Así viví el terremoto de Java

El pasado día 2 de septiembre, mientras me encontraba en Indonesia, el país se vio sacudido por un terremoto de 7,3 grados en la escala de Richter, con epicentro frente a las costas de Java, con riesgo de tsunami incluido. Para tranquilizar a todas las personas que han dado muestras de preocupación (una o ninguna), puedo afirmar sin orgullo y con satisfacción, que yo sobreviví al terremoto de Java.

Hilando un poco más fino, el epicentro se encuentra en el océano Índico a más de mil kilómetros de distancia de Sengkang, donde yo me encontraba. Me tuve que enterar por internet. Hay algo que nadie puede negar: me ha quedado un titular de lo más sensacionalista. Alarmista y falaz, diría yo.

La teoría del punto gordo.

En mi trayectoria hacia el norte de las Célebes, probablemente el punto más lógico para continuar el viaje después de Sengkang, hubiese sido Rantepao, en Tana Toraja. Teniendo en cuenta que tengo bastante tiempo, he decidido aplicar la “teoría del punto gordo” a mi planificación viajera. La teoria del punto gordo dice que allá donde haya un punto gordo en un mapa, debe haber algo interesante. Y en Mamasa hay un punto gordo. Trato de asesorarme preguntando a los poquísimos viajeros que veo, pero nadie ha estado. Otros viajeros que conocí antes de llegar a las Célebes, tampoco habían estado. Pero un punto gordo en un mapa, siempre es un punto gordo en un mapa. De Mamasa sé poco. Sé dónde esta situado en el mapa (bajo un punto gordo), que es zona de montaña y que no hablan inglés. Y es que ya me han dejado claro otros viajeros que Rantepao es el único sitio donde conseguiré que me entiendan en todo Sulawesi.

A Mamasa voy.

En la estación de autobuses de Sengkang, una plaza con furgonetas y todoterrenos aparcados, pregunto cómo ir a Mamasa. Me indican un cuatro por cuatro que sale en media hora, y dejo la mochila en el maletero. Un rato después el todoterreno se va sin mí y con mi mochila. Pregunto y me contestan, aunque ni me entienden ni les entiendo. Espero sentado leyendo un libro con una tranquilidad pasmosa. Creo que tendré que ir al psicólogo, porque tengo el karma por las nubes, y eso no puede ser bueno. Minutos más tarde, el vehículo regresa cargadito de personal y con mi mochila intacta. Tras un malentendido con el precio, nada nuevo, parto hacia Mamasa. El conductor me había dicho que tardaba unas cinco horas en llegar a Mamasa, que estaría allí sobre las tres de la tarde. Teniendo en cuenta que salimos a las nueve de la mañana, algo no cuadraba. Pero ya sabemos que en Asia la dimension temporal es extraordinariamente flexible. Me subí al coche y a callar.

A mi lado iba una mamá que estaba atenta a que su niña, en el asiento delantero, no se marease. La hija dormía plácidamente pero ella le tocaba la cabeza una y otra vez cambiándosela de posición preocupada por la pobre niña. Consiguió despertarla antes de la primera parada. Después la sentó con nosotros y fue cambiando a la criatura de postura, hasta que la sobreprotectora madre consiguió lo que parecía andar buscando: que la niña echara la papilla. Afortunadamente poco después el conductor paró y me gritó “¡Mamasa!”, mientras señalaba que me bajara del coche.

Ya había un amable señor esperando fuera, que sacó mi equipaje del todoterreno, lo metió en otro y recogió un billete de monopoly de mi conductor. Mientras mi vehículo se alejaba, vi que yo era el único que había bajado allí y que no sabía dónde estaba. Observo a mi nuevo chófer inquiriéndole con la mirada “¿cuándo nos vamos?” Entiendo que dice “cuando se llene el coche. Y de momento eres el único”. Busqué acomodarme en una sombra, que no quiero perder mi blanca palidez, e intentar situarme. Viendo que estaba junto al mar, y siguiendo la teoría del punto fino en el mapa, intuí que podía estar en Polewali.

Se me acerca un individuo que sabía suficiente inglés como para mantener una conversación básica. Confirma uno a uno mis temores. Estoy en Polewali, que está, según el mapa, donde acaba la carretera de trazo grueso y empieza la de trazo fino. Me indica que entre una y dos horas más tarde quizá haya suficientes pasajeros para emprender la ruta. Me dice que son unas cinco horas más de carretera. Reflexionando veo que “cinco horas de viaje” es la respuesta comodín, válida para cualquier itinerario. Y empiezo a intuir por qué no conozco a nadie que haya estado en Mamasa.

Comenzamos una conversación estándar con cualquier hombre adulto en Indonesia:
Hombre adulto indonesio: ¿De dónde eres?
Respuesta mental: (Ahora mismo ni lo sé.)
Respuesta oral del míster: De España.
HI: Buen fútbol.
RM: (Comparado con el indonesio, sí.)
RO: Sí, gracias.
HI: Raúl González, Fernando Torres.
RM: (No dirán Goya o Dalí)
RO: Sí, sí.
HI: ¿De qué ciudad eres? ¿De Real Madrid o de Barça?
RM: (Respiro profundamente)
RO: Valencia
HI: ¿Valencia?
RM: (Ahora te voy a pillar)
RO: ¿Conoces a David Villa?
HI: ¿David Villa?
RM: (Te lo repito con la boca torcida)
RO: Déifid Fila
HI: Oh, sí. Me encanta Déifid Fila.
HI: ¿Cómo te llamas?
Cuando desvelo mi nombre de pila curiosamente nadie se da cuenta de que soy tocayo de Velázquez, pero sí de Maradona.
HI: ¿Maradona!
Y entonces ya me he ganado a toda la audiencia, ya que en Indonesia los maradonianos son legión.

