Archive for the ‘Nepal’ Category

Me siento realizado

1 noviembre 2009

Entrevista03

Texto: JUANJO M. / Reportaje gráfico: RAFAEL HERRERO. Madrid.

Al sentarse en una cafetería, Diego (Valencia, 1974) está haciendo varias cosas para las que probablemente haya perdido la costumbre: no carga con una mochila de entre 12 y 14 kilos; no tiene que regatear el precio de la cerveza; y está en Madrid, España, donde el ritmo de la ciudad le resulta extraño después de recorrerse media Asia, de Tailandia a Camboya, pasando por India, Indonesia, Laos, Malasia, Nepal o Singapur. Esta es la factura: el viaje ha costado unos 8.000 euros, unos cuantos kilos perdidos, bastantes sudores, y muchas, cuenta, emociones compartidas con otros viajeros.

P. Nueve meses después, llegas al aeropuerto de Barajas. Entonces…
R. Lo primero que pienso al volver a casa es en ver a la familia, en que me estaban esperando. Pienso en que alguien me espera en el aeropuerto, en que hay un coche de verdad, en que no me tengo que pelear para llegar a casa, en que no tengo que buscar alojamiento…fue mucha relajación con respecto a la tensión del viaje y el buscarme la vida cada día. Ahora estoy más tranquilo.

P. ¿Cuántas veces te han preguntado por qué? ¿Por qué este viaje? ¿Por qué ahora? ¿Por qué hasta allí?
R. Continuamente. Creo que parte de mi familia y de mis amigos, simplemente, no lo entienden, y lo consideran una locura. Los viajeros se pueden clasificar en los que buscan algo o huyen de algo y los que simplemente viajan por placer. Están los que viajan porque quieren y los que huyen de malas épocas en casa, por salir de una depresión, porque están insatisfechos con la vida que llevan… yo estaba en un momento muy bueno, de familia, de amigos y de trabajo.

P. Y aún así, te marchaste.
R. Como inversión es una mala inversión, sin duda, desde el punto de vista financiero. Desde el personal, de lo que a uno le aporta, no tiene precio, vale muchísimo más que lo invertido. Me he sentido muy realizado, porque es una idea que traía desde hace muchos años y a la que siempre veía alguna pega. Le he dado forma y ha salido un viaje largo, improvisando y cambiando de ruta. Me apetecía muchísimo hacerlo y no quería que pasaran muchos años más: ahora tengo la fuerza física y no tengo ataduras familiares.

P. ¿Por qué esta vez no había pegas?
R. Porque sabía que tenía cierto dinero en el banco, que ya había hecho un viaje similar, de sólo un mes, a Vietnam, en 2007, y ya conocía a gente que lo había hecho.

P. Así que las probabilidades de morir en el intento…
R. Eran bajas, sí.

P. Durante el viaje, ¿ha habido más gente que te haya intentado ayudar o que te haya intentado engañar?
R. Ha habido más gente que me ha intentado engañar. Si por engañar entendemos sacarme el dinero, por supuesto. La cara de dólar la lleva uno puesta siempre por ser occidental. Algunos de ellos ven un saco de dólares andantes: no distinguen al que viene con un presupuesto de 500 dólares al mes del que viene tres semanas y se gasta 4.000 euros. Son todo blancos, occidentales, que vienen con mucho dinero. Una cosa muy desagradable: me han ofrecido muchísimas drogas. El mochilero, en general, no es putero, pero sí hay algunos a los que les gusta consumir drogas.

P. ¿Quién te ha marcado?
R. Patricia y Romain, principalmente. Nos hemos entendido muy bien. También estuve con Max y Látigo, que son Rafa y Marcelo, dos madrileños con los que coincidí en Laos y Camboya. Los sentí muy cercanos. La semana pasada me encontré con un e-mail de la familia de Marcelo diciéndome que había muerto y convocándome a su funeral. Yo no sabía nada. Pude ir y ver a Rafa: le habían encontrado un melanoma a finales de abril, al poco de volver a Madrid, y a mediados de septiembre murió. Ha sido una experiencia dura. Marcelo tenía el sueño de hacer el viaje…

Entrevista02

P. ¿Qué has aprendido?
R. Me he dado cuenta de que me gusta escribir. Hasta ahora no lo sabía. El viaje me ha aportado mucha seguridad en mí mismo, tranquilidad y menos prisas.

P. ¿Y te has sorprendido contigo mismo?
R. Físicamente, quizás sí, por adaptarme a sitios diferentes, andar mucho, con algunos trekkings muy duros, y por dormir en sitios malos y seguir al día siguiente. En el norte de India hubo trekkings que fueron una prueba de superación, en parte física pero también con una gran dureza mental, por el esfuerzo de seguir adelante, de creer que uno puede seguir. Con uno de ellos, al final, no pude.

P. Habría días en los que te dijeras… ¡quién me mandaría meterme en esto!
R. Para nada. He tenido días más cansados, pero siempre lo he tenido claro. Al principio de Indonesia estaba un poco más desanimado, más débil físicamente…

P. ¿Ha habido algún momento más asqueroso que el templo de las ratas?
R. Probablemente, sí. Nunca he querido publicar las fotos, ni siquiera hacerlas… pero algunos váteres y algunos olores de India. Al llegar fuimos con un taxista que estaba realmente loco, pitando y en contradirección. Cuando llegamos al barrio en el que estaba el hotel, la calle estaba sin asfaltar, había muchísimas vacas y cuando llegó a una calle vacía, en medio de la oscuridad, nos dijo: ‘Ahí está el hotel’. Yo no me quería bajar del coche, porque no veía el hotel. Nos acompañó a una calle a la vuelta de la esquina, todavía peor, más pequeña, y con unos urinarios que echaban un olor terrible, muy muy duro. Al final de esa calle estaba el hotel.

P. ¿Aprendes a apreciar cosas que dabas por supuesto?
R. No he pasado hambre, pero he echado de menos cosas tan simples como el queso, la leche o el chocolate. Lo que he echado mucho de menos son los amigos de siempre, tener una conversación sobre cosas de toda la vida. Eso me ha faltado: dar un abrazo a un familiar, a un amigo. He estado muy bien, he conocido a gente muy interesante que quiero mantener como amigos, pero no había un pasado común, y eso lo he echado de menos.

