Archive for the ‘Europa’ Category

Me siento realizado

1 noviembre 2009

Entrevista03

Texto: JUANJO M. / Reportaje gráfico: RAFAEL HERRERO. Madrid.

Al sentarse en una cafetería, Diego (Valencia, 1974) está haciendo varias cosas para las que probablemente haya perdido la costumbre: no carga con una mochila de entre 12 y 14 kilos; no tiene que regatear el precio de la cerveza; y está en Madrid, España, donde el ritmo de la ciudad le resulta extraño después de recorrerse media Asia, de Tailandia a Camboya, pasando por India, Indonesia, Laos, Malasia, Nepal o Singapur. Esta es la factura: el viaje ha costado unos 8.000 euros, unos cuantos kilos perdidos, bastantes sudores, y muchas, cuenta, emociones compartidas con otros viajeros.

P. Nueve meses después, llegas al aeropuerto de Barajas. Entonces…
R. Lo primero que pienso al volver a casa es en ver a la familia, en que me estaban esperando. Pienso en que alguien me espera en el aeropuerto, en que hay un coche de verdad, en que no me tengo que pelear para llegar a casa, en que no tengo que buscar alojamiento…fue mucha relajación con respecto a la tensión del viaje y el buscarme la vida cada día. Ahora estoy más tranquilo.

P. ¿Cuántas veces te han preguntado por qué? ¿Por qué este viaje? ¿Por qué ahora? ¿Por qué hasta allí?
R. Continuamente. Creo que parte de mi familia y de mis amigos, simplemente, no lo entienden, y lo consideran una locura. Los viajeros se pueden clasificar en los que buscan algo o huyen de algo y los que simplemente viajan por placer. Están los que viajan porque quieren y los que huyen de malas épocas en casa, por salir de una depresión, porque están insatisfechos con la vida que llevan… yo estaba en un momento muy bueno, de familia, de amigos y de trabajo.

P. Y aún así, te marchaste.
R. Como inversión es una mala inversión, sin duda, desde el punto de vista financiero. Desde el personal, de lo que a uno le aporta, no tiene precio, vale muchísimo más que lo invertido. Me he sentido muy realizado, porque es una idea que traía desde hace muchos años y a la que siempre veía alguna pega. Le he dado forma y ha salido un viaje largo, improvisando y cambiando de ruta. Me apetecía muchísimo hacerlo y no quería que pasaran muchos años más: ahora tengo la fuerza física y no tengo ataduras familiares.

P. ¿Por qué esta vez no había pegas?
R. Porque sabía que tenía cierto dinero en el banco, que ya había hecho un viaje similar, de sólo un mes, a Vietnam, en 2007, y ya conocía a gente que lo había hecho.

P. Así que las probabilidades de morir en el intento…
R. Eran bajas, sí.

P. Durante el viaje, ¿ha habido más gente que te haya intentado ayudar o que te haya intentado engañar?
R. Ha habido más gente que me ha intentado engañar. Si por engañar entendemos sacarme el dinero, por supuesto. La cara de dólar la lleva uno puesta siempre por ser occidental. Algunos de ellos ven un saco de dólares andantes: no distinguen al que viene con un presupuesto de 500 dólares al mes del que viene tres semanas y se gasta 4.000 euros. Son todo blancos, occidentales, que vienen con mucho dinero. Una cosa muy desagradable: me han ofrecido muchísimas drogas. El mochilero, en general, no es putero, pero sí hay algunos a los que les gusta consumir drogas.

P. ¿Quién te ha marcado?
R. Patricia y Romain, principalmente. Nos hemos entendido muy bien. También estuve con Max y Látigo, que son Rafa y Marcelo, dos madrileños con los que coincidí en Laos y Camboya. Los sentí muy cercanos. La semana pasada me encontré con un e-mail de la familia de Marcelo diciéndome que había muerto y convocándome a su funeral. Yo no sabía nada. Pude ir y ver a Rafa: le habían encontrado un melanoma a finales de abril, al poco de volver a Madrid, y a mediados de septiembre murió. Ha sido una experiencia dura. Marcelo tenía el sueño de hacer el viaje…

Entrevista02

P. ¿Qué has aprendido?
R. Me he dado cuenta de que me gusta escribir. Hasta ahora no lo sabía. El viaje me ha aportado mucha seguridad en mí mismo, tranquilidad y menos prisas.

