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Norte de Sulawesi

5 octubre 2009
Playa de Bunaken.

Playa de Bunaken.

A la llegada a Gorontalo me separé de los alemanes con los que viajé un par de semanas y me he reencontrado con otros viajeros que conocí anteriormente. En Gorontalo he consagrado casi todo mi tiempo a ponerme al día después de un par de semanas en que el mundo ha estado aislado de mí. He estado escribiendo artículos atrasados en el blog y pidiendo disculpas a todos los que me han abroncado por desaparecer sin avisar. Insisto en que yo no sabía que iba a estar tanto tiempo incomunicado y en que no lo volveré a hacer, de momento. Incluso mi acosadora adolescente de Rantepao, de quien creía haberme librado, me ha llamado y me ha preguntado por qué he tenido el móvil apagado tantos días. En Gorontalo me he vuelto a encontrar con los lujos propios del mundo occidental impensables días atrás. Tengo una habitación con electricidad y agua corriente las 24 horas del día, con ventilador y una ducha de esas en que cae el agua desde arriba. Lo malo es que al ser un lugar asfaltado, ya no puedo andar descalzo de modo ininterrumpido durante días y días.

Tomé un coche para ir a Manado, en el extremo noreste de esta isla de silueta tentacular. No creo que la forma de Sulawesi sea asimilable a nada que yo haya visto anteriormente. Este trayecto, de apenas nueve horas, es uno de los mas plácidos que he hecho en mucho tiempo. Viajaba con una familia musulmana, cuyas dos niñas estaban monísimas con su velo puesto. Para dejar de sufrir, tuvieron que dejar de presumir. Hacía tanto calor, que les quitaron el velo a ambas para que no se derritieran.

El norte de Sulawesi es la zona más desarrollada de la isla, y las carreteras son decentes. Durante el camino se ven con gran frecuencia grupos de personas, generalmente dos niños, agitando una caja a ambos lados de la carretera. Se trata de peticiones de donativos para construir una iglesia. Se ven muchos conductores que realizan donaciones, y muchas iglesias en construcción. Será por falta de cooperación, desconocimientos de las sinergias, o exceso de corrupción, pero no pronostico grandes avances en el futuro inmediato de la construcción. Hay pequeños pueblos que pueden llegar a tener hasta diez iglesias en construcción, cuando con el mismo trabajo, tiempo y dinero, podrían tener dos magníficas iglesias concluidas. La cara práctica, aunque ajena a cualquier política de riesgos laborales, es que no les importa celebrar misa en una iglesia a medio construir.

La primera impresión de Manado, por cuyos alrededores tengo previsto moverme durante una semana, es de una ciudad grande e inhóspita. Inmediatamente decido que me marcharé lo antes posible, aunque tenga que volver más adelante. El día de mi llegada veo un restaurante con aspecto guarro, pero poco, lleno de indonesios. Fue un acierto por la relación cantidad-precio de la comida, si bien el altavoz a todo volumen con la banda sonora del muecín llamando a la oración, resultaba incómoda, además de prescindible.

Fotografia del puerto de Manado tomada durante el proceso de negociacion.

Fotografía del puerto de Manado tomada durante el proceso de negociación.

A la mañana siguiente huyo a Bunaken. Voy al puerto de Manado y se me acercan numerosos indonesios con la intención de ayudarme a ir a Bunaken a buen precio (para ellos). Veo que es muy caro. Me alejo unos metros. Me siento a la sombra. Se me acerca otro amable indonesio con una oferta no tan buena. Rechazo la oferta con sonrisa hipócrita. Le digo que esperaré a que lleguen más incautos turistas con los que compartir barco y así poder rebajar el precio. Me dedico a leer sentado en un bordillo. Se me acercan dos más con una oferta que se encamina a lo razonable. La rechazo de nuevo. Paseo haciendo fotos por el mercado de los alrededores. Me persigue un indonesio ofreciéndome el precio que yo había dicho. Acepto. En tan solo 45 minutos deambulando sin rumbo conseguí cerrar la negociacion por el 40% de la oferta inicial.

Bunaken es una isla frente a las costas de Manado que se jacta de tener los mejores fondos marinos de las Célebes. Tiene numerosos arrecifes coralinos con enormes paredes que justifican el peregrinaje de muchos buceadores. Prácticamente todos los hoteles tienen su propio centro de buceo. La playa frente al hotel es una franja de arena rodeada de vegetación por la parte de tierra, y también por la parte del agua, donde los manglares impiden en gran parte la visibilidad. Frecuentemente hay zonas sin manglar por donde entran y salen los bañistas y los barcos, que quedan varados en la arena con la marea baja.