Entrevista01

P. “Aquí estoy, mamá” dice el blog. Ya puedes ser sincero. ¿Cuántas veces te has puesto enfermo?
R. Enfermo de verdad, cero. Problemas de estómago he tenido con frecuencia. Con la medicación que llevaba se me curaba enseguida, hasta el punto de que al final probé a no tomar nada y se me pasaba. Hubo un momento en el que me dejé de poner repelente antimosquitos, porque olía fatal y no me apetecía: prácticamente no me han picado. Dejé de tomar las pastillas antimalaria, consultando previamente con mi farmacéutico en Valencia, y no las retomé, aunque guardaba unos cuantos comprimidos en la mochila por si tenía síntomas. Tres veces, quizás, tuve dolor de cabeza. Y, por supuesto, el mal de altura del que ya hablé en el blog.

P. ¿Cuántas veces te han robado?
R. No me han robado nada y no me han intentado robar ni una vez. Una vez me olvidé el teléfono y no me ayudaron a recuperarlo, aunque sé que lo podían haber hecho. He sido muy precavido. No era un objetivo muy atractivo para robar, porque no llevaba cosas de valor…y en India llevaba la mochila atada al vagón del tren o al autobús con una cadena y un candado.

P. ¿Te han ofrecido sexo por dinero?
R. Algunas veces. En Tailandia, Laos y Camboya… con menos frecuencia cuando iba con chicas.

P. ¿Cómo son los niños en Asia?
R. Cambia según el país. En algunos sitios se utilizan para pedir dinero. En Indonesia venían detrás de mí para hacerse una foto y ya está. En India o Nepal sí es muy habitual que te insistan pidiendo un bolígrafo, dinero o caramelos.

P. ¿Te has sentido en algún momento descubridor, el primer blanco que aparecía por ahí?
R. De los primeros no, de los pocos sí.

P. En tu última entrada en tu blog, escribes de Anna, que se marcha para Asia justo cuando tú has vuelto. ¿Cuál es tu consejo?
R. Infórmate. Lee guías, pregunta, pregunta y pregunta para que te vayan aconsejando.

P. ¿Y ahora qué?
R. Eso querría saber yo. Quiero ir a Valencia, ver a mi gente y asentarme. Por supuesto, tendré que trabajar. La hipoteca no se paga sola.

Cinco meses, cinco paises, cinco grandes momentos

13 julio 2009
Yo creo que unos meses mas todavia podrian aguantar.

Yo creo que unos meses más todavía podrían aguantar.

Son ya cinco meses de viaje (cinco y medio, para ser más exactos), visitando cinco países diferentes. Es cierto: no me he dado demasiada prisa. Cinco países con alfabeto distinto al nuestro, que me han hecho sentir analfabeto a menudo: Tailandia, Laos, Camboya, India y Nepal. Han sucedido ya unas cuantas cosas, he conocido a gente interesante, y conocido mejor a gente interesante que ya conocía.

El viaje no acaba aquí, pero se acerca un nuevo punto de inflexión en el mismo. Pese a no ser el fin del camino, he encontrado, no sin cierta meditación, un motivo para hacer una particular recopilación a modo de recordatorio: me apetece.

Cinco clásicos imprescindibles:
Encontrarme con un catalán de Blanes
Templos de Angkor
Taj Mahal
Varanasi
Hacer un trekking en Nepal

Cinco trayectos agotadores:
Las 1864 curvas entre Chiang Mai y Mae Hong Son, pasando por Pai
De Don Det a Kratie
De Phnom Penh a Koh Chang
De Khajuraho a Varanasi
De Leh a Manali

Cinco experiencias animales:
Paseo a lomos de un elefante
Templo de los Tigres
Dos días a camello por el Desierto del Thar
Templo de las Ratas
Correr perseguido por un búfalo

Cinco delicias gastronómicas (comerciales y beberciales):
– Pad Thai, en Tailandia
Batidos de fruta del sudeste asiático
– Pescado a la parrilla en una callejuela de Luang Prabang
Lassi en India y Nepal
Malai Kofta en India

Cinco momentos curiosos:
Ser bendecido por un monje budista
Explicándome en la peluqueria
Departir con el cónsul de Francia en Phnom Penh
Señora en trance a orillas del Ganges
Ceremonia de cierre de la frontera indo-pakistaní

Cinco lugares para no dormir, aunque yo lo intenté:
Tienda de campaña en Pai
Una cueva en el norte de Tailandia
Bus-litera entre Bundi y Jodhpur
Al raso en las dunas del Desierto del Thar
A 4960 m. de altura en el Campamento Base del Stok Kangri

Cinco momentos difíciles:
Primer incidente en el aeropuerto de Munich
Recibir un masaje a traición en los urinarios de una discoteca
Dejar mi pasaporte una semana en manos de un comegafas
Beber agua caliente, muy caliente, en el desierto
Sufrir mal de altura a 5500 m.

Al final me ha quedado un post con mas flashbacks que un guión de Amenábar en sus inicios. En la selección, como suele suceder, no están todos los que son, pero son todos los que están.

Salut.

De monte a monte, pasando por Delhi

10 junio 2009

Aeropuerto de Katmandú

Llegamos al aeropuerto de Katmandú con más antelación de la necesaria para evitar cualquier tipo de contratiempo de última hora. Como novedad: nunca me habían pedido el billete de avión y el pasaporte, y escaneado el equipaje para poder entrar a un aeropuerto. Tras un buen rato de charla con Romain en el aeropuerto, nos despedimos definitivamente de él y fuimos a embarcar. Romain tenía su vuelo unas horas más tarde que nosotros. Tras pasar el control de pasaportes había dos azafatas esperándonos diciendo que nos diéramos prisa, que éramos los últimos pasajeros en embarcar. Quedaba más de media hora, pero a mí me venía a la mente cierta estresante experiencia vivida en el aeropuerto de Dublín que no voy a relatar porque no forma parte de este viaje. Pasamos el registro de equipaje de mano, cacheo y escáner hasta llegar a la puerta de embarque, donde vimos que habían exagerado y no fuimos los últimos en embarcar. Fuimos los penúltimos. Aún nos quedaba otro concienzudo registro a los pies de la escalerilla de acceso al avión. Con razón necesitan tanto tiempo de antelación. Resumiendo, por dos veces (no necesariamente por este orden) pasamos por los arcos detectores de metales, fuimos cacheados, nos escanearon el equipaje de mano, y nos lo registraron. En uno de esos registros, a Pierre le requisaron (¿o debo decir le robaron?) cuatro pilas recargables de su cámara de fotos.

