Singapur: Regreso al futuro

Sky Line de Singapur.

Sky Line de Singapur.

Las sensaciones que me ha provocado Singapur desde que la vi desde el aire antes de aterrizar son peculiares. Algo así como una mezcla entre lo que sintió Paco Martínez Soria en La ciudad no es para mí, o lo que pensaría Tarzán en Nueva York, o Steve Irwin cuando fue también a Nueva York. Cuando salí de Valencia, era enero de 2009 y yo creía vivir en mi tiempo. Viajando por Asia, me ha dado la sensación de retroceder en el tiempo en muchos aspectos. En cambio, la llegada a Singapur me ha dado la impresión de que es un Regreso al futuro, pero que me he pasado de frenada y he avanzado demasiado en el tiempo, quedando más adelantado que la Europa que dejé. Dicen que no hay que vivir anclado en el pasado, ni tampoco pensando siempre en el futuro, pero con estos cambios tan bruscos, no hay manera de saber cuál es el presente.

Singapur es una ciudad-país-isla (o conjunto de islas) situado en un lugar geográfico considerado como estratégico. Tiene unos cuatro millones y medio de habitantes apretujados en un escaso terreno, que da como resultado una densidad de población de casi 7000 habitantes por kilómetro cuadrado.

En el aeropuerto ya avisan de que no se puede entrar al país con articulos tan variopintos y peligrosos como mecheros, pornografía o chicles. Los chicles estan prohibidos en Singapur. Los mecheros y la pornografía se encuentran fácil y legalmente en el país. Para ir del aeropuerto a la ciudad se va en un moderno metro. En el metro además de no estar permitido fumar, tampoco se puede comer ni beber. Podrían tomar buena nota en Londres, por ejemplo, y no tendrían los vagones tan grasientos y hediondos. Y es que Singapur es un país ampliamente conocido por sus prohibiciones y multas, y en el que se asume con aparente normalidad la existencia de cierta censura.

A Singapur llegué sin tener guía de viaje y sin apenas conocer nada del lugar. Pero Richard, un francoquebequés que conocí en Flores, me dijo que buscara alojarme en la Pequeña India, y allí fui. Como los precios en Singapur son otra cosa, me alojo en un albergue compartiendo habitación con 9 personas más, siguiendo con mis experiencias de tipo campamento de verano. Comparto litera con una alemana que ni siquiera se cómo se llama. La parte positiva es que está todo inmaculado. Además incluyen internet, desayuno y un servicio de préstamo de guias de viaje. Los cacharros del desayuno hay que fregarlos al acabar, lo que me ha hecho darme cuenta de que llevaba 7 meses sin fregar. También de que llevaba 7 meses sin echar de menos el fregar.

La ultramoderna Singapur está construida en gran parte a imitación de Benidorm. Altos edificios de viviendas para paliar la escasez de suelo. Los edificios antiguos apenas llegan a las 20 plantas, pero como la población aumenta, ahora se construyen más altos. Esta jungla de cemento contrasta con el frondoso follaje que hay en las calles y parques. Y es que debemos recordar que estamos en latitudes tropicales. Ejemplo en el siguiente párrafo.

Fui con un par de compañeros de albergue a visitar McRitchie Reservoir, que lo traduciremos como La reserva de don Ricardo, y que es una gran reserva natural en medio de la ciudad. Nos advierte la amable recepcionista del albergue “va a llover”. Contrariamente a mis anteriores vivencias asiáticas, esta mujer hablaba con total certeza y seguridad en sus palabras. Prosigue: “No os desaniméis, que es muy bonito.” “Llevaos un chubasquero o paraguas y buen calzado porque vais a volver mojados y embarrados.” Nos lo dijo de una manera tan dulce, que es como cuando alguien te manda a la mierda con una sonrisa: ¡incluso estás ansioso por que empiece el viaje! Cualquier psicólogo que lea esto habrá deducido inmediatamente que fuimos a la reservita en cuestión. Y cualquier conocedor del derecho, más concretamente de la Ley de Murphy, ya sabrá que sucedió exactamente así: fuimos, empezó a llover, no ibamos preparados como debíamos, llovió como sólo llueve en los trópicos, nos calamos hasta los huesos y por supuesto, acabamos embarrados. Por cierto, el parquecito era interesante. Hicimos un pequeño recorrido de unos 11 kilómetros a pie, aunque temimos tener que finalizarlo a nado. El trazado era bastante sinuoso. No podía ser de otra manera, ya que aquí, en 11 kilómetros en línea recta se corre el riesgo de salirse del país. Para que no penséis que he ido al parque simplemente a acabar con los dedos arrugados como garbanzos y a pasármelo bien, aportaré un dato técnico. La reserva McRitchie es el lugar de donde viene el agua potable de Singapur.

En Singapur me ha dado por las probaturas gastronómicas. He vuelto a tomar cosas que hacía tiempo que no probaba, probar algunos alimentos con los que no me había atrevido antes y catar sabores desconocidos para mí. He vuelto a tomar leche de soja y zumo de caña de azucar, que no cataba hace tiempo. También he bebido una brebaje de hierbas varias que parecía un zumo de briznas de jardín con hielo. No repetiré. Al estar en Little India he aprovechado para volver a degustar la deliciosa y picante (por más que pidas que no pique) comida india.

Durian. Es una fruta pestilente, verde y picuda como una cachiporra por fuera, y amarilla, carnosa y filamentosa por dentro. El sabor no es comparable a ninguno que yo conociera anteriormente, pero lo suficientemente bueno como para repetir. La clave está en no dejarse llevar por el penetrante y duradero hedor que desprende, que no le hace ninguna justicia.

He probado un pastel (fritura más bien) de ostras con cacahuetes y otro de gambas. La particularidad del de gambas es que son un par de gambones como langostinos que se comen con piel y cabeza incluidos. Del pastel de gambas no repetiré, pero al escribir esto, me estan entrando ganas de comer el de ostras. Escribo un parrafito más y me largo a por uno.

Los helados merecen su propio párrafo. He probado el helado de durian, el de alubias rojas y el de maíz dulce. Me quedo con el de alubias rojas. No me atreví a probar el de menta con chocolate. Eso del after eight y esas mezclas perversas de cualquier cosa con chocolate es prostituir su noble sabor, una guarrada, una falta de gusto y sensibilidad y una inmoralidad. Desde aquí os conmino a boicotear ese tipo de sabores. El chocolate cuanto más puro mejor. En caso de mezclarlo, únicamente son admisibles la leche, los frutos secos y la fruta (sólo en caso de fondue).

Salut.

El Chinatown de Singapur. Toma contraste!

El Chinatown de Singapur. ¡Toma contraste!

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2 comentarios to “Singapur: Regreso al futuro”

  1. Angeles Says:

    Diego, te vas superando. En dos palabras GENIAL

  2. 4 artículos interesantes del Viernes 28 de Aug publicados en otros blogs » hombrelobo, una mente dispersa Says:

    […] – Singapur: Regreso al futuro « Desde Oniria Cuando sali de Valencia, era enero de 2009 y yo creia vivir en mi tiempo. Viajando por Asia, me ha […]

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