P. ¿Y te has sorprendido contigo mismo?
R. Físicamente, quizás sí, por adaptarme a sitios diferentes, andar mucho, con algunos trekkings muy duros, y por dormir en sitios malos y seguir al día siguiente. En el norte de India hubo trekkings que fueron una prueba de superación, en parte física pero también con una gran dureza mental, por el esfuerzo de seguir adelante, de creer que uno puede seguir. Con uno de ellos, al final, no pude.

P. Habría días en los que te dijeras… ¡quién me mandaría meterme en esto!
R. Para nada. He tenido días más cansados, pero siempre lo he tenido claro. Al principio de Indonesia estaba un poco más desanimado, más débil físicamente…

P. ¿Ha habido algún momento más asqueroso que el templo de las ratas?
R. Probablemente, sí. Nunca he querido publicar las fotos, ni siquiera hacerlas… pero algunos váteres y algunos olores de India. Al llegar fuimos con un taxista que estaba realmente loco, pitando y en contradirección. Cuando llegamos al barrio en el que estaba el hotel, la calle estaba sin asfaltar, había muchísimas vacas y cuando llegó a una calle vacía, en medio de la oscuridad, nos dijo: ‘Ahí está el hotel’. Yo no me quería bajar del coche, porque no veía el hotel. Nos acompañó a una calle a la vuelta de la esquina, todavía peor, más pequeña, y con unos urinarios que echaban un olor terrible, muy muy duro. Al final de esa calle estaba el hotel.

P. ¿Aprendes a apreciar cosas que dabas por supuesto?
R. No he pasado hambre, pero he echado de menos cosas tan simples como el queso, la leche o el chocolate. Lo que he echado mucho de menos son los amigos de siempre, tener una conversación sobre cosas de toda la vida. Eso me ha faltado: dar un abrazo a un familiar, a un amigo. He estado muy bien, he conocido a gente muy interesante que quiero mantener como amigos, pero no había un pasado común, y eso lo he echado de menos.

Entrevista01

P. “Aquí estoy, mamá” dice el blog. Ya puedes ser sincero. ¿Cuántas veces te has puesto enfermo?
R. Enfermo de verdad, cero. Problemas de estómago he tenido con frecuencia. Con la medicación que llevaba se me curaba enseguida, hasta el punto de que al final probé a no tomar nada y se me pasaba. Hubo un momento en el que me dejé de poner repelente antimosquitos, porque olía fatal y no me apetecía: prácticamente no me han picado. Dejé de tomar las pastillas antimalaria, consultando previamente con mi farmacéutico en Valencia, y no las retomé, aunque guardaba unos cuantos comprimidos en la mochila por si tenía síntomas. Tres veces, quizás, tuve dolor de cabeza. Y, por supuesto, el mal de altura del que ya hablé en el blog.

P. ¿Cuántas veces te han robado?
R. No me han robado nada y no me han intentado robar ni una vez. Una vez me olvidé el teléfono y no me ayudaron a recuperarlo, aunque sé que lo podían haber hecho. He sido muy precavido. No era un objetivo muy atractivo para robar, porque no llevaba cosas de valor…y en India llevaba la mochila atada al vagón del tren o al autobús con una cadena y un candado.

P. ¿Te han ofrecido sexo por dinero?
R. Algunas veces. En Tailandia, Laos y Camboya… con menos frecuencia cuando iba con chicas.

P. ¿Cómo son los niños en Asia?
R. Cambia según el país. En algunos sitios se utilizan para pedir dinero. En Indonesia venían detrás de mí para hacerse una foto y ya está. En India o Nepal sí es muy habitual que te insistan pidiendo un bolígrafo, dinero o caramelos.

P. ¿Te has sentido en algún momento descubridor, el primer blanco que aparecía por ahí?
R. De los primeros no, de los pocos sí.