Vuelo a Delhi

Pero finalmente estábamos puntualmente embarcados en el avión. Desde que llegué a Asia, el pasado mes de enero, sólo me había desplazado una vez en avión. He repetido con Jet Airways, como en el trayecto de Bangkok a Delhi, y me sigue pareciendo una compañía aérea mejor que la media de las europeas. Me pasé el viaje jugando con la pantalla táctil, ya que el trayecto era demasiado corto para ver una película y la niebla impedía una buena visión por la ventanilla. Curiosamente, el mismo día en que se cayó un avión en India, fue la primera vez en mi vida que me tocó uno de los siempre disputados asientos junto a la salida de emergencia. Da gusto viajar tan ancho, pero al estar sobre el ala, la visibilidad es mala. En este caso, la misma que el resto del pasaje, gracias a la niebla.

En el avión rellenamos, como es habitual, el formulario de entrada al país. En esta ocasión, había un formulario que yo no conocía sobre la nueva gripe. En el formulario, además de interesarse por qué tal me encontraba, me preguntaron si venía de algún país con riesgo. El listado de tan sólo nueve países del mundo que consideran de riesgo incluía España. Pero, pese a viajar con pasaporte español, al llevar varios meses sin pisar España, no me pusieron ninguna objeción. Antes de pasar por inmigración, pasamos un “control médico”, consistente en recoger el papelito y preguntar “¿estás malito?”, convenientemente protegidos tras las máscaras, por si acaso. Los funcionarios de inmigración también llevan todos máscaras, algo que no vi la anterior ocasión en que entré en India, en marzo pasado. Es lógico que se protejan: “Estamos aquí, tan a gustito en India, y tienen que venir desde países como EEUU, Reino Unido o España a pegarnos enfermedades de esas raras que tienen ellos.”

Delhi: vistas desde el hotel.

Delhi: vistas desde el hotel.

A mitad tarde nos plantamos en Delhi a 42 grados centígrados, que viniendo de Nepal, nos sentaron como un “¡Zas! en toda la boca”. Pasamos unas horas en un bonito hotel en un barrio inmundo junto al aeropuerto, hasta que el despertador nos arrancó de los brazos de Morfeo a las tres y media de la madrugada. ¡Y otra vez al aeropuerto!

Sobrio vuelo sobre el Himalaya

De nuevo tenemos control de pasaporte y billete para acceder al aeropuerto. Esta vez hemos volado con Kingfisher Airlines. Kingfisher es el nombre de la mayor marca de cerveza de India, que a su vez es propietaria de la aerolínea. Yo imaginaba un ambiente idílico a bordo, con las azafatas repartiendo cerveza a gogó como en las fiestas patronales de prestigio, y una espontánea conga de Jalisco por el pasillo del avión. Paradójicamente no fue así. Incomprensiblemente, nos sirvieron un botellín de agua y un desayuno indio. Recomendación del día, a propósito del desayuno indio: “no lo prueben en sus casas”.

El Himalaya visto desde el avion.

El Himalaya visto desde el avión.

Esta vez me volvió a tocar ventanilla, pero sin ala y con día claro. Es el trayecto de avión con las vistas más bonitas que recuerdo haber hecho jamás. Poco después de salir de Delhi, tras el llano comenzaron las montañas, después más altas, después los picos nevados del Himalaya que superan los 5000 y los 6000 metros de altura. Más adelante el paisaje se convirtió en árido y desértico, aunque todavía montañoso. Dimos un par de vueltas, pasando más cerca de las montañas de lo que yo considero deseable y aterrizamos en el aeropuerto de Leh. Según mi guía es el aeropuerto más alto del mundo, a 3505 metros de altura (o 70 Migueletes, o 4,6 Montgós, para que sea más comprensible). Calculo que el trayecto en avión lo podemos dividir en veinte minutos de ascenso, una hora de avance en horizontal y cinco minutos de descenso.

El Himalaya visto desde el aire.

El Himalaya visto desde el aire.

Al estar a una altura tan elevada de repente, para evitar problemas, es recomendable pasar un periodo de aclimatación de entre 24 y 48 horas sin realizar grandes esfuerzos físicos. Es algo difícil para alguien de caracter nervioso, estresado y activo como el mío, pero como ya he comentado alguna que otra vez “aquí no hemos venido a divertirnos, sino a hacer lo necesario para poder rellenar un blog”.

Salut.

Leh: llegada al aeropuerto.

Leh: llegada al aeropuerto.

Adiós a Nepal

9 junio 2009
Kathmandu: niños en los arrozales.

Katmandú: niños en los arrozales.

Hoy caduca mi visado nepalí, y muy a mi pesar debo salir del país. Vuelvo al norte de la India con la idea de recorrer un itinerario bastante diferente al de mi anterior estancia. Seguiré viajando con Pierre, pero no con Romain, que vuelve a Francia. Seguro que lo echaremos de menos, después de tanto tiempo viajando juntos.

Bhaktapur: esto no debe ser bueno para la espalda (y supongo que para los pies tampoco).

Bhaktapur: esto no debe ser bueno para la espalda (y supongo que para los pies tampoco).

Bhaktapur, ciudad cerrada a la circulacion motorizada

Bhaktapur, ciudad cerrada a la circulación motorizada

Kathmandu: a estas edades es habitual que les pinten asi los ojos.

Katmandú: a estas edades es habitual que les pinten así los ojos.

