Archive for the ‘Tailandia’ Category

Me siento realizado

1 noviembre 2009

Entrevista03

Texto: JUANJO M. / Reportaje gráfico: RAFAEL HERRERO. Madrid.

Al sentarse en una cafetería, Diego (Valencia, 1974) está haciendo varias cosas para las que probablemente haya perdido la costumbre: no carga con una mochila de entre 12 y 14 kilos; no tiene que regatear el precio de la cerveza; y está en Madrid, España, donde el ritmo de la ciudad le resulta extraño después de recorrerse media Asia, de Tailandia a Camboya, pasando por India, Indonesia, Laos, Malasia, Nepal o Singapur. Esta es la factura: el viaje ha costado unos 8.000 euros, unos cuantos kilos perdidos, bastantes sudores, y muchas, cuenta, emociones compartidas con otros viajeros.

P. Nueve meses después, llegas al aeropuerto de Barajas. Entonces…
R. Lo primero que pienso al volver a casa es en ver a la familia, en que me estaban esperando. Pienso en que alguien me espera en el aeropuerto, en que hay un coche de verdad, en que no me tengo que pelear para llegar a casa, en que no tengo que buscar alojamiento…fue mucha relajación con respecto a la tensión del viaje y el buscarme la vida cada día. Ahora estoy más tranquilo.

P. ¿Cuántas veces te han preguntado por qué? ¿Por qué este viaje? ¿Por qué ahora? ¿Por qué hasta allí?
R. Continuamente. Creo que parte de mi familia y de mis amigos, simplemente, no lo entienden, y lo consideran una locura. Los viajeros se pueden clasificar en los que buscan algo o huyen de algo y los que simplemente viajan por placer. Están los que viajan porque quieren y los que huyen de malas épocas en casa, por salir de una depresión, porque están insatisfechos con la vida que llevan… yo estaba en un momento muy bueno, de familia, de amigos y de trabajo.

P. Y aún así, te marchaste.
R. Como inversión es una mala inversión, sin duda, desde el punto de vista financiero. Desde el personal, de lo que a uno le aporta, no tiene precio, vale muchísimo más que lo invertido. Me he sentido muy realizado, porque es una idea que traía desde hace muchos años y a la que siempre veía alguna pega. Le he dado forma y ha salido un viaje largo, improvisando y cambiando de ruta. Me apetecía muchísimo hacerlo y no quería que pasaran muchos años más: ahora tengo la fuerza física y no tengo ataduras familiares.

P. ¿Por qué esta vez no había pegas?
R. Porque sabía que tenía cierto dinero en el banco, que ya había hecho un viaje similar, de sólo un mes, a Vietnam, en 2007, y ya conocía a gente que lo había hecho.

P. Así que las probabilidades de morir en el intento…
R. Eran bajas, sí.

P. Durante el viaje, ¿ha habido más gente que te haya intentado ayudar o que te haya intentado engañar?
R. Ha habido más gente que me ha intentado engañar. Si por engañar entendemos sacarme el dinero, por supuesto. La cara de dólar la lleva uno puesta siempre por ser occidental. Algunos de ellos ven un saco de dólares andantes: no distinguen al que viene con un presupuesto de 500 dólares al mes del que viene tres semanas y se gasta 4.000 euros. Son todo blancos, occidentales, que vienen con mucho dinero. Una cosa muy desagradable: me han ofrecido muchísimas drogas. El mochilero, en general, no es putero, pero sí hay algunos a los que les gusta consumir drogas.

P. ¿Quién te ha marcado?
R. Patricia y Romain, principalmente. Nos hemos entendido muy bien. También estuve con Max y Látigo, que son Rafa y Marcelo, dos madrileños con los que coincidí en Laos y Camboya. Los sentí muy cercanos. La semana pasada me encontré con un e-mail de la familia de Marcelo diciéndome que había muerto y convocándome a su funeral. Yo no sabía nada. Pude ir y ver a Rafa: le habían encontrado un melanoma a finales de abril, al poco de volver a Madrid, y a mediados de septiembre murió. Ha sido una experiencia dura. Marcelo tenía el sueño de hacer el viaje…

Entrevista02

P. ¿Qué has aprendido?
R. Me he dado cuenta de que me gusta escribir. Hasta ahora no lo sabía. El viaje me ha aportado mucha seguridad en mí mismo, tranquilidad y menos prisas.

P. ¿Y te has sorprendido contigo mismo?
R. Físicamente, quizás sí, por adaptarme a sitios diferentes, andar mucho, con algunos trekkings muy duros, y por dormir en sitios malos y seguir al día siguiente. En el norte de India hubo trekkings que fueron una prueba de superación, en parte física pero también con una gran dureza mental, por el esfuerzo de seguir adelante, de creer que uno puede seguir. Con uno de ellos, al final, no pude.

P. Habría días en los que te dijeras… ¡quién me mandaría meterme en esto!
R. Para nada. He tenido días más cansados, pero siempre lo he tenido claro. Al principio de Indonesia estaba un poco más desanimado, más débil físicamente…

P. ¿Ha habido algún momento más asqueroso que el templo de las ratas?
R. Probablemente, sí. Nunca he querido publicar las fotos, ni siquiera hacerlas… pero algunos váteres y algunos olores de India. Al llegar fuimos con un taxista que estaba realmente loco, pitando y en contradirección. Cuando llegamos al barrio en el que estaba el hotel, la calle estaba sin asfaltar, había muchísimas vacas y cuando llegó a una calle vacía, en medio de la oscuridad, nos dijo: ‘Ahí está el hotel’. Yo no me quería bajar del coche, porque no veía el hotel. Nos acompañó a una calle a la vuelta de la esquina, todavía peor, más pequeña, y con unos urinarios que echaban un olor terrible, muy muy duro. Al final de esa calle estaba el hotel.