P. En tu última entrada en tu blog, escribes de Anna, que se marcha para Asia justo cuando tú has vuelto. ¿Cuál es tu consejo?
R. Infórmate. Lee guías, pregunta, pregunta y pregunta para que te vayan aconsejando.

P. ¿Y ahora qué?
R. Eso querría saber yo. Quiero ir a Valencia, ver a mi gente y asentarme. Por supuesto, tendré que trabajar. La hipoteca no se paga sola.

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Antepenúltima parada: Londres

22 octubre 2009
Londres: Autorretrato en el patio de la School of Arts.

Londres: Autorretrato en el patio de la School of Arts.

Mi regreso a Londres desde York, me lo tomo con calma. Tenía claro que no venía a disfrutar del tiempo, nublado durante casi toda mi estancia. Fundamentalmente me he dedicado a reencontrarme con antiguos amigos que conocí en mi época londinense. Me he quedado con Miriam (ex-compañera de clase) y Edoardo, que amablemente me han acogido en su casa de Southgate. Otra de esas casas acogedoras a la europea acompañada de una cálida acogida latina. También me reencontré con Upeka (ex-compañero de trabajo), con el que creía que intenté reencontrarme en Sri Lanka, e inesperadamente he visto que había vuelto a Londres. Reencuentro con Paulo (ex-compañero de trabajo) y familia, mayor de lo que era la última vez que los vi. Y por supuesto, el reencuentro con Patri, ex-compañera de piso y viajes, con la que nos hemos puesto al día sobre las noticias de estos meses, y los posibles planes de viaje en el futuro. Y gracias a Patricia, he vuelto a ver a Ainara, ex-compañera de piso, que me ha visto muy delgado y se ha empeñado en cebarme. Y yo, por no discutir, me he dejado.
 
Llegó el momento de partir de esta gran ciudad en la que parece que todos caben, pero a la que casi nadie siente pertenecer. Me dirigí en un autobus lleno, a la europea, al aeropuerto de Stansted para tomar un vuelo con Ryanair, la compañía aérea que te cobra por todo excepto por los billetes de avión. Llego al mostrador de facturación temiendo qué excusa se van a inventar para cobrarme un suplemento con la amenaza de dejarme en tierra. Yo ya había pagado por internet mi suplemento por llevar una maleta y había hecho el check-in para que no me cobraran 40 libras esterlinas de más (el doble de la tarifa pagada). Cuando suelto allí mi mochila me dicen que vaya a dejarla en otro sitio, ya que las cintas pueden engancharse en la maquinaria, algo sólo me ha sucedido anteriormente en Londres, pero nunca en Valencia, Madrid, Barcelona, Munich, Bangkok, Bali, Singapur… Pero mis temores eran infundados, era yo quien debía llevar allí la mochila, pero había que pagar ningún suplemento. Pasé los clásicos controles por los ultrasensibles detectores de metales, descalzo y sin cinturón, sin agua… Hasta que llegué a la puerta de embarque y vi que había un pequeño retraso, que fue prolongándose hasta ser de una hora. En la misma puerta de embarque, justo antes de acceder al avión, el personal de Ryanair, se dedicó a medir las sobredimensionadas maletas de los pasajeros ansiosos por cargar todo con ellos en el avión. Y allí mismo iba cobrando unas cantidades nada despreciables en concepto de suplemento por exceso de equipaje.

