La aséptica Singapur

Singapur está considerado, entre otras cosas, como un destino de compras. Está llena de centros comerciales, alineados uno tras otro, todos ellos ultramodernos. Supongo que habrá quien tenga el ojo acostumbrado, y sea capaz de distinguirlos. Yo no tengo esa discutible habilidad, por lo que no noté diferencias relevantes entre ellos. Todos están llenos de las habituales franquicias extendidas mundialmente, y las marcas mas reconocidas y exclusivas.

BCircuitSingapur

En mi opinión, el trazado urbanístico de la ciudad está pensado para favorecer más al vehículo a motor que al peatón. Además no he visto carril bici, algo aberrante en una ciudad llana que pretende dar una imagen de limpia y ecológica. Si bien las avenidas son amplias, con numerosos carriles para la circulación motorizada, también las aceras son muy anchas. Al cruzar las calles, viene el problema. En los semáforos, las esperas para los peatones son muy largas. Respecto a este punto, quizá mi opinion esté viciada por mi reciente experiencia en un mundo sin semáforos. Lo que es cierto e indiscutible, es que en algunos cruces con semáforo y paso de peatones se ve un cartel que dice: “cruce peatonal cortado de 7 a 11 y de 17 a 21”. Es decir, que en horas punta, el semáforo está en rojo para los peatones, y los viandantes deben dar una pequeña y lenta vuelta al ruedo para atravesar la vía. En otros cruces, simplemente no hay semáforo ni paso de peatones. Lo que hay que hacer es cruzar por un paso subterráneo que, indefectiblemente le obliga a uno a atravesar un centro comercial situado bajo la calzada, que llega a tener hasta cuatro plantas de comercios en el subsuelo. Los diseñadores de centros comerciales deben ser discípulos de Escher, ya que gracias a su diseño, yo me encuentro en ellos más perdido que un hijoputa el dia del padre, y me cuesta una eternidad llegar a mi objetivo: ¡cruzar la calle!

BSingapurLleo

La excusa por la que he viajado a Singapur es para obtener un nuevo visado a Indonesia. La coyuntura me llevó a realizar las gestiones mediante un intermediario. Llamo a un teléfono y mi interlocutor me dice que vaya al Mierdonals que hay junto al Jilton, con cierta cantidad de dinero en efectivo (billetes no consecutivos y sin marcar, le faltó decir), y encontraré a un individuo leyendo el periódico y silbando para disimular. Se le entrega el dinero y el pasaporte, se contestan unas pocas preguntas y acto seguido desaparece con un “nos vemos aquí en 5 horas”. Allí estaba yo como un clavo, dispuesto a recibir mi nuevo visado indonesio, válido para 60 días. Sección agradecimientos: Este trapicheo ha sido promovido por la burrocracia del gobierno indonesio.

Una curiosa visita fue la del safari nocturno de Singapur. Vimos una serie de animales exóticos en una especie de parque temático digno de protagonizar un capítulo de Los Simpson. Otra visita más “a la europea”, fue la del Museo de las civilizaciones asiáticas. El resto del tiempo lo dediqué a pasear entre los rascacielos de la ciudad. Visité Chinatown, ante lo que me pregunto: ¿qué necesidad hay de que exista un barrio chino en una ciudad donde la mayoría de sus habitantes es de origen chino? También paseé por parte del trazado del circuito urbano de Fórmula 1, algo para lo que no me hacía falta salir de casa, ya que en esto de los circuitos urbanos, Singapur está a la altura de Valencia y Montecarlo. En esa zona están las que dicen que son la fuente y la noria más grandes del mundo. La fuente es más ancha y menos alta que la Pantera Rosa, pero equiparable en fealdad. Al menos durante el día. La noria, no está rodeada de edificios y no es fácil encontrar una referencia para apreciar su verdadera altura, lo que, a primera vista, la hace menos impresionante que la de Londres.

Skyline y noria de Singapur.

Skyline y noria de Singapur.

Una característica que se repite en los habitantes de Singapur es su abrumadora amabilidad, unida a una efectividad en su ayuda. Es decir, que cuando a uno le dan indicaciones, saben de qué hablan. Nada más llegar a Singapur, una señora (o chica, o niña que no debía pasar de los 30 kg. de peso pese a ser adulta), al oírme preguntar por una dirección, vino tras de mí, y se ofreció a acompañarme un rato para que no me perdiera. Otro ejemplo. Subo al autobús y pregunto al conductor si para donde yo quiero ir. Responde afirmativamente. El autobús es de dos plantas, como los de Londres, pero en una versión más limpia y cómoda. Cuando llegué a mi parada, el conductor salió de su cubículo, subió la escalera y me llamó “a ver, el de los ojos grandes como si estuviese sorprendido… bájese, que esta es su parada.”