Creo que Nepal es, en conjunto, el país que más me ha gustado de los visitados hasta ahora en el viaje. Es donde he disfrutado de mejores temperaturas, sin el calor que me hacía pasar todo el día bebiendo y sudando. Es donde he hecho el mejor trekking de mi vida. Y me he quedado con ganas de hacer otro recorrido más largo. Excepto en Katmandú, la capital, el resto de lugares que he conocido son relativamente limpios y tranquilos. El desarrollo turístico del país ha sido poco para el potencial de sus recursos, debido a la inestabilidad política. Quizá por ser un desarrollo lento se ha podido conservar un estado de limpieza bastante razonable pese a no ser un país rico. Además de las montañas y la baja densidad de población, la escasez de tejido industrial contribuye también a que se respire un aire puro en casi todo el país.

Nagarkot: aqui quede con el Everest, pero me dio planton.

Nagarkot: aquí quedé con el Everest, pero me dio plantón.

Me despido de Nepal, el paraíso del trekking, el país de la bandera hecha jirones, donde la familia real se diezma a sí misma, el techo del mundo y la patria del Yeti, con pena y con la firme convicción de que quiero volver en un día no muy lejano.

Salut.

Nagarkot: charla a las puertas de casa.

Nagarkot: charla a las puertas de casa.

Bhaktapur: no es de los autobuses mas llenos que hemos visto, pero sirve para hacerse una idea.

Bhaktapur: no es de los autobuses más llenos que hemos visto, pero sirve para hacerse una idea.

Katmandú

7 junio 2009

Una vez llegamos a Katmandú, la capital de Nepal, buscamos instalarnos en un lugar céntrico pero tranquilo. Gracias a las recomendaciones de Pierre, que ya estuvo aquí, lo conseguimos. Esta vez ha sido la primera ocasión desde hace más de tres semanas que no tenemos vistas a la montaña desde la habitación. Cosas de la gran capital.

Katmandú, como buena capital, es el lugar más multitudinario, sucio, ruidoso y caótico que me he encontrado desde la llegada a Nepal. Lo cual aprovecharé como una suave introducción a mi inminente regreso a India.

Como nos quedan varios dias en Katmandú, hemos decidido espaciar las visitas.
El primer día decidimos ir a Swayambhunath (el Templo de los Monos). Nos pusimos en camino, pero nos equivocamos, y acabamos en la plaza Durbar, que era donde pretendíamos ir al día siguiente. Ya que estábamos, aprovechamos para empaparnos de la cultura y monumentalidad de la plaza. En este caso, mucho más concurrida que su homónima de Bhaktapur. En la plaza se encuentra, entre otros monumentos, el Kumari Bahal (el palacio de la Kumari). La Kumari es considerada la única diosa viviente. Se trata de una niña, cuidadosamente seleccionada, de entre cuatro y trece años, que vive recluida en el palacio (excepto las festividades religiosas) durante su vida como diosa. Su vida como diosa acaba al mismo tiempo que su vida como niña, con su primera menstruación. Su vida como mujer empieza con su descenso de los altares a la vida terrenal con el resto de los mortales, en la que la creencia popular dice que da mala suerte casarse con una ex-Kumari.

Kathmandu: a estas ventanas se asoma la Kumari.

Katmandú: a estas ventanas se asoma la Kumari.

Se puede acceder al palacio y fotografiar las ventanas desde las que la Kumari se asoma, pero está estrictamente prohibido fotografiar a la Kumari. También se puede ver a la Kumari. Para ello hay que contratar a un guía, y que este le pida a la Kumari, previo pago, que se asome. Dato escéptico-curioso: los guías venden postales de la Kumari a precio de amigo. Nuevamente me topo con que la cruda realidad insiste en mostrarme la excesiva afinidad entre la espiritualidad y el maldito parné en muchos lugares del mundo. Es de perogrullo comentar que la visión que tuve de la Kumari fue similar a la que tuve del Everest.

Kathmandu: Plaza Durbar

Katmandú: Plaza Durbar

Tras la plaza Durbar, decidimos perdernos por las callejuelas del viejo Katmandú. Dicho objetivo, dada la experiencia acumulada estos últimos meses, fue cumplido con creces. A cambio obtuvimos como recompensa un impagable recorrido por los mercados locales.
Por la tarde nos encontramos con un mensaje de la familia indo-franco-alemana con la que compartimos unos días a ambas orillas del lago de Pokhara, diciendo que también estaban en Katmandú. Fuimos a verlos a su hotel en una fugaz, aunque emotiva visita.

Kathmandu: detalle de Swayambhunath

Katmandú: detalle de Swayambhunath

Al día siguiente nos volvimos a enfrentar al reto de llegar al Templo de los Monos. Nos planteamos la opción de ir en taxi, para ir a lo seguro. También la posibilidad de intentar ir a la plaza Durbar, y acabar llegando por error al lugar deseado. Finalmente optamos por la opción de intentar ir directamente y a pie. Con un poco de suerte nos perderíamos y nos toparíamos con algún rincón con encanto de la ciudad. No fue así: llegamos como si conociéramos el camino de antemano. El Templo de los Monos tiene una estupa en lo alto de una colina desde la que los Ojos de Buda contemplan la ciudad de Katmandú. Por la zona deambulan monos que se dedican a robar comida a los incautos turistas, mayoritariamente nepalíes.

Kathmandu: Paloma en las manos de Buda en Swayambhunath

Katmandú: Paloma en las manos de Buda en Swayambhunath

Otro día de visitas religioso-culturales en Katmandú nos llevó al templo hindú de Pashupatinath. El acceso al templo en sí esta vedado a los no hindúes, y sólo se visitan los alrededores. Probablemente lo más llamativo sean los ghats de cremación a orillas del río Bagmati, afluente del Ganges. No es tan espectacular como los ghats de cremación de Varanasi, y de mucho menor tamaño. En este caso se ven más de cerca (y sigue siendo impresionante) los cadáveres en proceso de incineración o a punto de ser incinerados. Considero de mal gusto recrearme en la descripción del aroma del humo procedente de la cremación de cadáveres, así que no voy a seguir por ahí.
El siguiente punto religioso-cultural de la jornada fue la visita a la estupa de Bodhnath. Probablemente sea la imagen más conocida de la ciudad de Katmandú. Se trata de una de las estupas más grandes del mundo, que ocupa el centro de una gran plaza a rebosar de peregrinos budistas y turistas dando vueltas a su alredededor en el sentido de las agujas del reloj, como debe ser.