Ya en vuelo, descubrí que estaba prohibido dormir a menos que se cuente con genes indonesios. No sólo por el encajonamiento al que uno se ve sometido en su asiento, sino principalmente por la megafonía. Constantemente están lanzando mensajes por megafonía, que además está tan alta que apenas se entiende. El hecho de que los tripulantes hablaran a toda velocidad, entre dientes y con gran desgana no ayudaba demasiado. La tripulación era principalmente española, lo que no se notaba en la mejora del servicio, pero sí en el macarrónico acento al hablar inglés. Tras despegar comienza el mercadeo. Se anuncia que hay una promoción especial de bocadillos calentitos. Después nos indican que tienen una pizza estupenda a un precio bajísimo (lo del precio es falso, lo de que sea estupenda lo dudo mucho). Más tarde pasan ofreciendo comida y bebida. Después nos ofrecieron jugar al rasca-rasca. El tripulante que nos lo trató de vender por megafonía no creía para nada en el producto y se notó en la desgana con que lo anunciaba y en que tenía que parar de hablar de cuando en cuando porque era incapaz de aguantarse la risa. Obviamente, no vendió ninguno. Más tarde, nos recordaron que no se podía fumar a bordo, pero que ofrecían un sustitutivo del tabaco (no quise averiguar más detalles). Después anunciaron las ventas libres de impuestos, que incluyen cigarrillos para hacer sufrir más a aquellos que no pueden fumar a bordo.
 
Por fin, aterrizamos, sanos y sordos en Madrid, donde por primera vez en mucho tiempo, me esperaban a la llegada. Por cierto, este artículo, NO ha sido patrocinado por Ryanair.
 
Salut.

Recién aterrizado en Madrid - Barajas

Recién aterrizado en Madrid - Barajas

La vieja York

20 octubre 2009
La catedral de York: The Minster.

La catedral de York: The Minster.

La primera noche en suelo europeo fue corta. Demasiado corta. El jet lag no me ha tratado bien y he estado despierto desde bajas horas de la madrugada. Pese a ello, hay que ser fuertes y seguir en movimiento. Tomé el metro, calculando que había pagado por seis paradas aproximadamente el mismo importe que pagué en India por recorrer más de 500 kilómetros en tren. Corrijo: por cinco paradas. Nada más subir al metro, avisaron por megafonía de que no íbamos a parar en King’s Cross – Saint Pancras, que era mi destino, a causa de un incendio. Bajé en la parada anterior y recorrí a pie el último tramo. Una vez en King’s Cross emití mis billetes (reservados por internet desde Indonesia) en un expendedor automático y me subí a un larguísimo tren con destino a Escocia, con la intención de llegar sólo hasta York. Del incendio, nunca más se supo.
 
Una vez en el tren, me di cuenta de que había reservado en el “quiet coach” (vagón tranquilo, o vagón silencioso), donde se supone que no debe haber apenas sonido alguno. Pese a ello, hay megafonía. Las normas respecto al silencio son mayoritariamente respetadas. No sólo son silenciosos, sino que además los trenes no van ultrallenos, superllenos, ni siquiera llenos como en Asia. En los pasillos no hay objetos ni personas yaciendo, y las puertas y ventanas van cerradas cuando el tren está en marcha. Igualito que en Asia.
 
Una vez en York, me reencontré con Eli y Craig, y conocí a Tom, que ya tiene 13 meses. Es muy reconfortante encontrarse con amigos a los que uno hace tiempo que no ve. Durante el viaje he conocido mucha gente con quien comparto un presente muy interesante, pero el volver a encontrarse con amigos supone además reencontrarse con un pasado con el que uno necesita cruzarse de cuando en cuando. Esperemos que no vuelvan a pasar casi tres años hasta que nos volvamos a ver.

Paseando con Tom por York.

Paseando con Tom por York.

 
En los días que he pasado con Eli y familia en York, he recibido tratamientos y honores a los que ya no estaba acostumbrado. Además he continuado con mi gradual adaptación a occidente, empezando por vivir en una casa, no en un hotel. Aquí las casas están limpias. Muy limpias. Las puertas y ventanas cierran bien. Hay varios enchufes en cada habitación y además funcionan todos. También funcionan todos los grifos y hay agua fría (muy fría) y caliente (muy caliente), independientemente de la temperatura ambiente. Creo que me podré adaptar.
 

The Eye of York.

The Eye of York.

Por primera vez en nueve meses me he vestido con unos pantalones vaqueros y un jersey de lana. También por primera vez en este tiempo he tomado un vaso entero de leche, he comido jamón serrano y bebido una copa de vino. El reencuentro con el queso también ha sido de lo más emotivo, aunque gracias al excelente queso de yak nepalí, no había pasado tanto tiempo sin catarlo. Cada vez estoy más convencido de que me voy a adaptar.
 
