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Kuala Lumpur

12 octubre 2009

Sky Train con Torres Petronas de fondo. Reflejada en el rascacielos, la Torre Kuala Lumpur.

Sky Train con Torres Petronas de fondo. Reflejada en el rascacielos, la Torre Kuala Lumpur.

Mi llegada a Kuala Lumpur fue alrededor de medianoche, tras casi cuatro horas de vuelo desde Manado. Teniendo en cuenta lo temprano que se levantan y acuestan en Indonesia, se trataba de horas intempestivas para mí. Afortunadamente, los trámites aduaneros en Malasia son rápidos y eficaces: concesión automática de visado gratuito por 90 días. Antes de añadir un nuevo tampón al pasaporte, fui escaneado térmicamente, para ver si tenía la gripe esa de la que nadie sabía nada cuando salí de Europa. Pese a alguna que otra recomendación en contra, decido ir a la ciudad nada más aterrizar. Para ello, necesito ringgits, la divisa malaya. Ningún problema, ya que todos sabemos que Malasia, tras Singapur, es el país más desarrollado del sudeste asiático. Sin embargo, tras cuatro cajeros automáticos fuera de servicio, decido cambiar los pocos cientos de miles de rupias indonesias que me quedaban en el bolsillo, para intentar llegar a la ciudad esa misma noche.

Malasia es un país de abrumadora mayoría musulmana. Por otra parte, es sabido que según los preceptos del islam, los bancos no deben cobrar intereses, y en general un banco islámico debe tener condiciones más benévolas para el cliente. Así que cambié en un banco islámico, con la candidez propia de quien cree que los bancos, como sucede con los notarios, no pretenden ganar dinero. Finalmente, consigo unos cuantos ringgits y dirigirme a la ciudad. En el autobús fui hablando con una pija vietnamita que se sentó a mi lado. En cuanto me confesó su admiración por Paris Hilton deseé con todas mis fuerzas que el trayecto finalizase cuanto antes. ¿Cuántas pijas debe haber en Vietnam? Encontrar una debe ser más difícil que encontrar una aguja en un pajar. Pero pronto, llegamos a la estación central de Kuala Lumpur, y de allí tomé un taxi. Primero discutí con el taxista porque no sabía llegar al hotel, pese a que inicialmente afirmó conocerlo. Nueva muestra de que en Asia la palabra “sí” carece de significado por sí misma. Después discutimos porque quería cobrarme más de lo pactado inicialmente. Pero finalmente, ya pasadas las dos de la madrugada, llegué a mi habitación, con relativa normalidad.

En el centro de la ciudad, donde me he alojado, se mezclan modestos bloques de apartamentos con modernos rascacielos. Es un lugar con cierta vida nocturna. También aparecen algunas sirenas, de esas que dicen “te quiero” si ven la cartera llena, como decía Fito. Se sabe que son sirenas porque tienen medio cuerpo de mujer. El otro medio, mejor que sea otro quien lo averigüe. En general, Kuala Lumpur es una ciudad muy occidental, con grandes avenidas, red de transporte público, incluyendo el Sky Train (monorrail elevado sobre pilares), muchos rascacielos y demasiados centros comerciales. Pese a ello, queda muy detrás de Singapur en muchos aspectos como limpieza, modernidad y, afortunadamente, precios.

Las Torres Petronas: mas largas que un dia sin pan.

Las Torres Petronas: mas largas que un día sin pan.


Las Torres Petronas

Actualmente, el gran emblema de la ciudad son las Torres Petronas. El edificio más alto del mundo en el momento de su construcción, a finales de los años noventa del siglo pasado. Mide ni más ni menos que nueve Migueletes. Según la fuente de información que se consulte, ahora es el cuarto o quinto edificio del mundo en altura. Hoy se vanaglorian de ser las torres gemelas más altas del planeta. Pese a que tiene 88 plantas, sólo se permite el acceso hasta la planta 41, donde está el puente que une ambas torres.

Aproveché una mañana soleada para ir a visitar las Torres Petronas. Me levanté bien temprano para plantarme en la taquilla media hora antes de que abriera, ya que me había enterado, como buen listillo, de que a primera hora se dan un número limitado de entradas gratuitas. Cuando llegué, había un enorme numero de listillos alineados en zigzag, como quien espera subir a la atracción de moda en un parque temático. Tras algo más de una hora de pie haciendo cola, consigo uno de esos pases gratuitos para listillos. Primero, nos aburrieron con una visita a la exposición y luego con una autocomplaciente proyección. Recordemos que Petronas es una empresa petrolera. Finalmente llega el momento deseado. Subimos en un ascensor supersónico (o quizá no tanto) hasta la planta 41, y llegamos a la pasarela entre ambas torres para divisar el paisaje urbano malayo y obtener inolvidables fotos con las que aburrir a los amigos.

Había niebla y llovía a mares.

Plano cerrado bajo el cerrado cielo de Kuala Lumpur, obtenido desde la pasarela de las Torres Petronas.

Plano cerrado bajo el cerrado cielo de Kuala Lumpur, obtenido desde la pasarela de las Torres Petronas.


Con cierta desilusión, saqué alguna que otra foto de lo poco que se veía, y diez minutos más tarde salimos de allí, que llegaba el siguiente grupo. Lo malo de entrar sin pagar entrada, es que no se puede pedir la devolución importe en caso de no quedar satisfecho. Así que ya sabéis: a partir de ahora, pagad por todo. Ahí va un ejemplo a modo de sugerencia: por leer este blog (y si cuela, cuela).

Por supuesto, cuando bajé a tierra ya no llovía. Y poco después salió el Sol.

Salut.

Kuala Lumpur: Ojo al bolso!

Kuala Lumpur: ¡Ojo al bolso!