Salut.

Kathmandu: estupa de Bodhnath

Katmandú: estupa de Bodhnath

El Everest jamás visto

3 junio 2009
Bhaktapur: Potter's Square

Bhaktapur: Potter's Square

Huelga en Bhaktapur

La jornada de huelga en Bhaktapur amaneció soleada. A priori, un día ideal para pasear por las tranquilas calles de la ciudad. La noche anterior nos habían advertido de que todo estaría cerrado, pero que el restaurante del hotel abriría solamente para los clientes alojados. Por la mañana comprobamos que era cierto, y los comercios permanecían todos cerrados a cal y canto. La excepción fue la plaza de los artesanos de la cerámica, donde se trabajaba a buen ritmo. También abrió un cibercafé, por lo que intuyo que, en buena lógica, internet debe considerarse un servicio básico. Además de la inactividad comercial, apenas vimos mas síntomas de huelga: varias personas portando banderas y un grupo vestido con un chandal de “Juventudes Revolucionarias”. Todo ello, unido a una menor afluencia de vehículos, hizo que la ciudad estuviese todavía más tranquila que los días anteriores.

Nagarkot

Partimos de Bhaktapur a Nagarkot, a tan sólo veinte kilómetros (o una hora) de distancia. Nagarkot en sí no tiene nada de especial. Es su situación privilegiada la que le permite tener unas magníficas vistas que lo convierten en un punto a visitar. En días en que la vista es muy nítida, con suerte, se pueden llegar a ver cinco “ochomiles”: Annapurna I, Manaslu, Sisha Pangma, Cho Oyu y el mítico Everest. Esta época del año no es la ideal para tener buenas vistas, y no hubo tanta suerte como cuando fui al Campamento Base del Annapurna. Las montañas estuvieron cubiertas de nubes todo el día, y un chaparrón se encargó de recordar que el monzón ya está aquí.

Escuela en Nagarkot: atencion al sistema de vara y paraguazo para devolver a los alumnos al redil.

Escuela en Nagarkot: atención al sistema de vara y paraguazo para devolver a los alumnos al redil.

Acabamos el día en el restaurante del hotel con vistas (cuando las hay). Más de una hora de nuestra estancia estuvo amenizada por un monótono y solitario rezo del propietario del lugar ante un pequeño altar apoyado sobre una columna. Afortunadamente entonaba muy bien, con lo que la letanía de fondo no supuso molestia alguna. Me fui a dormir deseando que entre sus plegarias hubiese incluido el deseo de que el día siguiente fuese claro, y pudiéramos disfrutar de una hermosa vista del Everest y su cordillera. Hay que tener en cuenta que poner el despertador a las cinco de la mañana para ver un montón de nubes, no es una de mis aficiones favoritas.

A la mañana siguiente, el dia amaneció brumoso y soleado. La niebla pudo con el sol, y poco después todo el valle estaba cubierto, incluyéndonos a nosotros. Por tanto, no vimos ninguno de los ochomiles, Ni siquiera el Sisha Pangma, como atisbamos el día anterior. Tras la decepción, llegó el momento de partir a Katmandú. Esta vez para quedarnos unos días, y conocer la ciudad.

Salut.

Ahi deberian estar el Cho Oyu y el Everest.

Ahi deberían estar el Cho Oyu y el Everest.

Llegada a Bhaktapur

31 mayo 2009
Pokhara: lavando en el lago.

Pokhara: lavando en el lago.

Inciso deportivo

Tras el retiro espiritual al otro lado del lago, regresamos a Pokhara. Volvimos por tercera vez al hotel donde nos habíamos alojado anteriormente y pedimos encarecidamente una televisión con habitación alrededor, para poder ver la final de la Liga de Campeones. Nos dieron una suite (concepto nepalí de suite), con vistas a la montaña (original en Nepal, ¿verdad?), a precio de amigo. Efectivamente: A medianoche teníamos al amigo recepcionista en la puerta de la habitación, equipado para la ocasión (es decir, cerveza en mano), para ver el partido con nosotros en nuestra suite. Romain, que estuvo dormido casi todo el partido, despertándose para ver los goles, ganó la pertinente porra. La diferencia horaria hacía complicado mantenerse en pie. Aún así, yo aguanté hasta ver el abrazo de Pepe Hucha con un señor de cejas circunflejas, y el levantamiento de la Copa. Aunque según los comentaristas, el verdadero levantamiento se produjo unas semanas antes, en Stamford Bridge. No lo vi, luego no opino.

polisportiu

De Pokhara a Bhaktapur

Finalmente dejamos Pokhara, tomando un autobús por primera vez en casi tres semanas. Curiosamente, el autobús era decente y solamente iba lleno hasta estándares europeos. Después de siete horas y 200 kilómetros de viaje llegamos a Katmandú. Veamos las cosas en perspectiva: hay que tener en cuenta que este es el principal eje viario del país, que une sus dos mayores ciudades. Algunos equivalentes europeos serían las conexiones Barcelona-Madrid, París-Lyon o Roma-Milán.

Pero no nos quedamos en Katmandú, sino que fuimos inmediatamente a Bhaktapur. Bhaktapur es una pequeña ciudad, muy cercana a Katmandú, con una gran cantidad de edificios interesantes, principalmente de los siglos XIV a XVII, en un pequeño casco histórico. Para entrar al conjunto histórico hay que pagar. El centro está oficialmente cerrado a la circulación motorizada. La realidad no es exactamente así. Nosotros estuvimos alojados dentro del casco histórico. y aunque no hemos tenido mucha suerte inicialmente con el tiempo, por las lluvias premonzónicas, finalmente parece que se ha arreglado un poco.

Bhaktapur: Plaza Durbar

Bhaktapur: Plaza Durbar

Lo que no se ha arreglado es el clima político. Aunque por fin tenemos nuevo primer ministro, mañana lunes es día de huelga. Y no sabemos el alcance que tendrá, tanto en cierre de establecimientos como en cuanto a revueltas en las calles. No teníamos previsto tomar ningún medio de transporte durante el día, con lo cual nuestros planes no se ven alterados. De momento sólo me ha afectado en que, muy profesionalmente por mi parte, he tenido que colgar este post que tenía previsto publicar mañana deprisa y corriendo, ya que mañana no tendré acceso a internet.