En Bunaken conocí a tres catalanes, Jose, Gemma y Eduard, expertos buceadores, con los que compartí una de las sesiones de buceo. Hablando de nuestros viajes, Gema hablo de un blog que había leído, y comentado con Eduard y Jose, que resultó ser este. Me resultó muy sorprendente encontrarme con fans míos, y claro está, ellos tampoco pensaron en que nos encontraríamos en persona.

Salut.

Bunaken: buceando con fans (yo soy el de la camiseta).

Bunaken: buceando con fans (yo soy el de la camiseta).

Crucero de infralujo

17 agosto 2009
Alrededores de la isla de Komodo.

Alrededores de la isla de Komodo.

Desde Senggigi contraté un viaje en barco para que me llevara hasta Labuanbajo, en la isla de Flores, en apenas 4 días. El primer debate surgió en la agencia donde contraté el viaje. Me estaban vendiendo un crucero de 4 días y 4 noches (sospechosa cantidad, cuando en España te cuelan viajes al Caribe de 9 días / 7 noches). Me decían que salía el día 13 de Senggigi, y llegaba el 16 a Labuanbajo:

– Señor agente de viajes, yo aquí cuento tres noches.
– No, no. Son cuatro.
– Oiga, que yo de esto de contar noches sé un rato, que he estado muchos años dedicándome profesionalmente a ello. E insisto: si salgo el 13 y llego el 16, son 3 noches.
– Bueno, es que eso de tres o cuatro noches depende del capitán. Igual llegas el 16 que el 17.

Conclusión: que el de la agencia no lo sabía. Por mi experiencia en Indonesia, las gentes del lugar consideran de mala educación no dar una respuesta cuando se les pregunta. Su reacción ante una pregunta puede ser:
A- Si saben la respuesta: contestar.
B- Si no saben la respuesta: contestar.

No responder, o responder “no lo sé”, o “espere que lo pregunto” no son posibilidades factibles. Esto hace que, con frecuencia, cuando uno pide indicaciones en las calles, pueda acabar por no llegar donde pretende.

Volviendo a la agencia de viajes. Ante la desconfianza que genera no saber cuándo llega uno a destino, lo lógico es no contratar el viaje, o contratarlo en un lugar donde a uno le informen mejor. Yo lo compre allí.

Cutreminibus con 18 personas a bordo, equipaje sobre el techo y pollos sobre el mataperros.

Cutreminibús con 18 personas a bordo, equipaje sobre el techo y pollos sobre el mataperros.

El día señalado me recogen en mi hotel en un cutreminibús en el que clavábamos las rodillas en la espalda del pasajero de delante. Dos horas más tarde de la hora convenida, estábamos todavía en la agencia de Senggigi. Nos dieron una somera explicación del itinerario del viaje y apuntamos y pagamos las bebidas extra que íbamos a consumir durante los siguientes días, ya que no hay posibilidad de reponer durante el camino. Estuvimos varias horas en el minibús para atravesar Lombok e ir al puerto de salida, al este de la isla. Hicimos varias paradas para avituallarnos y perder tiempo de modo inútil. Una parada para comprar fruta, otra para comprar bebida, otra para comprar pollos… Los pollos venían vivos y en sacos, y los dispusieron sobre el mataperros delantero, para que llegaran bien aireados a destino. Una vez llegamos a puerto, embarcamos y seguimos con nuestra estéril espera a bordo. Esta vez esperábamos a que el otro grupo, que iba en un barco similar al nuestro llegara, y así zarpar juntos.

A bordo éramos 15 turistas, de los cuales 9 eran holandeses. Afortunadamente, también había 2 españoles, Nacho y Begoña, los únicos menos jóvenes que yo de entre todo el pasaje. Constituyeron una valiosísima fuente de información para continuar el viaje y un pozo sin fondo de sabiduría viajera y anécdotas en general.

El barco mide unos 18 ó 20 metros de eslora, por unos 4 metros de manga, y es de poco calado para no chocar con el coral. Tiene una sentina donde dejamos el equipaje. En la parte de arriba hay un espacio cubierto por un toldo donde caben 12 finos colchones, y fue donde dormimos. Los otros 3 durmieron en cubierta, también tapados por un toldo. En cubierta hacíamos vida, charlando y comiendo en el suelo.

Pasamos la primera noche anclados junto a la isla de Bola. Al menos, eso nos dijeron, ya que llegamos y partimos de noche, y no vimos nada. El motor hace un ruido ensordecedor, así que dormimos como buenamente pudimos. Al viajar hacia el este, siempre veíamos amanecer por proa. Cuando amanecía, nos dimos un madrugador baño en la isla de Moyo, y después de desayunar buceamos (con tubo) y fuimos a ver una cascada. Hubo chapuzón desde lo alto de una roca y las típicas escenas de “me tiro, no me tiro” y “que no te atreves a saltar desde ahí arriba”. Después a la isla de Satonda, donde volvimos a bucear un rato. Buceando se ve una gran variedad de coral y de peces, prácticamente todos desconocidos para mí. Se ven Nemos, ostras, algun erizo, estrellas de mar… También peces de todos los colores y formas imaginables. No todos nadan grácilmente. Hay algunos que basculan a derecha e izquierda como las señoras ancianas en una piscina municipal. A veces desde el barco también se veían peces voladores, e incluso llegué a ver una enorme tortuga. Hay quien vio algún delfín.

