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Las paradisiacas islas Togean

1 octubre 2009
Atardecer en el embarcadero de Malenge.

Atardecer en el embarcadero de Malenge.

Las Togean constituyen un archipiélago de pequeñas islas en el golfo de Tomini, ligeramente al sur del Ecuador. Se trata de un lugar paradisiaco, conservado todavía razonablemente bien, gracias a que es relativamente complicado acceder a ellas y a que a nadie se le ha ocurrido todavía plantar un hotelazo aquí. O lo que es lo mismo, pero dicho con palabras de sesudo estudio realizado por una universidad: “La planta hotelera media de las islas Togean es de una calidad cutresalchichera“. En las Togean están algunos de los mejores arrecifes de coral de Indonesia, y en gran medida los hoteles viven del buceo. Además no hay cobertura, con lo que queda aparcado el tema del acoso telefónico al que me sometía la colegiala de Rantepao.

Pez leon en Fadhila.

Pez león en Fadhila.

La mayoría de islas son muy pequeñas y están desiertas. Hay algunas pequeñas poblaciones, generalmente asentadas parcialmente sobre tierra y parcialmente sobre pilares en el mar. Las habitaciones en las que me he alojado estaban a una distancia de entre 5 y 25 metros del mar, en gran parte dependiendo de la marea. Esto no supone ningún problema para dormir, ya que el mar es extraordinariamente tranquilo en este lugar.

La rutina diaria ha consistido en un sinfín de variadas actividades como baño madrugador, desayuno, baño matutino, buceo, comer pescado con arroz, lectura, siesta, baño vespertino, lectura, fotos del atardecer, cenar arroz con pescado, charla, partida de backgammon o cartas, baño nocturno y a dormir. Y así un día tras otro. En definitiva, una agenda tan cargada como la de un ministro.

Toma cangrejo!

¡Toma cangrejo!

Buceando se ve una gran variedad de tipos de coral y otra fauna marina. Se ven muchísimas estrellas de mar, y algunos peces león y nemos, por ejemplo. En la orilla se ven unos peces que saltan de la arena al agua y viceversa, y muchísimos cangrejos. Entre los cangrejos esta el curioso caso de los cangrejos okupas. (Quizá ese no sea su nombre científico exacto). Viven dentro de conchas de caracol y a medida que van creciendo, van cambiando a otras de mayor tamaño. Algo similar a la estrategia del caracol, de la homónima pelicula colombiana de los noventa. Algunas playas están infestadas de este tipo de cangrejo. Si bien el tipo de cangrejo más conocido de las Togean, pese a tratarse de una especie en peligro de extinción, son los cangrejos de los cocoteros. Pueden alcanzar los cinco kilogramos de peso, y llegar a tener pinzas capaces de amputar una mano a una persona (o eso dicen), siendo los mayores artrópodos terrestres del mundo. Eso de los artrópodos no tengo ni idea de qué es, pero lo he leído en la guía y he pensado que quedaba bien escribirlo. El único que conseguí ver era bastante menor, pero no se me ocurrió acercarle el dedito para ver qué pasaba. Para acabar con los animalitos, una noche recibí en mi habitación la visita de un maldito roedor que intentó robarme los cacahuetes que tenía junto a la cama. Me habían advertido de que colgara la comida, pero ese día me despisté, y ya se sabe que los ratones no perdonan.

Un par de cangrejos ocupas en mi mano.

Un par de cangrejos okupas en mi mano.

En las Togean abunda un tipo de plancton que brilla en la oscuridad al mover el agua. Aunque me consta que existe en algún que otro punto del Mediterráneo, yo nunca lo había encontrado antes, así que no tuve más remedio que probarlo, para poder rellenar un parrafito de mi blog. Una noche estuve buceando rodeado de ese plancton. Se ve la imagen, en plena oscuridad, de un montón de chispas que conforman entre todas la silueta de un nadador, como si fuera un superhéroe cósmico viajando por los confines del universo. Como verse a uno mismo es complicado, lo más espectacular es bucear con más gente y contemplar los movimientos de los demás.

Apenas le hice la foto, salto de mi mano.

Apenas le hice la foto, saltó de mi mano.

Desde Wakai, nuestro puerto de llegada a las Togean, fuimos inmediatamente a otra isla llamada Kadidiri, donde hay tres hotelitos en una pequeña franja de playa. En Kadidiri me alojé en el que probablemente sea el mejor hotel de las islas. Allí cada día era diferente: uno sin electricidad, otro sin agua corriente…

Se me ocurrió inscribirme en un curso de buceo, ya que me encontraba en un lugar ideal para ello. Tras una primera introducción más o menos exitosa, no me acabé de sentir a gusto, y decidí no continuar, y mantenerme en el buceo con tubo por la superficie, como había venido haciendo hasta ahora.