Un reencuentro menos emotivo ha sido el que he tenido con las temperaturas invernales y el cielo encapotado. York, al igual que todas las ciudades de Inglaterra, subyace bajo una eterna capa de nubes que constantemente amenazan lluvia. A veces cumplen la amenaza, y a veces escampa y sale el sol. En la vieja York, el edificio que destaca entre todos los demás y hace distinguible su silueta es la catedral, a la que aquí llaman The Minster. La ciudad no es comparable a Londres. En realidad, ninguna ciudad británica lo es, hasta el punto que muchas veces se dice que Londres no es Inglaterra. York tiene un pequeño centro histórico interesante y globalmente como ciudad es mucho menor y más tranquila. No voy a seguir hablando de York, ya que he de reconocer que me está costando una barbaridad cumplir lo propuesto: hablar de York sin hacer ninguna gracia sobre el jamón. Mejor lo dejo aquí, que si no, acabaré sucumbiendo a la tentación.
 
Salut.

York: casa estilo Tudor.

York: casa estilo Tudor.

Si hoy es martes, esto es Londres

14 octubre 2009

 

Senyalizacion londinense: "False friend" o "no es lo que parece".

Señalización londinense: "False friend" o "no es lo que parece".

Estaba yo echando una miradita al calendario y me parecía que 261 días en Asia ya eran suficientes. Se me ha ocurrido que quizá sea el momento de volver a Europa. Mirando y mirando en internet, he encontrado una oferta a Londres que no podía rechazar. Escondía alguna pega, claro está. El vuelo era en martes, ni te cases ni te embarques. Y además en martes y trece. Pero como yo no soy supersticioso (que dicen que trae mala suerte serlo), me armé de valor y me encontré, soltero y embarcado, de vuelta a Europa. Durante el vuelo, de poco más de trece horas del tirón, me he cruzado en algún punto de los cielos de Eurasia con Anna, intuyo que abriendo galletas de la fortuna, que empieza su viaje por el sudeste asiático justo cuando yo lo dejo.

Escena urbana en Londres: pub, autobuses y taxis tradicionales junto a arquitectura moderna.

Escena urbana en Londres: pub, autobuses y taxis tradicionales junto a arquitectura moderna.

Lo bueno que tiene volver por el Reino Unido es que, como también conducen por la izquierda, igual que en Tailandia, India, Nepal, Indonesia, Singapur y Malasia, la readaptación es gradual. Aprovecharé que estoy en Inglaterra para reencontrarme con amigos a los que llevo años sin ver, para pasar frío (anunciaron tres grados al aterrizar), quejarme de lo caro que está todo, comenzar a hacer balance de estos últimos meses e ir adaptándome al extraño estilo de vida occidental.

El Londres de ayer (Big Ben), de hoy (London Eye) y de siempre (futbol).

El Londres de ayer (Big Ben), de hoy (London Eye) y de siempre (fútbol).

En Londres me he alojado en casa de Lina, donde me he dado la primera ducha caliente desde el pasado mes de agosto. Aprovechando que son vecinas, he ido a visitar a Ofelia (la de Millais, no la de Ibáñez).

Londres y sus vanguardias artisticas: performance en Trafalgar Square.

Londres y sus vanguardias artísticas: performance en Trafalgar Square.

El primer día, además de tratar de recuperarme sin éxito del jet lag, he dado un paseíto por el centro de Londres. El Londres donde uno se encuentra con autobuses de dos plantas, taxis de diseño anticuado, cabinas telefónicas rojas, excesiva señalización, el Big Ben, díscolos herederos reales, parques, el Támesis, habitantes de educación exquisita, habitantes maleducados, franquicias, fútbol, Canary Wharf, diversidad racial, cultural y religiosa, teatros representando musicales, Tower Bridge, la guardia real, Trafalgar Square, la prensa gratuita, los tabloides, el buen gusto vistiendo, el mal gusto vistiendo, lo clásico, las vanguardias, museos gratuitos, donde “sí” y “no” son antónimos, donde los semáforos se respetan, “a las cinco” significa “a las cinco” y llevar reloj tiene sentido… La ciudad donde he recobrado el anonimato.