Ojo al titular: Zapatero se muda de Ruzafa a Pedralbes (y yo sin enterarme).

Ojo al titular: Zapatero se muda de Ruzafa a Pedralbes (y yo sin enterarme).

La limpieza, tendente a la asepsia, es una de las constantes en Singapur. En unos servicios vi un curioso cartel que indicaba cómo lavarse correctamente las manos en ocho pasos, acompañando el texto con unos ilustrativos dibujos. Las aceras no estan moteadas, como en occidente, gracias a que no hay chicles. Apenas se fuma. La ciudad está llena de papeleras y contenedores de reciclaje. Lo más sorprendente es que se usan para lo que estan concebidas, en lugar de hacerlas explotar escudándose vergonzosamente en supuestas tradiciones locales.

Es constante la presencia de los carteles con el mensaje: “Reducir, reutilizar, reciclar”. Lo de reciclar lo llevan muy bien. Son un ejemplo a seguir. En cuanto a reutilizar, jamás llegaran al nivel de India o Cuba, auténticas potencias mundiales en la materia. Y lo de reducir lo llevan fatal. Hablar de reducir en un sistema político-económico basado en una economía de producción y consumo en la que sólo puede entenderse que “las cosas van bien cuando hay crecimiento”, es prácticamente incompatible. Llamémosle utopía o hipocresía.

Antes de abandonar Singapur, en el único aeropuerto con piscina que conozco, me aconteció una humillante anécdota. Fui andando sobre las cintas transportadoras para avanzar más rápido, y al pasar sobre una de ellas, vi que estaba estropeada. Al cabo de unos segundos, de repente, se puso en marcha. Vi que era porque se acababan de subir dos personas más a la cinta. Es decir, que la cinta no me había detectado, como aquel anuncio de aire acondicionado de “No soy nadie, doctor”.

Salut.

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2 comentarios to “La aséptica Singapur”

  1. Alejandro Says:

    Malditas maquinas! Nosotros las creamos y ahora ellas se vengan de nosotros, si ya lo decia sara connors (nostradamus, una mierda comparado con sara connors) aunque en esta sociedad de culto al cuerpo y de anorexicos, mas vale que no te detecte una cinta transportadora, que la puta cabina de seguridad de entrada al banco no te deje pasar y te diga “pasen de uno en uno por favor” (basado en echos reales).

    Yo lo que hago para devolver la humillacion es de vez en cuando soltarle una patada a un maquina de refrescos, que son facilonas y asi liberas estress.

    au
    Nos vemos en los bares

  2. juanjo Says:

    Alejandro, para liberar stress es mejor romper una cabina de TIMOFÓNICA.
    Hola Dieguito, ¿como lo llevas?
    Noto en tus indescriptibles comentarios cierto regusto a cansancio, se te nota un poco cansado ¿por que volver a Indonesia? ¿para cuando MATALASCAÑAS?
    El episodio de la cinta del aeropuerto me ha hecho llorar recordando unas fiestas falleras en que perdimos a un chaval muy majete de cuyo nombre de me acuerdo, para que veas de que sirve viajar tanto, si es que siempre has pasado por invisible. El tema de la pérdida de peso te lo arreglaré cuando vuelvas rápidamente en dos o tres sesiones Ventorriles.
    Hago una invitación a todas aquellas personas que al igual que yo gozan de la amistad de DIEGO al objeto de engordarle con el método PAULNEWMANENLALEYENDADELINDOMABLE,…seguro que le gusta.
    En relación a tus aconteceres estivales recalco el regusto del viajero cansado, y de nuevo repitiendo la posturita fotográfica de marras, y lo peor no es que salgas tú en las fotos de esa guisa, sino que hagas salir a la pobre gente que te acompaña. Me parece excesivo.
    En relación a Singapur, no conozco a nadie que le pueda interesar un lugar lleno de centros comerciales y miles de tiendas en las que consumir,…bueno si, pero no digais nada.
    Continuaremos en contacto.
    RECUERDOS DE MIS PARTES
    SALUT I…

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