Atardecer en el embarcadero de Malenge.

Atardecer en el embarcadero de Malenge.

De la isla de Kadidiri, pasé a la de Fadhila. Desde Fadhila, que queda frente a la poblacion de Katupat, contratamos una excursión en que estuvimos buceando en un par de atolones. En un caso por la cara externa y en el otro dentro de la laguna interior. Después comimos en otro islote, en una playita sólo accesible por mar. Y desde la isla de Fadhila a la de Malenge, permaneciendo en total unos diez días en estas pequeñas islas.

Islote Papan y pueblo bajo desde nuestra playita.

Islote Patan y pueblo bajo desde nuestra playita.

En Malenge nos alojamos en unas pequeñas cabañas, también junto a la playa. En realidad, aquí no hay nada lejos de la playa. Desde la hamaca del porche se ve el pequeño cementerio de la explanada frontal y el islote Patan. Este islote está ocupado por un pueblo bajo. No se trata de una población de menor estatura, como parece indicar la palabra. Los bajo, son también llamados los gitanos del mar o los nómadas del mar. Viven principalmente en casas sobre pilares en la orilla, y hasta hace poco eran auténticos nómadas que trasladaban sus barcos segun las inclemencias climáticas o políticas. En este caso concreto hay una pasarela que une la parte del pueblo que hay en el islote con la que hay en tierra firme. Visitamos ambas partes y fuimos recibidos con entusiasmo por niños y señoras que querían que les hiciéramos fotos. También insistieron en enseñarnos un cocodrilo que tenían en la parte trasera de la casa. Para demostrarnos su fiereza, lo azuzaban con un garrote que partió de un certero golpe de mandíbula.

Cocodrilo acosado.

Cocodrilo acosado.

Salir de las islas Togean, al igual que llegar a ellas, o desplazarse entre las mismas, puede ser complicado. Confiamos en poder tomar el barco público semanal que nos debía llevar desde Malenge a Gorontalo en apenas 12 horas. Este barco es seis veces más barato y tres veces más lento que uno privado (si se consigue suficiente gente para llenar el privado). Según mi guía los barcos a Gorontalo salen los miércoles. Según informaciones más recientes de otros viajeros, sale los sábados. En las Togean nos dijeron que sale los lunes. Casualidad o no, el lunes tomé un barco de madera desde Malenge a Gorontalo, con parada en Dolong. En el barco había camarotes, cuya reserva descarté, ya que calculo que a duras penas cabía en las literas en posición fetal. En otra zona del barco había dispuestas numerosas colchonetas, demasiado estrechas y cortas para un occidental, alineadas una tras otra en dos alturas. Aquello parecía un horno con dos bandejas: todos tumbados de modo casi superpuesto, con un calor terrible y bien ahumado, que los indonesios no se privan de fumar en ningún sitio. Los siete turistas que íbamos a bordo dormimos tendidos sobre la cubierta de madera. De este modo tan romántico es como atravesé la línea del Ecuador por mar, contemplando el cielo estrellado desde la proa de un bajel, acaricicado por la brisa marina. Desde ese mismo lugar vimos despuntar los primeros haces de luz solar tras las montañas que se alzan a espaldas de Gorontalo, nuestro destino final, ya en el norte de Sulawesi.

Salut.

Camartore de proa al amanecer: en ese huequecito fue en el que dormí.

Camarote de proa al amanecer: en ese huequecito fue en el que dormí.

De Rantepao a las islas Togean por Sulawesi Central

30 septiembre 2009
Nuestro bus de Rantepao a Tentena. Reubicacion de la carga.
Nuestro bus de Rantepao a Tentena. Reubicación de la carga.

Tras más de una semana en Tana Toraja, llega el momento de abandonar Rantepao y seguir ruta hacia el norte. Para ir de Rantepao a las islas Togean, hay que atravesar Sulawesi Central, una región mayoritariamente musulmana y azotada por el terrorismo en los últimos años. Además hay que tener en cuenta que nos encontramos en los últimos dias de Ramadán, y durante el Idul Fitri es más difícil viajar por el gran aumento del número de desplazamientos entre los musulmanes. Sigo el viaje con dos de los tres alemanes con los que hice el trekking, dirigiéndome inicialmente hacia Tentena. El trayecto se preveía de once horas, así que nos armamos de paciencia y no nos confiamos, pese a que había muchas plazas libres al principio. Mi asiento es demasiado estrecho para mí, y casi para cualquier occidental, pero como los indonesios son pequeños, supongo que a mi compañero de viaje no le importará que le invada ligeramente su asiento. El bus se fue llenando con tan mala fortuna, que a mi lado se sentó una señora de oronda silueta que me oprimía cruelmente contra la ventanilla y que al mismo tiempo rebosaba lorzas por el lado del pasillo. Para colmo, llevaba un montón de trastos que dispuso en el suelo, y un bebé. Hubo un momento en el que la señora colgó una sábana del riel central del bus, la ató como un hatillo y dejó que el bebé se balanceara a merced del vaivén generado por las numerosas curvas de la caprichosa orografía de las Célebes.