Salut.

revolta

Retiro junto al lago

27 mayo 2009
Habitacion con vistas

Habitación con vistas

Tras volver del trekking, decidimos tomarnos unos días de vacaciones. Antes de comenzar el trekking, alquilamos un barco de remos para ir al otro lado del lago, donde sólo hay algunas casas diseminadas en la ladera de la montaña. Desde ahí subimos a la Pagoda de la Paz, que tiene unas vistas excelentes sobre Pokhara y su lago. Muy cerca del lago paramos en un hotelito a tomar algo. Y quedó claro que era el lugar adecuado para quedarnos  a descansar a la vuelta del trekking.

Cerca de Pokhara: Pagoda de la Paz

Cerca de Pokhara: Pagoda de la Paz

Y en el hotelito nos hemos quedado cuatro días. Un hotel al que no llega ningun vehículo (motorizado o no), con un cuidado jardín. Y una habitación con balcón con vistas al lago, las montañas de Pokhara, y cuando las nubes lo permitían, a la cordillera de los Annapurna. La rutina ha sido leer, escribir, charlar, bañarse en el lago, jugar a cartas, ver películas, comer, dormir y prácticamente nada más.

Pokhara: el Machhapuchhre visto desde el lago Fewa

Pokhara: el Machhapuchhre visto desde el lago Fewa

Resumiendo, nos hemos pasado doce de los últimos trece días aislados de casi todo. Sin internet, ni teléfono, ni noticias del mundo, sin ver asfalto, ni oir un solo ruido de motor.

En el hotel hemos coincidido con una peculiar familia, con la que ya hicimos amistad anteriormente en Pokhara. Se trata de una alemana y un francés que viven en Goa, en el sur de India, y sus tres hijos, de entre dos y siete años. Ahora están de vacaciones porque es la temporada baja turística. Tienen un centro de algo que no sé explicar, sobre cura de cuerpo mente y alma. Además venden diferentes productos a los turistas, como ropa y parafarmacia. En el centro, entre otras cosas, organizan ayunos. Lo deben tener muy bien montado, porque hay gente que paga por ello, como para vivir del tema. Yo, el tema de ayunar, me lo tendría que pensar mucho. Los niños hablan entre ellos en inglés, con la madre en alemán, y el francés lo entienden perfectamente. Envidiable.

Y tras las vacaciones, cruzamos el lago en una cáscara de nuez con remos hasta Pokhara, de vuelta a lo que paradójicamente llamamos civilización, para preparar la partida a Katmandú.

Serán unas dos semanas y media las que pasaremos en total en Pokhara y alrededores. Me da la impresión de que Pokhara es un lugar en el que podría quedarme a vivir una temporadita. Hasta ahora, esto sólo me había sucedido en Chiang Mai, en el norte de Tailandia.

Salut.

Pokhara y su lago, vistos desde la Pagoda de la Paz

Pokhara y su lago, vistos desde la Pagoda de la Paz

Trekking por los Annapurna

23 mayo 2009

Conseguido: recien llegados al Campamento Base del Annapurna

Conseguido: recién llegados al Campamento Base del Annapurna

Desde Pokhara tratamos de buscar un trekking relativamente sencillo, que pudiéramos hacer sin necesidad de ir acompañados ni de guía, ni de porteador, contraviniendo los consejos de algunos organismos oficiales, y siguiendo los de la mayoría de viajeros y gente local. Las guías de viaje hablan de ambas opciones. Nos registramos en la oficina de turismo para hacer el trekking, pagamos la tasa de entrada a los Annapurna, y nos dieron nuestro carnet y nuestro permiso.

Compramos un buen mapa de la zona, y nos proveímos del equipamiento de montaña que nos faltaba, con primeras marcas como North Fake y similares.

Para que no haya dudas ni malentendidos: un trekking es como un paseo dominguero por el monte en tamaño XXL, pero dicho en inglés, que parece más importante.

Finalmente nos decidimos por el trekking que va al Campamento Base del Annapurna. Llega hasta los 4130 metros, partiendo desde una altura de 1070, y está catalogado como de dificultad media. Se hace en unos siete dias, así que decidimos tomar la opción de dar un rodeo, para que durara diez días, andando un promedio de seis a ocho horas diarias.

Al cole con alegria

Al cole con alegría

El primer día de trekking amaneció lluvioso. Muy lluvioso. En teoría aquí hace sol por las mañanas y llueve por las tardes, pero no siempre es así. Intimidados por la lluvia, dudamos si permanecer cobardemente en el hotel de Pokhara un día mas, o partir inconscientemente a la montaña. Ganó la inconsciencia. Fuimos a Nayapul, el punto de partida, y esperamos a que amainara tomando un té. Bajo una tenue lluvia nos pusimos en ruta. Nos sellaron nuestro carnet de montañero y nuestro permiso para acceder a los Annapurna, y nos indicaron que para ir a Ghoprepani y a Poon Hill, debíamos girar a la izquierda tras pasar el río, veinte minutos después.

“No hay problema, tenemos mapa, gracias.”

Al cabo de cerca de una hora y media, se nos ocurrió sacar el mapa, y recordamos que habíamos seguido recto en la bifurcación. Me vinieron a la mente los viejos estereotipos que dicen cosas como que las mujeres no entienden los mapas y que los hombres no preguntan. En este caso, el mapa estaba bien guardadito y no había a quien preguntar. En cualquier caso, sólo nos fueron necesarios veinte minutos para meter la pata.

Decidimos seguir, en lugar de dar media vuelta y tomar el camino previsto, alterando los planes iniciales. Para eso están los planes: para cambiarlos.

Flautista sobre el arbol

Flautista sobre el árbol

El día se fue aclarando hasta el punto de hacernos sudar la gota gorda. El desnivel, en gran medida, lo fuimos salvando mediante escalones de piedras por el camino. Es cierto que así el camino se preserva mejor de las inclemencias del tiempo. No es menos cierto que se hace mucho más pesado subir por escaleras que por caminos de tierra.