Salut.

Londres: Bucolica escena en Saint James Park.

Londres: Bucólica escena en Saint James Park.

Cinco meses, cinco paises, cinco grandes momentos

13 julio 2009
Yo creo que unos meses mas todavia podrian aguantar.

Yo creo que unos meses más todavía podrían aguantar.

Son ya cinco meses de viaje (cinco y medio, para ser más exactos), visitando cinco países diferentes. Es cierto: no me he dado demasiada prisa. Cinco países con alfabeto distinto al nuestro, que me han hecho sentir analfabeto a menudo: Tailandia, Laos, Camboya, India y Nepal. Han sucedido ya unas cuantas cosas, he conocido a gente interesante, y conocido mejor a gente interesante que ya conocía.

El viaje no acaba aquí, pero se acerca un nuevo punto de inflexión en el mismo. Pese a no ser el fin del camino, he encontrado, no sin cierta meditación, un motivo para hacer una particular recopilación a modo de recordatorio: me apetece.

Cinco clásicos imprescindibles:
Encontrarme con un catalán de Blanes
Templos de Angkor
Taj Mahal
Varanasi
Hacer un trekking en Nepal

Cinco trayectos agotadores:
Las 1864 curvas entre Chiang Mai y Mae Hong Son, pasando por Pai
De Don Det a Kratie
De Phnom Penh a Koh Chang
De Khajuraho a Varanasi
De Leh a Manali

Cinco experiencias animales:
Paseo a lomos de un elefante
Templo de los Tigres
Dos días a camello por el Desierto del Thar
Templo de las Ratas
Correr perseguido por un búfalo

Cinco delicias gastronómicas (comerciales y beberciales):
– Pad Thai, en Tailandia
Batidos de fruta del sudeste asiático
– Pescado a la parrilla en una callejuela de Luang Prabang
Lassi en India y Nepal
Malai Kofta en India

Cinco momentos curiosos:
Ser bendecido por un monje budista
Explicándome en la peluqueria
Departir con el cónsul de Francia en Phnom Penh
Señora en trance a orillas del Ganges
Ceremonia de cierre de la frontera indo-pakistaní

Cinco lugares para no dormir, aunque yo lo intenté:
Tienda de campaña en Pai
Una cueva en el norte de Tailandia
Bus-litera entre Bundi y Jodhpur
Al raso en las dunas del Desierto del Thar
A 4960 m. de altura en el Campamento Base del Stok Kangri

Cinco momentos difíciles:
Primer incidente en el aeropuerto de Munich
Recibir un masaje a traición en los urinarios de una discoteca
Dejar mi pasaporte una semana en manos de un comegafas
Beber agua caliente, muy caliente, en el desierto
Sufrir mal de altura a 5500 m.

Al final me ha quedado un post con mas flashbacks que un guión de Amenábar en sus inicios. En la selección, como suele suceder, no están todos los que son, pero son todos los que están.

Salut.

Primer incidente

25 enero 2009

Ya se sabe que siempre que se viaja, surge algún que otro incidente serio. Más aún cuando se trata de un viaje largo (en tiempo y en distancia).
El día empezó con un vuelo de Valencia a Múnich. Como en Múnich tengo muchísimo tiempo de conexión, decido tomármelo con calma: café, periódico, paseíto…
Llego al mostrador para sacar la tarjeta de embarque.
Pregunta: “¿Me enseña el billete de vuelta?”.
Respuesta: ” De eso no tengo”.
P: “O un billete de salida de Tailandia a otro país?”
R: “De eso, tampoco tengo”.
P: “Y un visado para entrar en Tailandia?”
R: (Como San Pedro a Cristo: Tercera negación)
Consulta a la compañera del mostrador vecino.
Consulta telefónica.
Conclusión: “Usted no puede viajar. No le puedo dar la tarjeta de embarque si no tiene billete de salida de Tailandia o visado.”