P. ¿Aprendes a apreciar cosas que dabas por supuesto?
R. No he pasado hambre, pero he echado de menos cosas tan simples como el queso, la leche o el chocolate. Lo que he echado mucho de menos son los amigos de siempre, tener una conversación sobre cosas de toda la vida. Eso me ha faltado: dar un abrazo a un familiar, a un amigo. He estado muy bien, he conocido a gente muy interesante que quiero mantener como amigos, pero no había un pasado común, y eso lo he echado de menos.

Entrevista01

P. “Aquí estoy, mamá” dice el blog. Ya puedes ser sincero. ¿Cuántas veces te has puesto enfermo?
R. Enfermo de verdad, cero. Problemas de estómago he tenido con frecuencia. Con la medicación que llevaba se me curaba enseguida, hasta el punto de que al final probé a no tomar nada y se me pasaba. Hubo un momento en el que me dejé de poner repelente antimosquitos, porque olía fatal y no me apetecía: prácticamente no me han picado. Dejé de tomar las pastillas antimalaria, consultando previamente con mi farmacéutico en Valencia, y no las retomé, aunque guardaba unos cuantos comprimidos en la mochila por si tenía síntomas. Tres veces, quizás, tuve dolor de cabeza. Y, por supuesto, el mal de altura del que ya hablé en el blog.

P. ¿Cuántas veces te han robado?
R. No me han robado nada y no me han intentado robar ni una vez. Una vez me olvidé el teléfono y no me ayudaron a recuperarlo, aunque sé que lo podían haber hecho. He sido muy precavido. No era un objetivo muy atractivo para robar, porque no llevaba cosas de valor…y en India llevaba la mochila atada al vagón del tren o al autobús con una cadena y un candado.

P. ¿Te han ofrecido sexo por dinero?
R. Algunas veces. En Tailandia, Laos y Camboya… con menos frecuencia cuando iba con chicas.

P. ¿Cómo son los niños en Asia?
R. Cambia según el país. En algunos sitios se utilizan para pedir dinero. En Indonesia venían detrás de mí para hacerse una foto y ya está. En India o Nepal sí es muy habitual que te insistan pidiendo un bolígrafo, dinero o caramelos.

P. ¿Te has sentido en algún momento descubridor, el primer blanco que aparecía por ahí?
R. De los primeros no, de los pocos sí.

P. En tu última entrada en tu blog, escribes de Anna, que se marcha para Asia justo cuando tú has vuelto. ¿Cuál es tu consejo?
R. Infórmate. Lee guías, pregunta, pregunta y pregunta para que te vayan aconsejando.

P. ¿Y ahora qué?
R. Eso querría saber yo. Quiero ir a Valencia, ver a mi gente y asentarme. Por supuesto, tendré que trabajar. La hipoteca no se paga sola.

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Antes de llegar a Indonesia

15 julio 2009

Cuestión de peso

Pocas horas antes de salir de Bangkok, aprovechando que estoy en barrio conocido, me he pesado en la misma báscula en la que me pesé en marzo pasado. La báscula, que dicho sea de paso, me tiene manía, pretende hacerme creer que he adelgazado 4,4 kg respecto a la última vez que me subí a ella. Yo me encuentro bien, no me noto mas débil físicamente que de costumbre, y me lo como todo sin esconder la comida debajo de la mesa como los niños del comedor escolar. Si la báscula no miente (sigo siendo escéptico respecto a este extremo), estoy ligeramente por debajo del peso mínimo que considero aceptable para mí. ¿Debería comprarme una crema antiestrías por eso de los cambios de peso? Quizá puedan parecer preocupaciones banales, pero ya llegará el momento de pensar en cosas importantes cuando empiece la liga de fútbol. Porque, en Europa, la crisis se ha acabado, ¿verdad? En cualquier caso, si alguien me ve haciendo el Gargantúa próximamente, que sepa que no es gula, sino por mi propia salud.

Visado a Indonesia

Para entrar en Indonesia es necesario obtener un visado. Ya advierten las guías que uno debe asesorarse poco antes de entrar al país del criterio a seguir en ese momento. Parece que actualmente hay dos opciones:
– Obtener el visado a la llegada, que será de un mes y jamás se podrá renovar, por lo que hay que salir del país obligatoriamente antes de treinta días. Se puede volver a entrar las veces que se quiera en las mismas condiciones.
– Obtener el visado con antelación. Tiene una validez de dos meses y se puede prolongar varias veces desde dentro del país.

Decido ir a Delhi un día antes de lo previsto para intentar obtener, en el mismo día, el visado indonesio, porque si estoy a gusto, quizá me quede más de un mes en Indonesia. Mantengo la opción de intentar lo mismo en Bangkok, si no lo consigo en Delhi. Y por supuesto, mantengo la opción de obtener el visado a la llegada a Bali.

