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La vieja York

20 octubre 2009
La catedral de York: The Minster.

La catedral de York: The Minster.

La primera noche en suelo europeo fue corta. Demasiado corta. El jet lag no me ha tratado bien y he estado despierto desde bajas horas de la madrugada. Pese a ello, hay que ser fuertes y seguir en movimiento. Tomé el metro, calculando que había pagado por seis paradas aproximadamente el mismo importe que pagué en India por recorrer más de 500 kilómetros en tren. Corrijo: por cinco paradas. Nada más subir al metro, avisaron por megafonía de que no íbamos a parar en King’s Cross – Saint Pancras, que era mi destino, a causa de un incendio. Bajé en la parada anterior y recorrí a pie el último tramo. Una vez en King’s Cross emití mis billetes (reservados por internet desde Indonesia) en un expendedor automático y me subí a un larguísimo tren con destino a Escocia, con la intención de llegar sólo hasta York. Del incendio, nunca más se supo.
 
Una vez en el tren, me di cuenta de que había reservado en el “quiet coach” (vagón tranquilo, o vagón silencioso), donde se supone que no debe haber apenas sonido alguno. Pese a ello, hay megafonía. Las normas respecto al silencio son mayoritariamente respetadas. No sólo son silenciosos, sino que además los trenes no van ultrallenos, superllenos, ni siquiera llenos como en Asia. En los pasillos no hay objetos ni personas yaciendo, y las puertas y ventanas van cerradas cuando el tren está en marcha. Igualito que en Asia.
 
Una vez en York, me reencontré con Eli y Craig, y conocí a Tom, que ya tiene 13 meses. Es muy reconfortante encontrarse con amigos a los que uno hace tiempo que no ve. Durante el viaje he conocido mucha gente con quien comparto un presente muy interesante, pero el volver a encontrarse con amigos supone además reencontrarse con un pasado con el que uno necesita cruzarse de cuando en cuando. Esperemos que no vuelvan a pasar casi tres años hasta que nos volvamos a ver.

Paseando con Tom por York.

Paseando con Tom por York.

 
En los días que he pasado con Eli y familia en York, he recibido tratamientos y honores a los que ya no estaba acostumbrado. Además he continuado con mi gradual adaptación a occidente, empezando por vivir en una casa, no en un hotel. Aquí las casas están limpias. Muy limpias. Las puertas y ventanas cierran bien. Hay varios enchufes en cada habitación y además funcionan todos. También funcionan todos los grifos y hay agua fría (muy fría) y caliente (muy caliente), independientemente de la temperatura ambiente. Creo que me podré adaptar.
 

The Eye of York.

The Eye of York.

Por primera vez en nueve meses me he vestido con unos pantalones vaqueros y un jersey de lana. También por primera vez en este tiempo he tomado un vaso entero de leche, he comido jamón serrano y bebido una copa de vino. El reencuentro con el queso también ha sido de lo más emotivo, aunque gracias al excelente queso de yak nepalí, no había pasado tanto tiempo sin catarlo. Cada vez estoy más convencido de que me voy a adaptar.
 
Un reencuentro menos emotivo ha sido el que he tenido con las temperaturas invernales y el cielo encapotado. York, al igual que todas las ciudades de Inglaterra, subyace bajo una eterna capa de nubes que constantemente amenazan lluvia. A veces cumplen la amenaza, y a veces escampa y sale el sol. En la vieja York, el edificio que destaca entre todos los demás y hace distinguible su silueta es la catedral, a la que aquí llaman The Minster. La ciudad no es comparable a Londres. En realidad, ninguna ciudad británica lo es, hasta el punto que muchas veces se dice que Londres no es Inglaterra. York tiene un pequeño centro histórico interesante y globalmente como ciudad es mucho menor y más tranquila. No voy a seguir hablando de York, ya que he de reconocer que me está costando una barbaridad cumplir lo propuesto: hablar de York sin hacer ninguna gracia sobre el jamón. Mejor lo dejo aquí, que si no, acabaré sucumbiendo a la tentación.
 
Salut.

York: casa estilo Tudor.

York: casa estilo Tudor.