Mochilero ante un mar de niebla (Homenaje a Caspar David Friedrich)

Mochilero ante un mar de niebla (Homenaje a Caspar David Friedrich)

Donde nos alojamos, hemos coincidido con unos catalanes que meditaban retirarse del trekking, y volver a Nayapul, o bien seguir dos o tres días más. Ellos también querían ir a Ghorepani, y también se equivocaron, y acabaron en Ghandruk, como nosotros. También conocimos a cuatro británico-nepalíes que decidieron no seguir y deshacer el camino andado al día siguiente.

Izado del mastil

Izado del mástil

Los días siguientes tuvimos algo más de suerte con el tiempo. El segundo día tuvimos varias subidas y bajadas duras, para bajar a cruzar los ríos y subir montañas para cambiar de valle. Y el tercer y cuarto día fueron de subida casi constante.

A partir de los 3000 ó 3500 metros de altitud, la vegetación va cambiando. Se acaban los frondosos bosques con árboles forrados de liquen, y pasa a ser un paisaje mas árido, con cada vez menos árboles, hasta desaparecer. También se ven muchísimas pequeñas cascadas y riachuelos de la nieve que se va fundiendo.

El cuarto día llegamos al Campamento Base del Annapurna, que está a 4130 metros de altura. Si muchos periodistas para hacerse comprender, miden las superficies en su equivalencia en campos de fútbol, yo me voy a inventar mi medida para la altura. Allá voy: El Campamento Base del Annapurna está a 82 Migueletes de altura sobre el nivel del mar. ¿Verdad que ahora es más fácil hacerse una idea?

Esta cuarta etapa fue una de las más interesantes. No sé cuál es la máxima altura a la que he estado anteriormente, pero no recuerdo haber llegado nunca a los 3000 metros. Aunque todos los días nos levantamos salvajemente temprano, este día estaba aún más justificado. Pasamos por un tramo con riesgo de avalanchas. Si bien es cierto que estamos en una época del año de muy bajo riesgo. Como más vale prevenir que fallecer, tomamos la precaución adicional de salir a una hora temprana, que es cuando menor riesgo de avalanchas hay. De todos modos pasamos sobre varios tramos con nieve proveniente de avalanchas anteriores, que tapaban el camino. Visto el volumen de las avalanchas, está claro que es algo a lo que hay que tener respeto.

Andando sobre los restos de una antigua avalancha

Andando sobre los restos de una antigua avalancha

Otros viajeros que habían estado en el Campamento Base del Annapurna, nos contaban que habían sido muy afortunados porque, al haber ido muy temprano, habían tenido la suerte de ver las montañas media hora o una hora, antes de que las nubes las cubrieran. Por una extraña coincidencia o alineación de planetas, cuando llegamos hacía un sol imponente y no había ninguna nube. Y ese mágico momento se prolongó durante cuatro horas. Es inexplicable la sensación que produce estar en el centro de un circo rodeado de picos que superan los 6000 y 7000 metros, y el Annapurna I, uno de los catorce “ochomiles” del planeta. Como la sensación es inexplicable, voy a poner un estratégico punto y aparte, y pasar a otra cosa.

Hacia el Annapurna I ...

Hacia el Annapurna I ...

... con el Machhapuchhre a mis espaldas.

... con el Machhapuchhre a mis espaldas.

Tras varias horas allí, Romain no se encontraba muy bien, así que decidimos bajar hasta la parada anterior, el Campamento Base del Machhapuchhre, que está a tan sólo 3700 metros de altura, y es más llevadero. Este ha sido el lugar donde he necesitado vestirme con cuatro capas de manga larga. ¡Y pensar que unas tres semanas antes estaba en el desierto a una temperatura cuarenta grados superior!

Las mañanas las dedicábamos a andar, desde bien tempranito, casi sin descanso. Por la tarde nos relajábamos, dedicándonos a no hacer prácticamente nada: descansar, jugar a las cartas, recuperar hidratos de carbono y hablar con los pocos viajeros que hubiera por allí.

Por el camino es habitual cruzarse con otras personas que hacen la misma ruta u otras similares. En muchos casos van acompañados de guías y/o porteadores. También se ven porteadores que abastecen a los pueblos de montaña. Los porteadores llevan voluminosas cargas de hasta cien kilogramos, cuyo peso apoyan en la cabeza, y hacen jornadas muy largas. Por este motivo, a medida que se va ascendiendo, los precios de la comida van subiendo. En general, en la montaña, el alojamiento es barato, y la comida y la bebida caras.

Porteadores atravesando un puente suspendido

Porteadores atravesando un puente suspendido

Nos alojábamos en habitaciones donde a duras penas cabían las tres camas. Y nada más. Sin calefacción ni en las habitaciones ni en el comedor. Los aseos comunes ni mentarlos. Siempre tuvimos habitaciones con vistas a la montaña. Aquí, la única manera de no ver la montaña es cerrar los ojos.

Desde los Campamentos Base, el camino, descendente, es más sencillo. Tuvimos un par de días de subidas y bajadas muy duras, pero los otros dos días avanzamos bastante rápido. Hasta el punto de ganar dos días sobre el horario previsto, y llegar nuevamente a Nayapul (esta vez vía Ghorepani) el octavo día.

En uno de estos días de constantes subidas y bajadas, acabamos en uno de los alojamientos más bonitos que nos hemos encontrado. Tenía un cuidado jardín con hermosos rosales y cannabis, abundante por estos lares hasta aburrir. Nos lo había recomendado un americano que conocimos pocos días antes, que viajaba en sentido contrario al nuestro. Además del peculiar aspecto del individuo en cuestión (barba mucho mas larga que el cabello), tuvimos una interesante conversación sobre nuestros viajes. Ostenta el récord de duración de los viajeros que he conocido. No sabe cuándo regresará a Estados Unidos, y lleva dos años y ocho meses viajando. ¡Un campeón!

Descanso del viajero en rojo y verde. Combinacion imposible?

Descanso del viajero en rojo y verde. ¿Combinación imposible?