Detalle interior de nuestro bus de Rantepao a Tentena. Lo que cuelga es el bebe durmiente, mientras la madre esta en el bar.
Detalle interior de nuestro bus de Rantepao a Tentena. Lo que cuelga es el bebé durmiente, mientras la madre está en el bar.

En este trayecto, partiendo de las montañas, llegamos al mar (por primera vez en dos semanas, pese a estar en una isla), volvimos a las montañas y finalizamos a orillas del lago Poso, en Tentena, trece horas después de salir de Rantepao.

Tentena, al igual que Pendolo, Poso y Ampana, son las paradas lógicas antes de llegar a las Togean desde Rantepao. Generalmente, los turistas pasan lo más rápido que pueden por estos lugares. Eso no es ninguna garantía de rapidez, ya que suelen ser entre dos y tres días de trayecto. En nuestro caso prolongamos una noche más nuestra estancia en Tentena. Tras dar varios palos de ciego, acabamos contratando un conductor que nos paseó por los alrededores de Tentena.

Primero fuimos a Salopa, un conjunto de cascadas que entre todas suman más de trescientos metros de desnivel. Remontamos gran parte del recorrido por tierra y nos dimos un baño relativamente fresco, considerando las latitudes ecuatoriales en que nos encontramos. La otra parada fue en una playa del lago Poso. El lago Poso, a unos 600 metros sobre el nivel del mar, y rodeado de orquídeas, es uno de los mayores de Indonesia, y hay lugares donde no se divisa la orilla opuesta.

Al día siguiente pretendíamos dormir en Ampana, que es el puerto más cercano a las islas Togean. El tramo entre Tentena y Poso apenas duró un par de horas estrujados en un todoterreno. Nos depositaron a las afueras de Poso, en un lugar con aspecto de abandonado, que resultó ser la estación de autobuses. No había un solo autocar, y casi todos los puestos estaban cerrados por ser fin de Ramadán. Nos juntamos con una pareja de turistas alemanes que habían llegado antes, y comenzamos a debatir nuestras perspectivas poco halagüeñas de continuación de viaje. El alemán, que resultó no ser alemán, sino toledano, llevaba ya un rato negociando la posibilidad de fletar un coche hasta Ampana, dado que apenas había buses y todos iban llenos por el Idul Fitri. Mientras negociaban, aproveché para ir a Poso a un cajero automático, ya que según mis informaciones, ni en Tentena, ni en Ampana, y mucho menos en las Togean, hay cajero automático alguno (o si lo hay, como sucede en Ampana, sólo acepta tarjetas indonesias). Cuando regreso a la estación de autobuses fantasma, siendo pentamillonario en rupias por lo que pueda pasar, apenas ha cambiado nada. Hay dos alemanes más que quieren ir a Ampana, con lo que somos ya siete los turistas colgados, y la negociación sigue atascada. Una hora y media después de nuestra llegada, vislumbramos la luz en forma de acuerdo, y estábamos dispuestos para partir. En realidad nosotros estábamos preparados, pero no el vehículo, que llegó dos horas y media más tarde. Así que, cuatro horas después de llegar a la estación de autobuses, conseguimos partir. Durante el camino de Poso a Ampana, ya de noche, vimos muchas casas con cirios encendidos a las puertas, otra de las costumbres de fin de Ramadán. Y once horas después de salir de Tentena, llegamos a Ampana.

En Ampana estuvimos el tiempo justo para ver algo poco habitual. El primer semáforo que he visto en las tres últimas semanas. Nos alojamos en un hotel lleno de cucarachas y regentado por musulmanes que no nos dieron de desayunar porque estabámos de Ramadán. Mientras, sigo recibiendo mensajes de la adolescente de Rantepao. Entrar y salir de las islas Togean puede llegar a ser complicado. Conseguimos de carambola encontrar un barquichuelo de madera que nos llevara a las Togean en un trayecto que debía durar entre tres y cinco horas. Mientras estábamos cargando el equipaje, vimos un grupo de delfines saltando no muy lejos de la orilla. Tras el retraso de rigor, zarpamos y poco más de cinco horas después atracamos en Wakai, que es lo más parecido a un puerto que hay en las Togean. Poco antes de llegar, ya frente a las costas de las islas Togean, hubo otro grupo de delfines que nos acompañó durante unos minutos nadando y saltando junto a la proa del barco.

Salut.

Barquichuelo en el que llegamos a las islas Togean.

Barquichuelo en el que llegamos a las islas Togean.