Llego bien temprano a la embajada y mientras espero bajo la intermitente lluvia, pienso en cómo abordar al comegafas que intuyo me atenderá en la ventanilla. Soy consciente de que no cumplo los requisitos para que me concedan el visado con antelación (ni de modo real ni figurado), y me tocará utilizar mis artes de negociación con el funcionario de turno, a la vez que él practica el arte de Cúchares conmigo. Se abren los toriles y el funcionario, en lugar de recibirme a puertagayola, me espera tras el burladero. La barrera consiste en un grueso vidrio tintado con una minúscula abertura que no me permite oír bien al funcionario y como tampoco le veo, a veces creo que hablo solo. Tras el vidrio hay una reja metálica. Y tras la reja un funcionario con bigote, a falta de gafas que comerse. Yo presento toda la documentacion de que dispongo, gracias a la profesionalidad de mi apreciado devorador de marisco de la Marina.

Trato de imaginar, observando al funcionario, qué me va a preguntar para poder anticipar estratégicas respuestas y obtener el visado ese mismo día (el cartel de la puerta dice mínimo tres días laborables): “Qué bien te sienta el bigote, bribón”. O quizá “¿de quién es ese billete de 500 rupias que hay en el suelo?, ¿puede usted hacerme el favor de apartarlo de mi vista?” manteniendo siempre la testuz bien alta, para que no me devuelvan por manso, ni me asesten una estocada prematura.

Los primeros pases consisten en “relléname este formulario”, “a ver tu reserva de hotel”, “y el billete de vuelta”, “pero sólo te hago el visado por un mes” (puyazo). Pasamos al tercio de banderillas: Me pide el pago del visado por cheque y no sé qué mas, por lo que me toca darme un paseíllo hasta el banco y a hacer fotocopias. Al regreso, parece que ya lo tengo todo y el funcionario me responde que vuelva por la tarde, que tendré el visado. Salí de allí con una combinación de alegría, incredulidad y escepticismo.

Por la tarde, simplemente recogí mi pasaporte con un nuevo visado en él. Pero, de repente descubro el porqué del burladero tras el que se parapeta el diestro, y que tras su muleta esconde un estoque. El visado sólo tiene una validez de quince días.
– Oiga, que aquí pone quince días, y usted me dijo esta mañana un mes.
– A mí no me mires, ha sido el cónsul.
– Pero yo he recibido una serie de puyazos y tres pares de banderillas en todo lo alto, que es la tarifa de treinta días, no de quince. Y le he enseñado un “billete de vuelta confirmado” para treinta días más tarde.
– El cónsul la lleva. El cónsul la lleva.

Me marcho de la embajada con el sentimiento de haber sido injustamente desorejado por una mala faena, y comprendiendo por que hay quien dice qué la tortura no es arte ni cultura.

Salut.

Encima de cornudo, apaleado. He aqui el visado.

Encima de cornudo, apaleado. He aquí el visado.

Y a la entrada a Bali, lo mismo.

Y a la entrada a Bali, lo mismo.

Cinco meses, cinco paises, cinco grandes momentos

13 julio 2009
Yo creo que unos meses mas todavia podrian aguantar.

Yo creo que unos meses más todavía podrían aguantar.

Son ya cinco meses de viaje (cinco y medio, para ser más exactos), visitando cinco países diferentes. Es cierto: no me he dado demasiada prisa. Cinco países con alfabeto distinto al nuestro, que me han hecho sentir analfabeto a menudo: Tailandia, Laos, Camboya, India y Nepal. Han sucedido ya unas cuantas cosas, he conocido a gente interesante, y conocido mejor a gente interesante que ya conocía.

El viaje no acaba aquí, pero se acerca un nuevo punto de inflexión en el mismo. Pese a no ser el fin del camino, he encontrado, no sin cierta meditación, un motivo para hacer una particular recopilación a modo de recordatorio: me apetece.

Cinco clásicos imprescindibles:
Encontrarme con un catalán de Blanes
Templos de Angkor
Taj Mahal
Varanasi
Hacer un trekking en Nepal

Cinco trayectos agotadores:
Las 1864 curvas entre Chiang Mai y Mae Hong Son, pasando por Pai
De Don Det a Kratie
De Phnom Penh a Koh Chang
De Khajuraho a Varanasi
De Leh a Manali

Cinco experiencias animales:
Paseo a lomos de un elefante
Templo de los Tigres
Dos días a camello por el Desierto del Thar
Templo de las Ratas
Correr perseguido por un búfalo

Cinco delicias gastronómicas (comerciales y beberciales):
– Pad Thai, en Tailandia
Batidos de fruta del sudeste asiático
– Pescado a la parrilla en una callejuela de Luang Prabang
Lassi en India y Nepal
Malai Kofta en India

Cinco momentos curiosos:
Ser bendecido por un monje budista
Explicándome en la peluqueria
Departir con el cónsul de Francia en Phnom Penh
Señora en trance a orillas del Ganges
Ceremonia de cierre de la frontera indo-pakistaní

Cinco lugares para no dormir, aunque yo lo intenté:
Tienda de campaña en Pai
Una cueva en el norte de Tailandia
Bus-litera entre Bundi y Jodhpur
Al raso en las dunas del Desierto del Thar
A 4960 m. de altura en el Campamento Base del Stok Kangri

Cinco momentos difíciles:
Primer incidente en el aeropuerto de Munich
Recibir un masaje a traición en los urinarios de una discoteca
Dejar mi pasaporte una semana en manos de un comegafas
Beber agua caliente, muy caliente, en el desierto
Sufrir mal de altura a 5500 m.