Por suerte, inmediatamente después de que por segunda vez mi interlocutor preguntara “¿cómo un hombre tan guapo como tú puede ser soltero?”, partía mi todoterreno cuatro por cuatro. Mirándolo con más detenimiento no pasaba de ser un pocoterreno dos por dos. Una tartana que sonaba como una carraca. El coche emitía una variedad de sonidos comparable a la de una mesa de mezclas de un DJ ibicenco. La musicalidad tampoco difería mucho. Aunque realmente el coche debía ser de la época en que a los DJs aún se les conocía como pinchadiscos.

En este vehículo, inicialmente son todo hombres. A mi lado, un señor de indeterminada, pero avanzada edad, comienza la conversación estándar indonesio-míster:
HI: ¿De dónde eres?

Cuando llegamos a “Valencia”, dudo si decir “Déifid Fila” o remontarme a alguna época entre Puchades y Claramunt. No fue necesario. En Indonesia, nos conocen más por Villa que por Blasco Ibáñez, Llorenç Barber, Calatrava, las fallas, la paella, la horchata… Aunque prefiero que me llamen Villa a que me llamen Gürtel.

La carretera comienza a tener curvas. La carretera comienza a tener cuestas. La carretera comienza a desaparecer… Nueve horas después de salir de Sengkang, cuando la luz del día comenzaba a languidecer, llego a mi hotel en Mamasa. Sobre el mapa, la distancia es de 120 kilómetros. Decido alojarme en el mejor hotel de la ciudad. ¡Un día es un día! Y menos mal que sólo fue uno, porque la habitación no tenía luz en el baño, ni agua corriente. Al día siguiente me mudé a un hotel un poco más cutre, pero mucho más barato.

Aquí se está bien, y no tengo prisa por marcharme, pero habrá que comenzar a pensar en cómo salir de aquí. Añadamos un dato tan morboso para el lector, como desalentador para mí. En mi mapa de puntos gordos y puntos finos no hay comunicación directa entre Mamasa y Rantepao (deseablemente, mi siguiente destino), aunque distan entre 40 y 50 kilómetros en linea recta.
– Puedo bajar hasta el siguiente punto gordo, Pare Pare, y luego subir hasta Rantepao. Calculo que serán sólo entre 15 y 20 horas de carretera, haciendo noche probablemente allí.
– Puedo ir en un helicóptero del ejercito del aire, en el del RACC o en el de Tulipán.
– Puedo atravesar la jungla a pie o a caballo durante unos tres días.
– Puedo tomar un cutrebús por pedregosas pistas forestales que me lleve en 12 ó 14 horas.
– Puedo sentarme en la calle a llorar y esperar a que me rescate mi mamá, Superman o una nueva medida anticrisis del Gobierno.
Creo que optaré por la opción mas lógica y convencional. Disfrutar de Mamasa y aplazar el problema. Quizá se solucione por sí solo.

Salut.

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5 comentarios to “Así viví el terremoto de Java”

  1. Amparo Llorens Says:

    En Kenya tambien me pasaba lo mismo…. solo conocian a Villa, pero ademas lo peor es q todos se declaraban fieles admiradores del Barça… Muy triste 😦

  2. Dr.J Says:

    Hola!!!

    ¿terremoto que terremoto? Aquí yo no me he enterado, y eso que en el curro se lee el levante y todo.
    Bueno si has escrito todo eso, significa que estás bien.

    bueno leído lo leído, apuesto por la opción más lenta, pero de mayor realización personal que és atravesar la jungla siempre que se cumpla la siguiente fórmula:

    Botas chulas+ brújula cojonuda+macheteadecuado+ aguaX6+ gorro+dodotis+soborno local para piratas del bosque+aután atómico.

    Si, y solo si, entre punto gordo y otro punto gordo, no hay más de 300 curvas de nivel por centrímeto cuadrado(vamos está mu empinao); y si, y solo si, la fauna local ha sido masacrada por el ser humano como es habitual (no es cuestión que un tapir te muerda).

    Ya está bien de ir de señorito en todoterrenos casi particulares!!!!
    Ya está bien de tardar solo 14h en hacer 30km!!!!
    Al fin y al cabo te juegas la vida en esas tartanas tanto como si vas por la Jungla!!!!

    HOMBRE YA!!!!!

    Ale voy a ir llamando a MRW, para enviarte unas botas nuevas a Rantepau.

    Dr.J

    (no hagas caso pilla el coche y au!)

  3. mariam Says:

    jajaja imagino que resultaria divertido! que sepas que Mamasa no sale ni en el Google (al menos no en la primera página). Me alegro que estes bien despues del terremoto. Besos, se te sigue leyendo

  4. Rosa Says:

    Hola Diego!!
    Regresada de mis vacaciones intentaré ponerme al dia de los post del verano (no prometo nada).
    Referente a tu duda acerca del camino a seguir no se que aconsejarte pues dudo que camino será mas peligroso, la selva o el todoterreno 2×2.
    Tu corre detras del taxi que asi te ahorras más……..
    Besos

  5. Salvador Says:

    En el Valencia no saben de marketing. Si a David Villa le hubiesen cambiado su nombre por el de “Déifid Fila”, el Barça o el Madrid ya lo hubieran fichado hace tiempo pagando su cláusula y encima regalando algún jugador de propina.

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