La continuación del día no fue tan sencilla. Por la tarde, mientras seguíamos rodeando la isla de Sumbawa por el norte, el mar comenzo a encresparse. El barco se movía mucho, subiendo la proa y bajando de repente, unido a un desacompasado vaivén lateral. Hubo unos cuanos que comenzaron a sentirse indispuestos. Dudo que llegara a haber más de tres personas en el barco que no se marearan. Yo no estuve entre esos tres privilegiados. Hasta el punto de que cuando sirvieron la cena, casi todo el nasi goreng (arroz frito) volvió a cocina. Es la primera vez que me voy a dormir sin cenar desde la tragedia de Milán, en mayo de 2001.

El baño del barco consiste en un minúsculo habitáculo con un tigre que desemboca en el mar. La postura de acuclillado, tratando de hacer puntería, agarrándose a las cuatro paredes como el hombre araña e intentando no rebotar de una pared a otra como una pelota de squash, es algo que requiere mucho más que unas simples clases de yoga. Es imprescindible una conexión filosófico-ergonómica entre cerebro, alma y esfínter que no puede ser alcanzada de modo casual, sino que requiere años de preparación y experiencia. Resumiendo, que hice un meritorio ejercicio de contricción mientras duró la situación.

Antes de comenzar este crucero de infralujo por las procelosas aguas del mar de Flores, y vista la disposición de tipo viaje de fin de curso, imaginé que iba a haber mucha gente joven, que iba a circular la cerveza a mansalva y la fiesta hasta las tantas. Estaba equivocado. El estado del mar y el ruido del motor no invitaban ni a una pequeña conversación tranquila.

La navegación, y la fuerte marejada, continuaron durante la noche. Cuando me acosté tuve que gatear entre mis compañeros de viaje, ya que no había espacio entre colchones y no había altura suficiente para estar de pie. En un golpe de mar caí involuntariamente sobre una holandesa, que pareció menos molesta que su novio por el leve incidente. Finalmente alcancé mi colchón en la fila central del extremo de estribor. Desgraciadamente, el barco navegó toda la noche escorado hacia estribor, donde yo me encontraba. Trataré de describir la escena, digna de películas de Chaplin o de los hermanos Marx. El vaivén del barco hace que los objetos se deslicen. Por un lado tuve que compartir el espacio para los pies con otro holandés que también dormía a estribor. Por otra parte los colchones de mi fila, y sus ocupantes, se desplazaban hacia mí, llegando a estar tres personas, sin interés alguno en adquirirse ese tipo de acercamientos, donde debería haber dos. Y yo, contra la pared como un sello de correos. Para rematar, vi por la mañana que mi colchón se había convertido en almacén, ya que algunas mochilas también se habían desplazado hasta el cateto a estribor. Todo lo relatado en este párrafo sucedió siempre con el ensordecedor motor como banda sonora, y su consiguiente vibración.

Por la mañana, preguntamos a los tres que se acostaban en cubierta qué tal habían dormido. Ellos no habían sido aplastados ni aplastadores, pero habían recibido alguna que otra ola que subió a saludarles durante la noche.

Ante la isla de Komodo.

Ante la isla de Komodo.

Ante la bestia, pero a varios metros.

Ante la bestia, pero a varios metros.

El siguiente día y medio de travesía el mar estuvo mucho más calmado, casi en permanente marejadilla. Acabamos de rodear Sumbawa, y por fin llegamos a las islas de Komodo y Rinca. Aquí la gracia consiste en ver en libertad a los famosos dragones de Komodo, que son unos lagartijas de tamaño olímpico (vulgarmente gigantes reptiles varánidos). Los animalitos en cuestión pueden llegar a los 90 ó 100 kg. de peso y a los 3 metros de longitud. Se ven con relativa facilidad, tirados en el suelo como alfombras, o andando de modo lento y patoso. Sin embargo, son animales que pueden llegar a correr a más de 15 kilómetros por hora y ser tan agresivos como para cazar y comer un ciervo, un búfalo o una persona. Hicimos un pequeño paseo con guía por ambas islas y además de dragones de Komodo, vimos cacatúas, ciervos, cerdos salvajes, palomas de cola verde y pequeñas águilas de cabeza blanca.

Rinca: Dragon de Komodo.

Rinca: Dragón de Komodo.