Al final me ha quedado un post con mas flashbacks que un guión de Amenábar en sus inicios. En la selección, como suele suceder, no están todos los que son, pero son todos los que están.

Salut.

De vuelta a Delhi y a Bangkok

12 julio 2009

Llegó el triste momento de la separación de Pierre. Desde Haridwar él se encaminó a Agra y yo a Delhi. Han sido dos meses viajando con él y, por primera vez en aproximadamente tres meses y medio, vuelvo a viajar solo. Tomé un tren semidecente que llegó con menos de una hora de retraso a Delhi. Como sé que lo que interesa es el morbo, no voy a relatar nada más sobre el trayecto. Una vez en Delhi fui a alojarme a Majnu ka Tilla, el barrio de los refugiados tibetanos. Está algo alejado del centro, y se pierde tiempo y dinero para hacer casi cualquier cosa, pero se gana en tranquilidad y salud mental.

Delhi: Lotus Temple

Delhi: Lotus Temple

En Delhi no hice ninguna visita turística digna de mención salvo una fugaz visita a el Templo de Loto, y tan solo me dediqué a intentar resolver algún papeleo de embajada, leer y recorrer librerías en busca de más lectura.

Leyendo la prensa, los temas que más se repiten respecto a India son los problemas por los que está pasando Air India, el retraso del monzón (el mes de Junio ha sido el más seco en más de 100 años) y la tímida posibilidad de que se despenalicen las relaciones homosexuales. La semana pasada el Alto Tribunal de Delhi dictó una sentencia, que sólo afecta a Delhi y que con toda probabilidad será recurrida, en que no se castigaban las relaciones sexuales consentidas entre dos adultos del mismo sexo. Hay quien ve una rendija por la que se puede llegar a la despenalización de la homosexualidad. Hay quien ve que esto va a ser como Sodoma y Gomorra. O como Europa, donde, según la imagen que tienen muchos indios, actualmente es el paraíso el “sexo libre” y se vive en una perpetua y desenfrenada orgía. Añado un obvio, por conocido, aunque paradójico dato: India es el lugar de origen del Kamasutra.

Desde Majnu ka Tilla tomé un taxi para ir al aeropuerto de Delhi, habiendo acordado el precio de antemano, como no puede ser de otra manera. Al poco tiempo, el taxista me dice que, si quiero, puede encender el aire acondicionado, por tan sólo treinta rupias más. Le respondo que no, que el aire acondicionado no es nada sano. Teniendo en cuenta que la diferencia de la temperatura al salir del coche puede ser de veinte grados centígrados, esta afirmación es una verdad como un templo. Si bien, yo me regocijaba pensando para mis adentros: “con el doble de peso que yo, el doble de barba, y el turbante que llevas en la cabeza, vas a sufrir más tú que yo.”

La salida de India fue en un vuelo de Indian Airlines que partía a medianoche. El logotipo de Air India aparecía por todas partes, sobre casi cada objeto, pero no hubo suerte: ni el vuelo, ni la tripulación eran de Air India, sino de Indian Airlines. Hubiese sido un emotivo broche, para un destino ya de por sí cargado de significado. Extrañamente, de nuevo, sin haberlo pedido, me tocó sentarme junto a la salida de emergencia. Con el siniestro fin de impedir que el pasaje conciliara el sueño, las luces del avión estaban encendidas, y la tripulación pasó a repartir un resopón infame. Al alba aterrizamos en Bangkok.

Esta vez para evitar incidentes, sí que llevaba billete de salida del país, y me han puesto un hermoso sello en el pasaporte que me permite quedarme aquí hasta un mes. El sello de mi anterior estancia era de sólo quince días.

Esto ya es tierra conocida. He vuelto al hotel donde estuve la última vez, algo apartado de Kao San Road, y me he alojado en la misma habitación. Sorprendentemente, se acordaban de mí, incluso de mi nombre, pese a que en la anterior visita no llevaba barba.

¿Qué hago yo en Bangkok de nuevo?

Pues hincharme a comer fruta, a bocados o en batido, y comer pad thai armado de palillos.

También he ido a vender y comprar libros de segunda mano en la librería de mi amiga, que siempre me recuerda que los lunes cierra, y que me recompra los libros a mitad de precio. Estaba yo exultante de alegría cuando encontré que mi amiga tenía un libro de Andreu Martín en español, cuyo titulo no conocía. Decisión facil: si lo ha escrito Andreu Martín, lo compro sin necesidad de saber ni siquiera de qué trata. Una vez comprado, me encuentro con que el libro me sonaba mucho. Lo compré hace veinte años en catalán, y es tan bueno que leí, releí y volví a releer hasta aprenderme alguno de sus relatos casi de memoria. El maldito traductor había hecho una traducción totalmente libre del título, totalmente diferente en catalán y en castellano, y por eso fui incapaz de identificarlo antes. Pues por la tarde, maquiné una elaborada estrategia para que me cambiara el libro y fui con toda mi jeta de nuevo a la librería. Le dije simplemente la verdad: me había equivocado, el libro ya lo había leído años atrás, y le pedí, por favor, por favor, por favor, que me lo cambiara. Y coló: le devolví el libro y me dio otro al que ya había echado el ojo por la mañana.

Sky Line de Bangkok amenazando lluvia.

