí arriba”. Después a la isla de Satonda, donde volvimos a bucear un rato. Buceando se ve una gran variedad de coral y de peces, prácticamente todos desconocidos para mí. Se ven Nemos, ostras, algun erizo, estrellas de mar… También peces de todos los colores y formas imaginables. No todos nadan grácilmente. Hay algunos que basculan a derecha e izquierda como las señoras ancianas en una piscina municipal. A veces desde el barco también se veían peces voladores, e incluso llegué a ver una enorme tortuga. Hay quien vio algún delfín.

La continuación del día no fue tan sencilla. Por la tarde, mientras seguíamos rodeando la isla de Sumbawa por el norte, el mar comenzo a encresparse. El barco se movía mucho, subiendo la proa y bajando de repente, unido a un desacompasado vaivén lateral. Hubo unos cuanos que comenzaron a sentirse indispuestos. Dudo que llegara a haber más de tres personas en el barco que no se marearan. Yo no estuve entre esos tres privilegiados. Hasta el punto de que cuando sirvieron la cena, casi todo el nasi goreng (arroz frito) volvió a cocina. Es la primera vez que me voy a dormir sin cenar desde la tragedia de Milán, en mayo de 2001.

El baño del barco consiste en un minúsculo habitáculo con un tigre que desemboca en el mar. La postura de acuclillado, tratando de hacer puntería, agarrándose a las cuatro paredes como el hombre araña e intentando no rebotar de una pared a otra como una pelota de squash, es algo que requiere mucho más que unas simples clases de yoga. Es imprescindible una conexión filosófico-ergonómica entre cerebro, alma y esfínter que no puede ser alcanzada de modo casual, sino que requiere años de preparación y experiencia. Resumiendo, que hice un meritorio ejercicio de contricción mientras duró la situación.

Antes de comenzar este crucero de infralujo por las procelosas aguas del mar de Flores, y vista la disposición de tipo viaje de fin de curso, imaginé que iba a haber mucha gente joven, que iba a circular la cerveza a mansalva y la fiesta hasta las tantas. Estaba equivocado. El estado del mar y el ruido del motor no invitaban ni a una pequeña conversación tranquila.

La navegación, y la fuerte marejada, continuaron durante la noche. Cuando me acosté tuve que gatear entre mis compañeros de viaje, ya que no había espacio entre colchones y no había altura suficiente para estar de pie. En un golpe de mar caí involuntariamente sobre una holandesa, que pareció menos molesta que su novio por el leve incidente. Finalmente alcancé mi colchón en la fila central del extremo de estribor. Desgraciadamente, el barco navegó toda la noche escorado hacia estribor, donde yo me encontraba. Trataré de describir la escena, digna de películas de Chaplin o de los hermanos Marx. El vaivén del barco hace que los objetos se deslicen. Por un lado tuve que compartir el espacio para los pies con otro holandés que también dormía a estribor. Por otra parte los colchones de mi fila, y sus ocupantes, se desplazaban hacia mí, llegando a estar tres personas, sin interés alguno en adquirirse ese tipo de acercamientos, donde debería haber dos. Y yo, contra la pared como un sello de correos. Para rematar, vi por la mañana que mi colchón se había convertido en almacén, ya que algunas mochilas también se habían desplazado hasta el cateto a estribor. Todo lo relatado en este párrafo sucedió siempre con el ensordecedor motor como banda sonora, y su consiguiente vibración.

Por la mañana, preguntamos a los tres que se acostaban en cubierta qué tal habían dormido. Ellos no habían sido aplastados ni aplastadores, pero habían recibido alguna que otra ola que subió a saludarles durante la noche.

Ante la isla de Komodo.

Ante la isla de Komodo.

Ante la bestia, pero a varios metros.

Ante la bestia, pero a varios metros.

El siguiente día y medio de travesía el mar estuvo mucho más calmado, casi en permanente marejadilla. Acabamos de rodear Sumbawa, y por fin llegamos a las islas de Komodo y Rinca. Aquí la gracia consiste en ver en libertad a los famosos dragones de Komodo, que son unos lagartijas de tamaño olímpico (vulgarmente gigantes reptiles varánidos). Los animalitos en cuestión pueden llegar a los 90 ó 100 kg. de peso y a los 3 metros de longitud. Se ven con relativa facilidad, tirados en el suelo como alfombras, o andando de modo lento y patoso. Sin embargo, son animales que pueden llegar a correr a más de 15 kilómetros por hora y ser tan agresivos como para cazar y comer un ciervo, un búfalo o una persona. Hicimos un pequeño paseo con guía por ambas islas y además de dragones de Komodo, vimos cacatúas, ciervos, cerdos salvajes, palomas de cola verde y pequeñas águilas de cabeza blanca.

Rinca: Dragon de Komodo.

Rinca: Dragón de Komodo.

Tras unos últimos baños y sesiones de buceo en algún que otro pequeño islote, arribamos al puerto de Labuanbajo, en Flores. En Labuanbajo estaban todos los hoteles llenos hasta la bandera, además de tener una infame relación calidad-precio. La primera noche en Labuanbajo (la cuarta noche fantasma que no aparecía por ningun lado al contratar en la agencia), la pasamos casi todos en el barco amarrado en el puerto. Y al día siguiente ya me alojé en un cuchitril en tierra firme.

Salut.

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6 comentarios to “Crucero de infralujo”

  1. Dr. J Says:

    Hola!

    Me encanta la idea de un campamento sobre barco, con su letrina (adornada con la mala punteria de la gente), sus tiendas (sobreocupadas), con su desplazamiento de masas que te prisionan contra la tela de la tienda, sus baños…

    Madre Dios quién te metió allí??????

    La suerte és que has sobrevivido.
    Por cierto, buen intento con la holandesa, tranquilo, a veces funciona.

    Bueno ¿para fiestas de Javea vienes? JAJAJAJJAJAJAJ

    Hasta luego!!!!!

  2. la Tia Paqui Says:

    ¿y las fotos??? no soy capaz de visualizar esa super letrina de lujo… jijijij…

  3. Amparo Llorens Says:

    Estas muy inspirado!!! besos

  4. Pau Says:

    La próxima vez que vayas a esa agencia, pregunta, de mi parte, por cuánto sale el mismo crucero, pero en galeras…

    Como te vuelva a oir quejarte de la hostelería patria, o de lo cara que te ha parecido la caña en La Esquina a 15 euros, me mosquearé más que con el affaire motorista que huelgo recordar…

  5. Pau Says:

    Se me olvidaba:

    Repárese, Diego, en las tocadas de genitalidad que se pega el Dr. J a cargo del Erario Público (al que en breve habrá que quitar la “l”, para hacer honor al ejercicio…)

    Oposita, Dr. J, O-PO-SI-TAAA (Y si no, mira a Juanjo…)

  6. Alejandro Says:

    heyyyy, diego, tengo que decirte que los que estamos trabajando, te deseamos la mayor de las suerte y ojala que no te rompas ninguna pierna ni ná de ná.

    Ademas, pienso que te estas acomodando, viajas poco, pasas demasiado tiempo en el mismo sitio y no arrojas la suficiente carnaza a tus avidos lectores de anecdotas. Hombre, que llevas dos dias sin publicar nada. y maburro en el despacho que no hay mucha faena.

    Ya que estamo (estoy) de reproches… para cuando una seccion del blog censurado. Esas historias que no se pueden hacer publicas por sus contenidos poco recomendables…

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