Tras unos últimos baños y sesiones de buceo en algún que otro pequeño islote, arribamos al puerto de Labuanbajo, en Flores. En Labuanbajo estaban todos los hoteles llenos hasta la bandera, además de tener una infame relación calidad-precio. La primera noche en Labuanbajo (la cuarta noche fantasma que no aparecía por ningun lado al contratar en la agencia), la pasamos casi todos en el barco amarrado en el puerto. Y al día siguiente ya me alojé en un cuchitril en tierra firme.

Salut.

Buceando por los pecios balineses

28 julio 2009

AtardecerLovina

Me he encontrado nuevamente solo en Lovina, pero por poco tiempo. Volví a ver a Griselda y Samuel, con los que había coincidido fugazmente en Ubud días antes. Cuando nos encontramos, yo estaba sumido en la duda de qué hacer al día siguiente, en que tenía intención de marcharme de Lovina, y unos cuantos días más adelante. Es conocida mi actitud de no dejar nada al azar, y que soy alguien que no suele planificar las cosas día a día. A veces preveo una antelación de tres, cuatro días, o incluso una semana en casos extremos. En este caso, me ofrecieron la posibilidad de ir de acoplao al día siguiente a Amed, con un coche que habían alquilado. Tras pensarlo (no mucho, que lo de pensar no es mi fuerte), decidí ir con ellos.

Por el camino por la costa noreste de Bali, hicimos una parada para ver una cascada en Les (como la crucigramesca hermosa localidad del pirineo leridano). Tambien vi la otra cara del Gunung Agung, con laderas todavía más empinadas que las que vi desde la cara interior de la isla. Se ve perfectamente el trazado de las coladas de lava y la impresión de que todavía se está riendo de mí.

El Gunung Agung desde la costa de Amed.

El Gunung Agung desde la costa de Amed.

Amed, Tulamben, Jemeluk y los pueblos de alrededor son una zona de costa al este de Bali, que no es famosa por sus playas, de escasa calidad, sino por sus aguas, muy buenas para el buceo, con tubo y con bombonas. Fuimos a Aas, donde hay un pequeño pesquero japonés hundido junto a la costa, recubierto de coral y rodeado de peces de colores. Al estar junto a la costa, no está muy profundo, por lo que puede verse muy bien buceando con tubo desde la superficie.

Al regreso paramos en Tulamben, frente a cuyas costas estan los restos del Liberty. El Liberty es un barco estadounidense torpedeado por Japón durante la Segunda Guerra Mundial. El barco fue reflotado y toado hasta la costa balinesa. En los años sesenta, una erupción del Gunung Agung lo partió y lo volvio a hundir. Ya sabemos de qué parecía reirse el monte en cuestión.

Cuando nos estábamos pensando si nos metíamos de nuevo a bucear o no, el empecinamiento de Griselda nos convenció de que era lo mejor. Una vez visto el pecio en cuestión, comprobamos que valía la pena y que había sido un acierto. Si se bucea con tubo (mi caso) se ve una buena parte del barco. La mayor parte, hasta 120 metros de eslora, está más hundido y sólo se puede ver si se bucea con bombonas. El pecio está tan recubierto de coral, que en algunas ocasiones es difícil percibir su silueta. Y en este caso está rodeado de muchísimos más peces que el pesquerito japonés de Aas. Me crucé, (e incluso me metí en él), con un inmenso banco de atunes. Impresiona ver tantos peces y tan grandes mirándole a uno con esos enormes ojos y esa cara tan seria.

Después, regreso a Lovina, para al día siguiente ir a Ubud. Nada más llegar a Ubud me he encontrado con varias personas que ya conocía. Me encontré casualmente con Sabine, de la que no tenía noticias, ya que no nos habíamos pasado ningún medio de contacto. Estaba en un bar de la misma empresa de la escuela de yoga a la que fui, y hemos tomado algo juntos. Atención a lo que me he pedido yo. En el menú estaba escrito “bebida energética”, pero yo me he fijado, y era un zumo de piña, manzana, pepino y jengibre. El resultado era un líquido verde, que, como lo iba a pagar igual, me bebí hasta el último sorbo. Desde esta humilde plataforma pido que si alguien, algún día, me ve bebiendo eso en Valencia, me atice una piadosa colleja educativa al grito de “¿pero eso qué es lo que es!”, que sirva para enderezarme y devolverme a la senda de la rectitud.

Con energías renovadas a base de placebo, me dirijo ufano a recoger mi pasaporte, albergando la esperanza de que contenga un sellito que diga que me puedo quedar más tiempo en Indonesia. No pasa nada, estaba todo controlado, ya que aún me quedaba un margen de diez horas de permanencia legal en el país.

Ahora, ya con el sellito en cuestión, soy libre y estoy preparado para dar un pequeño saltito a otro lugar.

Salut.

Ofrendas en un templo de Ubud.

Ofrendas en un templo de Ubud.