Sky Line de Bangkok amenazando lluvia.

Y como verdadera novedad he visitado la torre Baiyoke, a la que no había subido antes. La torre Baiyoke es una visita totalmente innecesaria de Bangkok, pero a mí, siempre me ha llamado la atención ver las ciudades desde lo alto, con permiso de la climatología y la polución. Cuenta con un mirador descubierto en la planta 84, a poco más de trescientos metros de altura (Seis Migueletes, o 0,4 Montgós). El mirador gira a una velocidad ridículamente baja, tanto angular como lineal, pero los vientos huracanados que hay por allí arriba dan una sensación diferente. Desde aquí he podido admirar el “sky line” (pronúnciese “ejcailáin”) de Bangkok, la lluvia haciendo desaparecer barrios enteros entre las nubes, el tren sobreelevado (sky train), los numerosos “scalextric”, el Chao Praya, las larguísimas avenidas en cuadrícula… La ciudad tan extensa, combinada con la polución tan intensa, impiden atisbar los confines de Bangkok.

Por Bangkok todo sigue igual, excepto las camisetas con la imagen de Michael Jackson, en las que ya figura la leyenda 1958-2009. El marketing no respeta ni la muerte.

Salut.

Clasico scalextric de Bangkok

Clásico scalextric de Bangkok

Ahí te dejo, Bangkok

31 marzo 2009

Estos cuatro últimos días en el Sudeste Asiático han transcurrido plácidamente, sumido en el universo francófono que siempre rodea a Eric. Esta vez me he alojado en Thewet, no tan inmerso en la tumultuosa Kao San Road, como en anteriores visitas.

He vendido y comprado libros, he visitado el Bangkok de los rascacielos y el Sky Train, he utilizado el modernísimo metro de Bangkok por primera vez y he sufrido mi primera tormenta asiática de las de verdad.

El ambiente político parece que se va calentando. Día tras día se ven camisetas rojas de manifestantes en apoyo a Thaksin, el anterior primer ministro. Eric tuvo la infeliz ocurrencia de ponerse una banda roja en la cabeza, de apoyo a Thaksin, y casi tiene un altercado con un tailandés que le sugirió que la utilizara como papel higiénico.

Mercado flotante

Mercado flotante

Y he contratado un tour que ha supuesto mi última turistada por la zona. Era muy interesante, pero las visitas estaban excesivamente masificadas. Incluía la visita al abarrotado mercado flotante. Despues fui a Kanchanaburi, donde crucé a pie el famoso Puente sobre el río Kwai, por la vía del tren de la muerte. Otro mito caído: ¿dónde esta la línea blanca que hay que seguir mientras se silba la cancioncilla de la película?

Ante el puente sobre el rio Kwai

Ante el puente sobre el río Kwai

Y el día culminó en el Templo de los Tigres. En este templo, los monjes budistas que crían a los tigres, les transmiten tal paz que uno puede ir allí, tocarlos, hacerse fotos con ellos… Lo malo es que luego no se pueden poner en libertad en su hábitat natural, porque son demasiado mansos para sobrevivir. Aun así, se recomienda no hacer movimientos bruscos, no llevar colores llamativos, objetos reflectantes o acercarse a ellos por delante. También existe una versión oficiosa que dice que los tigres van drogados hasta las cejas.

Me parecio ver un lindo gatito.

Me pareció ver un lindo gatito.

Aquí concluye la primera gran etapa del viaje. Si todo va bien, se avecinan cambios relevantes. No se vayan todavía, que aún hay más.

Salut.

Anécdotas, curiosidades y respuestas a preguntas jamás formuladas. Capítulo 2: Reflexiones irreflexivas

31 marzo 2009

“No es país para chocohólicos”. En esta zona del mundo se da la trágica circunstancia de que no tienen gracia alguna para la fabricación del chocolate, quedando bastante diluído e insípido.
Encomiendo desde esta humilde tribuna a Chocohólicos Anónimos a que elabore una tesis titulada “¿Cuánto tiempo se puede ser feliz sin ingerir chocolate de calidad?” Y yo no seré voluntario para participar en el experimento, que ya tengo bastante con lo mío.
N del A: el chocolate es un producto alimenticio derivado del cacao.


Numismáticamente hablando
, el viaje esta siendo otro desastre. En Tailandia no hay novedades relevantes desde la anterior vez que estuve, hace 2 años. Laos y Camboya tienen la moneda tan devaluada que solamente utilizan billetes. Las monedas de Indochina (anteriores a la independencia) que se pueden encontrar no me inspiran confianza alguna. Podríamos tranquilamente rebautizarlas como duros sevillanos.

Karaoke en buses. Tanto en Laos como en Camboya, en todos los autobuses (excepto los supercutres sin television), hemos sido sistemáticamente torturados con vídeos musicales locales. Es necesario poner el volumen a tope. Todos los vídeos se subtitulan como un karaoke. Las canciones son del tipo plasta-melódico-pastelón y los bailarines parecen invitados de boda que sólo mueven las manos a cámara lenta. La realización es estilo BBC (del típico cuñado que graba en Bodas, Bautizos y Comuniones).
Conozco torturas medievales menos crueles.

Es duro ver esto.

Es duro ver esto.

No hay cambio. Es muy habitual que cuando no se paga con el importe exacto en un comercio, no tengan cambio suficiente. Sin embargo, el comercio vecino siempre tiene. A veces el tercer o cuarto comercio vecino.