Análisis de la situación: Estoy en Múnich. No hablo alemán. Mi equipaje está facturado hasta Bangkok. Fuera hace sol, pero 0 grados (ni frío ni calor). Y como pretendía ir a un sitio caluroso, no llevo suficiente ropa de abrigo ni para llegar al centro de la ciudad sin presentar una firme candidatura a sufrir hipotermia.

La situación evoca recuerdos varios:

– Tanta preparación de viaje para verse tirado a la primera de cambio, sin ni siquiera salir de Europa.

– ¿No es injusto que el tío de Spanair que me ha dejado embarcar en Valencia, y me ha facturado el equipaje hasta Bangkok, no haya sido afectado por el ERE, cuando conozco a gente muy válida que sí?

– ¿Y Álex no me podía haber avisado de este tema? Teniendo en cuenta que lo hablamos el día anterior. “¿Pero cómo te van a pedir visado? Si lo que están deseando es recibir turismo”. Álex, te aviso aquí y ahora: esas gambas a la plancha que nos vamos a tomar en Benidorm a la vuelta, corren de tu cuenta”.

– ¿Y por qué no habre hecho caso a Vicente? Que, muy profesionalmente, me avisó de que esto me podía pasar. Disculpa Vicente, por no haberte escuchado.

Tras este paréntesis mental de emoción, intriga y dolor de barriga, sigo hablando con la amable señorita que no me deja embarcar:

“Si quiere, vaya ahí enfrente (Air Berlin), y pregunte si le pueden vender un billete de regreso. Es muy caro, pero sin él no le puedo dar la tarjeta de embarque.”

Allá que voy a pedir ayuda con mi imperfectísimo alemán. Avisan a una chica española, que muy amablemente me dice que ya le ha pasado varias veces, y que me puede solucionar el problema vendiéndome un billete muy caro del que puede devolverme gran parte si cancelo luego. Y así, sólo perderé el importe equivalente a varias raciones de gambas a la plancha.

Vuelvo al mostrador inicial, con mi “billete de vuelta” y recibo mi tarjeta de embarque y una sonrisa.

Llego a Bangkok con bastante normalidad, es decir, cansadísimo y con jet lag.  Localizo a Patri y a Kike (a los que llevaba años sin ver) en el hotel que habíamos quedado en Bangkok.

Y a partir de ahí todo bien: buena habitación (incluso tiene agua caliente). Equipaje casi perfecto (crema solar derramada y toca mañana sesión de lavandería). Paso el día con Patri y Kike, y vamos a un mercado inmenso en el que ya estuve una vez. Y probamos delicias gastronómicas tailandesas.

Comentario de amigo: si en Tailandia te dicen que la comida es poco picante, significa que es muy picante. Adjunto prueba del “antes”.

Salut.

Antes de disfrutar del picante

Antes de disfrutar del picante

El preparto (antes de partir)

19 enero 2009

Pues aquí ando, iniciándome en el mundo de los blogs y acabando los preparativos de viaje. En menos de 12 horas tengo la salida de Valencia a Bangkok. Comienzo el blog con la intención de sustituir a los emails que iba enviando a familia y amigos en otros viajes para decir que estoy bien, y contar lo que iba viendo. Ahora creo que es más fácil de leer, guardar y de que llegue a quien realmente quiera leerme.

Estos últimos días, han sido días de últimas visitas y llamadas a amigos, incluido un feliz nacimiento, y aún así con muchas despedidas pendientes. Me han sorprendido las muchísimas muestras de ánimo e incluso de entusiasmo y los comentarios de “envidia sana”. Y he recibido muchísimos consejos de buen amigo y asesoramiento experto e inexperto…

En estos momentos, la sensación es de nervios y de incertidumbre de si he arreglado en casa todo lo necesario, de qué me faltará y de qué me sobrará en la mochila. Lo más curioso es que mirando la mochila, veo que no está llena. Y se agudiza la extraña sensación de “¿qué se me está olvidando?”.

Salut

Contempando la Valencia que queda atrás

Contempando la Valencia que queda atrás