Animalitos

En la zona por donde anduvimos nos dijeron que había leopardos, osos y faisanes, animales que nunca vimos. Sí tuvimos ocasión de convivir con otros animales, como aves varias, ratones, mariposas, vacas, y alguno que voy a comentar a continuación.

Por el camino se puede uno cruzar con burros con las alforjas bien cargadas. Nos adviertieron de que uno de los peligros del trekking podía evitarse si cuando nos cruzábamos con un grupo de burros, no nos colocábamos entre ellos y el precipicio, para no acabar precipitándonos por él. Cumplimos la recomendación a rajatabla.

Cuando me desperté por la mañana en el Campamento Base del Machhapuchhre, vi los frutos secos con los que recuperamos energías desparramados por el suelo. Un maldito roedor había roto la red del bolsillo lateral de mi flamante mochila North Fake, y la bolsa de plástico del “mezclaíllo” de frutos secos. Se dio un festín allí mismo, y el muy sibarita se dejó los que no le gustaban. Lo peor de todo fue descubrir que coincidimos en gustos.

En uno de los ascensos he esquivado un búfalo que se interponía en mi camino, como tantísimas otras veces. Mientras pasaba ante su testuz rodeándolo, pese a rodearlo con confianza y determinación, nunca le perdí la cara. El búfalo giró el cuello para seguirme con la mirada, y decidió arremeter contra mí, tratando de embestirme. Ni los escalones ascendentes, ni mis castigadas piernas, ni el peso de mi mochila, fueron obstáculo para salir corriendo cual mediocre recortador. Al cabo de unos pocos pasos el búfalo se paró. Yo tardé unos cuantos pasos más en pararme. Me giré cuando estábamos a unos cuatro metros de distancia, nos miramos cara a cara, y antes de que me diese tiempo a desplegar mi chaqueta roja y arrodillarme para esperarlo a puertagayola, retrocedió y me ignoró totalmente.

Simpatico animal disimulando

Simpático animal disimulando

Lo curioso del caso fue que había un inglés haciendole fotos al animalito, que me dijo que a él acababa de hacerle lo mismo. El hijo de la Gran Bretaña podría haber tenido el detalle de avisarme.

En las mismas escaleras, pero unos 300 metros (unos 6 Migueletes) más arriba, celebré mi “no cogida” con el segundo desayuno del día: un pastel de chocolate.

Buitre posado

Buitre posado

El mismo día, nos paramos porque vimos un buitre posado cerca del camino. Al cabo de un rato, nos dimos cuenta de que teníamos mas de veinte buitres sobrevolando nuestras cabezas.

Buitre en vuelo

Buitre en vuelo

Buitre sobrevolandonos

Buitre sobrevolándonos

Pero los animales más peligrosos, los que mas miedo daban, eran los tigres que nos hemos encontrado en los diferentes alojamientos.

Ahora a descansar unos días en Pokhara, dedicándonos al arte del “dolce far niente”.

Salut.

Clinica Podologica Lopez y Desmantec SLU patrocinan esta expedicion.

Clínica Podológica López y Desmantec SLU patrocinan esta expedición.

De Varanasi a Pokhara, de India a Nepal

13 mayo 2009

Como a Romain le caducaba el visado indio, y no creyó oportuno permanecer ilegalmente en el país, decidimos marcharnos de India. En realidad, me he quedado con ganas de prolongar mi estancia en Varanasi, y en India en general. Hablando con Miquel sobre nuestros itinerarios previstos, es posible que nos veamos otra vez el próximo mes de Junio en India. Si no hay grandes imprevistos, mi intención es volver dentro de varias semanas a India, cuando Romain ponga rumbo a Francia.

Con la esperanza de que por fin se acabe el verano, tras tres meses y medio de permanente canícula, salimos de Varanasi rumbo al norte, hacia la frontera con Nepal. Tomamos un tren a Gorakhpur. La sensación al bajar del tren fue tan caótica como en tantos otros lugares de India. Nos dio tiempo a ver cómo una policía azotaba un golpe con su porra de bambú a alguien que cometió la osadía de estar de pie por donde ella pasaba. De camino a la estación de autobuses, nos encontramos con un jeep que iba a Sonauli, junto a la frontera nepalí, y decidimos escapar de la ciudad en él.

En Sonauli, atravesamos la frontera en ciclo-rickshaw, parando en la precaria caseta de inmigración india en Sonauli, y en la nepalí de Belahiya. La frontera es una bulliciosa calle llena de gente y vehículos que la cruzan sin mayor problema, ya que indios y nepalíes no necesitan visado.

Nos alojamos a cuatro kilómetros de allí en Bhairahawa, un pueblo que más bien parece una carretera flanqueada por casas. Un lugar en el que no había absolutamente nada que hacer, exceptuando la aclimatacion al “jet lag”. Hay un cambio de quince minutos respecto a India, algo aparentemente absurdo, y en realidad también.

Al día siguiente, tan pronto como nos fue posible, huimos del lugar en un bus que dijeron que nos llevaría a Pokhara en siete horas. El autocar, cutre y lleno, en algunos momentos con gente de pie en el pasillo y sobre el techo, era una maravilla respecto a los indios. Tanto en comodidad de los asientos como en densidad de pasajeros. Al cabo de una hora comenzaron las curvas y las cuestas, para nunca acabar. Un trazado que invitaba a la contemplación del paisaje, y no a la lectura.

La sensación de cerebro centrifugado me impidió certificar si el récord de las 1864 curvas entre Chiang Mai y Mae Hong Son había sido superado. Pronto, el sonido envolvente de las arcadas invadió el autocar. Después llegó el reparto de bolsas de plástico, haciéndome sentir en un “déjà vu” recordando Laos.

Tras nueve horas de viaje, llegamos a Pokhara, donde habíamos quedado con Pierre, un amigo de Romain. Pierre nos había reservado ya una habitación cercana al lago con vistas al Annapurna.

De momento nos estamos dedicando a disfrutar de la tranquilidad, la temperatura primaveral y preparando un trekking facilito para los próximos días.

Salut.

Habitacion con vistas: Annapurna I (8091 m) y Machhapuchhre (6093 m)

Habitación con vistas: Annapurna I (8091 m) y Machhapuchhre (6993 m)