Durmiendo espero. No es raro ver en los mercadillos gente durmiendo sobre o junto a su mercancía. En los puestos de carne y pescado tienen un innovador artilugio para disolver el manto de moscas sobre sus productos cuando se acerca un cliente: una bolsa llena de aire atada al extremo de un palo agitada con evidente desgana por el dependiente.
En carnicerías y pescaderías, se ve con frecuencia que los pies desnudos del dependiente son su parte del cuerpo mas cercana al cuchillo y a la misma mercancía mientras trabajan.

¡Coco va! Están documentados estadísticamente ciertos casos de muerte por caídas de coco sobre la cabeza. En alguna playa pueden verse carteles de “Peligro, caída de cocos”. A mí me resultó gracioso ver a un camboyano saltar y correr asustado cuando oyó un simple crujir de una rama de cocotero.
Otra fantasía más que se queda por realizar: dormir la siesta en la playa bajo un cocotero.

En un restaurante, ¿es normal que…:
… sirvan los platos en orden aleatorio? … cuando un comensal acaba de comer otro no ha empezado? … cuando uno acabe el plato llegue la bebida? … se pasee un perro o un gato por la sala? … un gato se suba a la mesa para intentar arrebatar la comida del plato? … pongan un rollo de papel higiénico de servilletero como en un piso de estudiantes? … cuando le sirven a uno la comida, le digan que no tienen hielo, y no le pueden servir la bebida que ha pedido?
La respuesta es: SÍ A TODO

En un hotel, ¿es normal que…:
… no haya toalla, ni sabanas (o sea mejor no utilizarlas), ni papel higiénico, ni un solo espejo, haya fauna, el baño sea común, nunca se pueda apagar la luz desde la cama porque el interruptor está bien lejos, sólo hay un enchufe, las habitaciones no se limpian durante toda la estancia, a la llegada ni siquiera han vaciado la papelera de los clientes anteriores…
La respuesta es: NO, no es normal. En realidad lo que no es normal, es llamar hotel a los sitios donde me he alojado hasta ahora.

Visto sobre un retrete en Angkor (Camboya)

Visto sobre un retrete en Angkor (Camboya)


Busco patrocinador.

Contrariamente a lo que muchos puedan pensar, este viaje no se paga solo, y vivir en la carretera (sin cobrar por ello) es más duro de lo que parece.
Desde aquí ofrezco banners, fotografias con sus productos… a la empresa que me quiera patrocinar.
Quiero animar especialmente a cualquier empresa informática que pueda aportar uno de esos portátiles pequeños. También a empresas chocolateras, de ropa y equipamiento deportivo, de montaña y de viaje en general, cadenas de spas, agencias de viajes, gabinetes psiquiátricos, grupos de prensa…

Salut.

Koh Chang

28 marzo 2009

La llegada a Koh Chang culminó con el viaje en tuk-tuk compartiendo, entre otros, con 3 puteros israelíes. Se puede ser putero y educado, pero no era el caso. Tras soltarlos en su playa, llegamos a Bang Bao, un pueblo de pescadores, ya de noche, y me alojo en un bungalow de madera. Intuyo que es un lugar de exhuberante naturaleza, a juzgar por las hormigas de la cama, y las lombrices y geckos (parecido a una salamanquesa) de la ducha.

El día de llegada solo me dio tiempo de ducharme, cenar una barbacoa coreana junto al mar con dos chicas belgas que conocí durante el viaje, y caer muerto a dormir.

Sin embargo, al levantarme por la mañana me encuentro inmerso en un marco incomparable: meciéndome en la hamaca de mi porche tengo unas fantásticas vistas del mar. Después de un segundo análisis más concienzudo, descubrí que la diferenciación de bungalows no es por “vista mar” o “sin vistas”. Aquí diferencian entre “vista amanecer” y “vista atardecer”. Y a mí, me tocó ver atardecer.

El atardecer a mis pies

El atardecer a mis pies

Koh Chang es una de las islas más grandes de Tailandia. Tiene varias zonas de playa diferentes que abarcan desde el pijo-lujo hasta el hippie-mochilero. La playa, la carretera y los hoteles circundan la isla, y el interior es jungla. Y a la jungla debía haber ido con Andrew. Pero como Andrew parece ser más amigo de las drogas que de cumplir los compromisos, me dejó plantado. Y creo que me ha hecho un favor, una vez visto que su plan no es el mío.
Andrew es un californiano que lleva viviendo unos meses en Koh Chang, y ya parece el Benavides de la isla. Está más cercano a ser un nómada que un viajero. Se define como artista, pero es dibujante, pintor, tatuador, conductor de tuk-tuk, profesor de inglés y ha sido muchas cosas más. En definitiva, un artista.
Intenté hacer un trekking al punto más alto de la isla, de altura similar al Montgó, pero como no se apuntó nadie más, no se hizo. Así que decidí abandonar Koh Chang. Ver amanecer y atardecer sobre la playa, sobre el pueblo, tras los cocoteros, desde el acantilado… está muy bien, pero yo necesito más movimiento.

Amanecer en Bang Bao (Koh Chang)

Amanecer en Bang Bao (Koh Chang)

La salida de Koh Chang ha sido emocionante. En el camino entre Bang Bao y el muelle, el tuk-tuk que nos llevaba se ha salido de la carretera por culpa de un camión estilo “Tio Chenta, de Benifotrem”. Los pasajeros apenas nos movimos del sitio, salvo la única que no tenía culo prensil, que se cayó al suelo, y dos “ladyboys” que con gesto femenino y voz de camionero suspiraron un “uuuy”. Los conductores de ambos vehículos comentaron la jugada sin bajarse, ni exaltarse lo mas mínimo, ni siquiera insultarse ni mandar recuerdos a sus respectivas familias. ¡Están por incivilizar!

Al bajar del barco, llego el ultimo al siguiente tuk-tuk, y me toca ir de pie detrás agarrado a las barras de la baca donde estaban todas las mochilas. Una de las mochilas no debía estar a gusto y decidió saltar a la carretera en cuanto tomamos cierta velocidad. Doble fortuna: no era mi mochila, y no cayó sobre mi cabeza, sino directamente sobre la carretera.

Y llegada a Bangkok: un ruidoso atasco perpetuo rodeado de edificios bajo una nube de polución. 11 horas después de salir de mi hotel en Koh Chang, llego al de Bangkok. Y me reencuentro con Eric, y con él me reencuentro con el mundo francófono: gente nueva, y conocidos como Antoine y Romain.

Salut

Circulacion en Bangkok

Circulación en Bangkok

Un hombre solo

24 marzo 2009
Chapeau! (Foto: Rafael Herrero)

Chapeau! (Foto: Rafael Herrero)

En el camino de vuelta a Phnom Penh desde Sihanouksville, tuvimos una visión desde el autobús.  En pleno atasco divisamos a Max y Látigo, los madrileños que nos abandonaron en Vientiane, viajando en tuk-tuk.

A voz en grito los llamamos. Todos los pasajeros del bus estaban mirándonos atónitos. Pero conseguimos vernos, entendernos a berridos, y quedar. Y durante una par de días disfrutar de su inacabable anecdotario que los hacía ser el alma de la fiesta.

Y mis dos últimos días en Camboya pasaron entre visitas al Palacio Real, museo, masaje japones dado por ciegos, zumo de caña de azúcar, mi primera copichuela desde que empecé el viaje y echarme unas risas en buena compañía.

Y llegó el duro momento de la separación, que no por menos anunciada, ha sido menos dolorosa. Max y Látigo deben andar por Siem Reap. Patricia y Laura de voluntarias en un orfanato cerca de Phnom Penh. Y yo, he decidido seguir los sabios consejos de Begonya y hacer una escapadita a Koh Chang, una isla en el sur de Tailandia.

El viaje a Koh Chang se suponía que era de apenas 9 horas y media. Tardé entre 12 y 13 horas de hotel a hotel. Breve resumen, para no ser cansino: tuk-tuk, bus, paso de frontera, minibús, otro minibús, otro tuk-tuk, ferry, y un último tuk-tuk.

Son momentos duros los de la vuelta a la soledad del viajero de fondo. Entre Patricia y yo hacíamos uno, y ahora sin ella no soy ni la mitad de lo que fui. Las desgracias nunca vienen solas: mi estómago ha dejado de respetarme y un “lady boy” me ha sonreído.

Y encima, he perdido el boli.

Salut.

Entramos en Laos

22 febrero 2009

Tras reencontrarme con Patricia en Chiang Rai, partimos junto a Laura hacia Chiang Khong en otro autobús estilo cafetera por carreteras mayoritariamente asfaltadas.

Pasamos la frontera con Laos atravesando el Mekong en barca. Usan el mismo sistema que algunos taxistas: cobran no sólo por pasajero, sino también por bulto. Una vez atravesado el río, y después de esperar a que el supervisor de turno acabara de comer, se dignara a firmar nuestros pasaportes, nos llenaran una página de cuños (a una media de 5 dólares el cuño), entramos en Huay Xai (a veces escritos Houaisay, por lo de los cambios de alfabeto).

Huay Xai (Laos). Tras el Mekong: Tailandia

Huay Xai (Laos). Tras el Mekong: Tailandia

Tomando un t'e fr'io.

Tomando un t'e fr'io.

Huay Xai tiene frontera, embarcaderos, un restaurante en cuyo menú se ofrece pan a la catalana, y muy poquito más. Conocimos a 2 catalanes, lo cual estuvo muy bien después de tanto tiempo sin conocer españoles. ¡Y por la noche a un madrileño! A los catalanes los hemos seguido viendo. Llevan bastante tiempo viajando y nos reímos mucho con sus anécdotas. La pobre Laura no habla nada de español, pero hasta el momento ha llevado bastante bien la convivencia con los cuatro.

Ya lo dijo Buenafuente hace muchos años en uno de sus monólogos: “Viajes donde viajes, siempre te encontrarás con un catalán de Blanes”. Se me ocurrió soltar el comentario y, efectivamente, uno de ellos es de Blanes. Queda por tanto demostrado que la teoría de Buenafuente no es una leyenda urbana.

Atardecer en el Mekong

Atardecer en el Mekong

Hemos viajado por el Mekong en barco lento desde Huay Xai hasta Luang Prabang. También estaba la opción de ir en barco rápido (6 horas) en el que los pasajeros lucen casco integral. No fue difícil descartar esa opción. También es de perogrullo explicar el porqué de la denominación “barco lento” de la opción elegida. Tras 6 horitas de trayecto en barco, llegamos a Pak Beng para hacer noche. Pak Beng aparece en el mapa como ciudad, pero en realidad no es más que es una calle con casas a los lados, donde cortan la electricidad durante 9 horas al día. Al día siguiente, en apenas 8 horitas más de barco (con sólo una parada técnica para reponer las existencias de cerveza agotadas por el colectivo de pasajeros anglosajón) llegamos a Luang Prabang.

Salut.

Los tres en el barco lento.

Los tres en el barco lento.

Chiang Rai

18 febrero 2009

1864 curvas mas tarde, he llegado nuevamente a Chiang Mai. Consegui dormir un ratito durante el viaje (de 100 a 200 curvas, calculo yo). En el tema de dormirse en los medios de transporte, en Europa podria ser considerado una eminencia, pero aqui un simple aficionado. Varios companeros de viaje locales durmieron gran parte del trayecto. Y no es raro ver pasajeros dormidos sobre la moto.

En Chiang Mai me he reencontrado con Eric. Hemos ido otra vez al mercado nocturno, al del sabado, y al del domingo (como hace 2 semanas), y conocido la noche tailandesa, que ya iba siendo hora. Nos vimos tomando una cerveza en una discoteca. No se muy bien que pintaba yo alli, perdido como un pulpo en un garaje, pero alli estaba. Al menos retransmitian el partido del Valencia en pantalla gigante. Eric me advirtio de lo que me podia acontecer, pero las cualidades diureticas del zumo de cebada me forzaron a ello, tuve que ir al servicio. Ejercicio narrativo/descriptivo:

– Yo orinando en el urinario (que para eso estan).

–  Se me acerca alguien por detras y me masajea hombros y cuello. Si no llego a estar advertido de que esto podia suceder, creo que mi reaccion, hubiese provocado mi inmediata expulsion de la sala sin tocar suelo y con una reorganizacion de mis rasgos faciales no deseada.

– Pese a lo incomodo de la situacion, mantengo el tipo y acabo lo que estaba haciendo. El me sigue hasta el lavabo.

– Mientras, otro me ofrece jabon y toalla.

– Y el primero sigue con su terapia que me hace crujir vertebras, hombros, cuello y brazos: me levanto cogiendome de la pechera (crac), y me hizo unos giros de cuello extremos (catacrac y catacroc).

– Tras poner el cazo me dejan en libertad.

Tenia que pasar … y paso.

Pasadas unas 3 semanas de viaje, comiendo comida local, pasando calor, yendo de trekking bebiendo agua de rio presuntamente potabilizada… calculo que solo he perdido entre 2 y 3 kg. Esto me devuelve a mi peso habitual antes de pasar 15 dias en Madrid, incluyendo los pantagruelicos agapes navidenos, recibiendo los cuidados de mi abuela.

Hasta el momento en que tuve que encomendarme a la loperamida y a la pulsera del Gran Buda que aun conservo para no perder la silueta. Pero no puedo quejarme: mantener la solidez tanto tiempo, era todo un record.

Amo al Rey

El rey de Tailandia es objeto de enorme admiracion. Ha superado los 60 anyos de reinado (el que mas del mundo en ejercicio). Su imagen esta por todas partes, incluyendo monedas y billetes. Y hay una ley que prohibe pisar el dinero, para no pisar su efigie.

El domingo pasado, cuando paseabamos por el mercado dominical de Chiang Mai, comenzo a sonar por megafonia lo que intuyo era el himno tailandes. Todos nos quedamos de pie, quietos y en silencio, como el toque de corneta en un cuartel, pero sin mirar a la bandera.

Como soy previsor (todo el mundo lo sabe), hare un noble ejercicio de autocensura: “Amo al Rey”.

Cortando cocos (y los que le quedan)

Cortando cocos (y los que le quedan)

Chiang Rai

Chiang Rai en si, tiene poco interes. Tiene varios templos con Budas de tamano descomunal. Lo que mas me ha llamado la atencion es la Torre del Reloj: barroca, hortera, sobreornamentada, dorada, hortera… durante el dia. De noche, cualquier adjetivo se queda corto: tiene musica y luces que parpadean y cambian de color.

Torre del Reloj

Torre del Reloj

En Pai fui a un restaurante hebreo, y para compensar, he ido a uno musulman en Chiang Rai, para acabar comiendo lo de casi siempre, pero preparado de modo distinto: pollo con arroz “picante, pero muy poco” (segun la amable camarera, claro).

Junto a la Cueva de los Monos

Junto a la Cueva de los Monos

Con la criatura a cuestas

Con la criatura a cuestas

Jirafa ciclista

Jirafa ciclista

He conocido a Laura y nos hemos ido en coche privado con chofer (que hablaba perfecto tailandes) a recorrer varios sitios cercanos. Hemos estado en el Triangulo de Oro (donde se unen Myanmar, Laos y Tailandia), visitado tribus, incluyendo de nuevo mas mujeres jirafa…

Esto es para ver si sube la audiencia del blog: dicen que nunca falla

Esto es para ver si sube la audiencia del blog: dicen que nunca falla

Patri debe estar al caer. Y si todo va bien, manana salimos los 3 para Chian Khong, cruzar el Mekong hasta Huay Xai (Laos). Y en tan solo un par de dias mas en barco lento, plantarnos en Luang Prabang. Y si no va bien, pues el proximo post sera mas divertido que este.

Salut.